América Latina en la encrucijada

- 16 de enero de 2019 - 00:00

Desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959) la derecha continental, liderada por los gobiernos de EE.UU. y los órganos represivos y de dominación que controla (CIA, AID, SIP, la OEA del traidor Almagro, FMI, etc.) no han cesado en su intento de frenar la lucha de los pueblos por su liberación y la independencia de los países.

Ha hecho de todo. Crearon la Alianza para el Progreso (1962), aislamiento y bloqueo criminal de Cuba; represión sangrienta con dictaduras militares (Pinochet, Videla, Barrientos, Garrastazú, entre otros criminales), invasiones (Nicaragua, Cuba, República Dominicana, Granada, Panamá) y golpes de Estado, asesinato de presidentes, (Allende, Torrijos, Roldós), políticas económicas neoliberales, controles financieros y comerciales ultraexplotativos (desplome de precios del petróleo y otras materias primas), convirtieron la región en la más inequitativa y endeudada del mundo.

Los pueblos han resistido, han salido victoriosos, han elegido gobiernos progresistas que han realizado cambios importantes. El viejo poder oligárquico fue golpeado fuertemente; los procesos de integración solidaria se profundizaron.

Por ello, la derecha se reconstituye; con su plan continental de restauración conservadora. Su agenda es agresiva. Los pueblos resisten la acción oligárquica imperialista que en varios países se ha expresado con violencia.

Vinculada al capital financiero, en su insaciable afán de explotación y lucro, solo tiene una propuesta: más explotación laboral, políticas de ajuste del FMI, salvatajes bancarios, “libre” comercio, “libre” mercado, zonas francas, inversión extranjera indiscriminada, soberanía de papel, más ganancias, cero tributación para los poderosos y reducción del gasto social.

No hay posibilidades de acuerdos serios, sostenibles, menos de unidad para consolidar las débiles democracias. La derecha quiere barrer las conquistas logradas en el campo social, soberanía, integración y la gestación de un auténtico poder popular.

Las fuerzas progresistas tienen el deber histórico de mejorar su organización, alcanzar la unidad, ampliar su acción con sentido democrático, para frenar la ofensiva y derrotarla. (O)