Simón Zavala Guzmán

Acuerdo de caballeros

17 de febrero de 2021 00:00

Para que mejoremos nuestra maltrecha democracia es necesario que todos los que vivimos en este país, luego de haber ejercido el derecho al voto y habernos pronunciado por tal o cual candidatos, nos serenemos y asumamos con tranquilidad lo que se ha derivado de una serie de inconsistencias en actas electorales, votos, números de votantes por mesa, contabilización de votos, manipuleo de actas y votos y, en general, todo lo que se refiere a situaciones de anormalidad en los últimos escrutinios. Pero fundamentalmente, quienes deben asumir esta responsabilidad deben ser los candidatos con posibilidades de llegar a la presidencia de la República, como una señal clara de que, antes de triunfos anticipados, la caballerosidad y la palabra empeñada están por encima de sus propios intereses políticos.

Los señores Laso y Pérez, ante toda la ciudadanía, con el aval legal de las autoridades del CNE y la conformidad de los observadores nacionales y extranjeros, acordaron un recuento de votos en Guayas 100% y en 16 Provincias 50%, bajo normas reglamentarias, delegados de los dos candidatos y veedurías ciudadanas. Buscar romper el acuerdo con planteamientos que aún, siendo factibles, están fuera del Acuerdo, es casi como romper la palabra. El acuerdo debe cumplirse y, aceptarse los resultados favorezcan a quien favorezcan. Además esta situación política y jurídica no puede estar sujeta a ningún tipo de presión, sin desconocer que los candidatos tienen todo el derecho de contar también con la vigilancia de sus simpatizantes, en el ánimo de que, las cosas se den en el plano de la legalidad y la imparcialidad.

Un altísimo número de ecuatorianos tenemos una total desconfianza respecto de procesos eleccionarios, por todos los fraudes que durante muchísimos años se han dado en la escena nacional para favorecer a determinadas candidaturas. La historia ecuatoriana  está llena de fraudes electorales, de triquiñuelas resolutivas y de imposiciones ideológicas y partidistas sobre la voluntad honesta con que los ciudadanos hemos ejercido el sufragio en diferentes épocas. En nuestro país no se debe continuar sentando precedentes funestos y escamoteando la voluntad popular. Y este proceso eleccionario, debe ser un punto de partida para que esa voluntad popular se respete, la palabra vuelva a ser la esencia del honor personal y ciudadano y, los votos válidos tengan el valor de una auténtica representatividad. Esperamos entonces, que este acuerdo de caballeros sea un símbolo de una nueva etapa histórica en nuestro Ecuador. 

 

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