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Ecuador/Mar.7/Dic/2021

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Esteban Ávila

Álex Quiñónez viene volando

24 de octubre de 2021 00:30

Muchos golpes venía sufriendo Álex Quiñónez. Primero, la sanción de la Agencia Mundial Antidopaje. No consumió nada, el castigo fue por no cumplir con procesos administrativos relacionados con la toma de pruebas previas a los últimos Juegos Olímpicos. Luego, el fracaso de la medida cautelar, que buscó en el Tribunal de Arbitraje Deportivo su participación en la cita de Tokio 2020, remató su dolor.

Esta ausencia le significó quedar fuera del Plan de Alto Rendimiento, aquel que algunos critican desde la ignorancia y la politiquería, pero que influyó en la mejor participación olímpica de la historia. Era un Álex que debía volver a empezar, y no iba a ser la primera vez.

Después de Londres 2012, cuando apareció en la élite de la velocidad mundial, Álex fue perdiendo vínculo con el deporte. Parecía que había sido la flor de un solo día, al punto que debió ganarse la vida en otros menesteres honestos. Se iba a retirar, y con él teníamos un deportista más que consume su historia entre el olvido y la nostalgia de lo que no sucedió.

Pero siempre hay alguien que no suelta la mano. Y en este caso fueron sus colegas y, concretamente, su entrenador, Nelson Gutiérrez, quienes le impulsaron a volver. Su talento lo tenía predestinado y no mediaron sino dos años entre el casi adiós y el título panamericano de los 200 metros, en Lima, también el bronce en el Mundial de Doha. El 2019 marcaba su revancha. Estaba de vuelta.

Todo este tobogán vital terminó abruptamente el viernes último, en Guayaquil. Cuántas cosas decir ante el cuerpo muerto de Álex. Cuántas contenernos, por pura prudencia. Cuánto hay que gritar por todos, por los que estamos en el medio de disputas que distraen la obligación de darnos esa seguridad mínima que nos permita salir de casa sin miedo.

Álex vivió rápido. Su vida transcurrió como esos 19 segundos y 97 décimas que marcaba en los 200 metros.

Álex vivió volando y se fue volando.

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