Volver los ojos a lo ancestral

- 15 de septiembre de 2018 - 00:00

El pensamiento ancestral considera al tiempo como cíclico, no lineal como la cultura de occidente.  Hay ciclos cortos como el día y la noche, intermedios como el lunar, más largos como el anual de cuatro períodos de vida de la Pacha Mama, que corresponden al florecimiento de las plantas con el que se inicia el año (21 de marzo), la cosecha en el verano (21 de junio), período de siembra (21 de septiembre), aporcamiento o cuidado de la planta (21 de diciembre).  Y están los ciclos vitales de padres, hijos y nietos.  Como están los ciclos cósmicos más largos de la vida de los pueblos.  El futuro del tiempo para ellos viene desde atrás, por la espalda y se lo puede mirar de frente en el pasado por medio de los recuerdos.

La cultura occidental está volviendo los ojos al pensamiento ancestral y a sus vivencias, sus conocimientos, prácticas y actitudes afectivas frente a la vida.  Así hoy se valora la seguridad y soberanía alimentaria de los productos naturales (sin sustancias extrañas para preservarlas, acelerar su producción o agrandar sus frutos) como el agua natural, las frutas, los granos, las verduras.  Y los jóvenes se juntan para amarse e incluso para vivir en pareja sin permiso de nadie como lo hicieron siempre los indígenas andinos y sin ritos e intervenciones de la Iglesia.  Mediante el apoyo de la tecnología del internet se regresa al manejo ancestral del tiempo de trabajo que no contemple la esclavitud de los horarios o el trabajo de once meses con el premio del mes de vacaciones, porque el tiempo ancestral del trabajo es mezcla de aspectos lúdicos y de producción colectiva.

 La cultura occidental está volviendo los ojos a la vida sana y colectiva, complementaria y correspondiente de las partes con el todo, vida solidaria y armónica entre los seres humanos y con la naturaleza, sin hegemonías ni subyugaciones, alejada del consumismo. (O)