Columnista invitado

Anthony Scaramucci, 5 errores fatales no permitidos a un jefe de comunicaciones

- 05 de agosto de 2017 - 00:00

Anthony Scaramucci, del corazón de Wall Street a la candela de la política de Washington, fue un director de comunicaciones sin experiencia política que había aparecido como un ‘salvador’ que vendría a rescatar la relación entre esta Administración Trump y la prensa, si es que alguna vez hubo una relación, puesto que la tensión surgió en la campaña electoral donde la prensa contraria al presidente fue catalogada como ‘fake news’.

Sarah Huckabee Sanders, nueva secretaria de prensa de la Casa Blanca, dio un mensaje el lunes: “Anthony Scaramucci dejará su cargo como director de Comunicaciones de la Casa Blanca. El Sr. Scaramucci consideró que era mejor darle al jefe de Gabinete, John Kelly, una pizarra limpia y la capacidad de construir su propio equipo. Le deseamos todo lo mejor”. Entiendo que las razones pueden ser otras, ya que Scaramucci era el borrador nuevo de esa pizarra sucia.

A continuación, vamos a analizar los 5 errores imperdonables que Anthony Scaramucci cometió en 11 días como Director de Comunicaciones de la Presidencia y que ningún director de comunicaciones debería cometer en ningún nivel político, ya sea federal, provincial o local.

1. Cinismo exagerado, ‘love, love and love’: El estilo muy frontal de Sean Spicer había sido motivo para una parodia en el programa Saturday Night Live, la personificación de Melissa McCarthy logró un récord de teleaudiencia. Se le consideraba directo y un tanto agresivo a la hora de interactuar con los periodistas que cubren la fuente de la casa de gobierno. En cambio, cuando Anthony Scaramucci hizo su debut, parecía más bien una conferencia motivacional de desarrollo personal. El nuevo director de comunicaciones utilizó la palabra ‘amor’ en todos los tiempos verbales.

2. Insultos a su equipo. Algo que no debe suceder, nunca en la primera semana: “Es un jodido paranoico y esquizofrénico”, este tan solo fue uno de los insultos con los que Scaramucci llegó encendiendo la casa del número 1600 de la avenida Pensilvania. La persona tildada de esquizofrénica por Scaramucci fue el jefe de personal, Reince Priebus. ¡Se perdió el respeto!

3. Amenazas: “Lo que voy hacer es que voy a eliminar a todos los del equipo de comunicaciones y empezar otra vez”. ¿Director de comunicaciones, investigador o inquisidor? ‘The Mooch’ -como le llaman-  vino dispuesto a limpiar la casa. El sentido común se perdió cuando Scaramucci escribe un tuit envenenado etiquetando a su jefe superior, Priebus, donde también involucra la cuenta de Twitter de FBI.

4. Lenguaje colorido, un término que sustituye lo vulgar: Como si fuera la película de El Padrino, Scaramucci quiso poner su sello desde el primer día imponiendo el respeto a través del terror, lo que no necesariamente se traduce en respeto, sino en miedo. Tanto con sus amenazas como con su lenguaje soez, Scaramucci por 11 días dirigió su oficina al estilo clásico de la mafia italiana, ejerciendo un control férreo que se tradujo en un terremoto que se llevó todo lo que encontró en su camino, incluyendo a Sean Spicer en la entrada.

5. Nunca acaparar más cámaras y atención que el propio presidente. Es jugar con fuego: Aquí no hay mucho de qué hablar, solo hay que aplicar el sentido común para darnos cuenta de que una persona que es llamada para manejar y eliminar crisis no debe ser una fuente de escándalos y controversia. En menos de dos semanas, ‘The Mooch’ acaparó más atención y cámaras que el presidente mismo.

Conclusión: A Trump le luce su lenguaje incendiario; bueno, nos hemos acostumbrado porque es el presidente y nadie cambiará eso, al menos no todavía. Esa fórmula franca y directa no le funciona a Scaramucci y debemos recordarle la primera de Las 48 Leyes del Poder, de Robert Greene: “Nunca le haga sombra al jefe”. (O)

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