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Carlos Silva Koppel

Aprendiendo a perder con la ex ministra Romo

30 de noviembre de 2020 00:00

Si no se sabe perder, no se sabe dar.

Se supone que las instituciones deben funcionar para que luego de comicios presidenciales, no haya dudas sobre quién es el ganador. En un país como Estados Unidos, sabemos que no habrán “apagones informáticos” tal como se cree sucede en Latinoamérica, específicamente en Venezuela o en los países donde gobernaron políticos con el deseo infantil y tirano, de tener siempre el poder. Es el actual ejemplo de Donald Trump.

Los ecuatorianos lo vimos alguna vez en antiguas elecciones, cuando políticos no aceptaban el triunfo de su contrincante. Aunque acá la situación se desarrollaba de forma distinta, cuando presuntamente el régimen anterior tenía tomadas las instituciones, entre aquellas, la electoral.

¿Por tal motivo es el rencor al Presidente actual por parte de grupos afines al correísmo? Le llaman traidor, cuando a lo mucho, nos salvó de que siga el desfalque. Uno tras otro cayeron los responsables de delitos cometidos en los 10 años que tuvimos que chupar un caramelo con veneno. Es bastante ya para un Gobierno como el de Lenín Moreno, lleno de errores y pocos aciertos, pero ¿qué esperaban de este híbrido producto de que quienes eran “piezas clave” estén prófugas, asiladas, presas o sentenciadas? Además, ¿qué más se podía hacer con un país quebrado?

La verdad es que no importa quién gobierne, lo importante es la alternancia. Derechas o Izquierdas, bienvenidas sean, siempre y cuando por decencia cumplan su ciclo y se vayan a la casa.

¿Cómo liberarse del hambre feroz e insensata, pueril, pero a la vez perversa, de anquilosarse en el poder?

No defiendo ni idolatro a nadie, sin embargo, fue contundente la intervención de María Paula Romo en su juicio político, que aceptando su derrota, derrumbó el mito de su supuesta tiranía.

Se defendió sin falacias y sin hinchada de estadio dentro de la Asamblea. Se defendió ante legisladores con el 2% de aprobación nacional.

Perder con la frente en alto, es su condecoración y si es culpable de algún delito, con el tiempo se verá. Mientras tanto sigue en el país: ni prófuga, ni asilada, ni presa, ni sentenciada.