Aplausos desde el balcón

- 30 de marzo de 2020 - 00:00

Ese día mi mamá se sentía desamparada en Solca. Una desconocida vestida de blanco la tomó del brazo para darle consuelo y a partir de ese momento estuvo pendiente de ella incluso cuando ya no podía ir al hospital. Nunca supe cómo agradecerle porque, entre otras cosas, no lograba descifrar la naturaleza de su generosidad.

Creo que hoy entiendo: se llama empatía. Procurar con afecto el bienestar ajeno de manera espontánea, incluso a costo del sacrificio propio. Una cosa es ser un profesional enamorado del oficio y otra es dar un paso al frente cuando nadie más lo da.

De esa madera está hecha Karla Morales, la joven abogada guayaquileña que tocaba puertas y sanaba heridas tras el terremoto de 2016 y que ha vuelto a mostrar el camino en este 2020. Es verdad que vivimos en un país solidario, pero la buena voluntad se diluye sin dirección y logística.

No son solo los miles de máscaras y raciones de comida entregados a nuestros guerreros de primera línea, ni el inmenso poder de convocatoria para sumar esfuerzos. Creo que su mayor aporte es inspirar a una sociedad (o al menos a una generación) aletargada por la dependencia del aparato político.

Es entender que, así como el personal desplegado en calles y hospitales halla fuerzas para seguir, la sociedad debe cuidarles las espaldas sin descanso. Es una lección de reciprocidad cívica. Si aprendemos a ser solidarios en la tragedia, seremos ciudadanos más proactivos tras la emergencia.

En esta era de cinismos, uno miente, otra invoca al golpe de Estado y otra exige que la gente no se queje y que se aísle a Guayaquil. Necesitamos más personas que, como Karla, se armen de una ética de trabajo opuesta a los antivalores que nos postergan.

Aplausos para ti Karla y para todos los arquitectos que diseñan esta nueva consciencia de participación colectiva. Aplausos de pie para los trabajadores sanitarios y los uniformados por darnos una lección de valentía y responsabilidad. Una ovación para los sacrificados empleados de supermercados, farmacias y gasolineras. Un abrazo lleno de admiración para mis colegas periodistas entregados a la comunidad. Y eternas gracias a usted Lcda. Jacqueline Muzzio por su inagotable compasión.

Todos ustedes toman del brazo a un país confundido que necesita consuelo y guía. (O)

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