Abdalá y el juego de la víctima

- 11 de marzo de 2019 - 00:00

El actor estadounidense Jussie Smollett reportó a finales de enero que dos hombres lo habían atacado en la calle por ser afrodescendiente y por interpretar a un personaje homosexual en la serie “Empire”. La investigación determinó que Smollett pagó a los hombres para fingir el ataque y ganar notoriedad. Ganaba $20.000 por episodio pero fue despedido y ahora enfrenta hasta tres años en prisión por mentir a la Policía.

Pasa en Estados Unidos y pasa en el Ecuador también. Vivimos la era del montaje, de las lágrimas falsas y de la victimización. Pero a diferencia del país del norte, aquí se lanzan salsa de tomate sobre el pecho y salen limpios. Diezmas y lloras frente a las cámaras. Sacas el látigo en redes y luego acusas a todos de envidiar tu “exitosa” carrera actoral. Pierdes por tus propios errores y te inventas la leyenda del engaño.

No hay ejemplo más claro de mediocridad que vestirse de mártir para no asumir responsabilidades. Pero de pronto entra en escena el expresidente Bucaram y entonces el juego de la víctima se vuelve real y más complejo. Sus insultos a algunas candidatas al CPCCS indignan pero no sorprenden, porque esa política de camisa abierta y de incontenible ira frente al micrófono también es un montaje.

El discurso furibundo y chabacano no es muy distinto al teatro de los inmolados. Su exitoso rol lo ha convertido en un personaje político único. Y de él aprendieron otros, con resultados mixtos. Tiene talento para agredir y en su camino va desparramando víctimas. Obviamente él también ha sido blanco: lo de “incapacidad mental para gobernar” sin un estudio psiquiátrico serio no deja de ser una agresión.

Esa es nuestra política cavernícola: la de los atropellos y las víctimas de verdad y la de los mártires de bambalina. Para empujar la carnicería abundan los micrófonos abiertos y las redes sociales.

Mientras tanto, perdemos de vista a quienes sufren serios atropellos pero se quejan menos o lo denuncian tarde. Los trabajadores de Furukawa por ejemplo, los chicos que no entran a la universidad o las víctimas de abuso. Es la doble miopía de una sociedad que privilegia las rabietas (reales o no) de los famosos sobre las injusticias cotidianas contra la gente común. (O)

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