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Ecuador/Jue.24/Jun/2021

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Mariana Velasco

A través de las urnas

07 de abril de 2021 00:00

Ecuador, este 11 de abril, debe dar muestra de madurez democrática y civilidad política al concurrir al proceso electoral para elegir nuevo presidente y gobierno, sin que las inquietudes sociales, de salud y económicas afecten ese momento culminante y representativo de la vigencia real del sistema democrático de la Patria.

La elección de un nuevo gobernante podría ser una nueva alternativa para que la ciudadanía exija cambios, transparencia y una mejor planeación pandémica y alcanzar a vislumbrar un resquicio de esperanza.

El accionar ciudadano puede cambiar el panorama político y social del país a mediano o largo plazo si éste es capaz de presionar a los políticos.  Y no solo eso: se requerirá de votantes dispuestos a combatir la frustración a través de las urnas. Tampoco habrá salida a la crisis política mientras la oposición siga fragmentada.

La Asamblea Nacional, será prueba de fuego para el nuevo gobernante que jurará su cargo el 24 de Mayo, en la designación de operadores políticos que logren hacer acuerdos transparentes en busca de gobernabilidad. El camino es largo, pero es el único para provocar un cambio en un sistema político que ha fallado en escuchar a su población.

 Aunque la mesa tampoco quede servida, es de esperar que sea un cambio cultural, que deje el gobierno de Lenin Moreno al terminar su mandato en tiempo y forma, al facilitar la entrega de los atributos presidenciales en el momento y lugar elegidos por los nuevos gobernantes, y al desapegarse del poder con naturalidad, tal como ocurre en los países más desarrollados del planeta.

A pesar de que hemos superado la etapa más virulenta que escaló durante todo el 2019 en Latinoamérica, no cesa el desequilibrio entre el poder y el pueblo como si nadie encontrase la fórmula para calmar los ánimos y satisfacer las demandas.

El nuevo gobernante debe tener en cuenta factores como:  el precario sistema de salud que no permite una vacunación masiva ante el Covid, el cuidar y sostener la dolarización, la búsqueda de calidad dentro del sistema educativo, generar fuentes de empleo antes que entregar bonos, desde lo estructural acabar con la pobreza, los combustibles, la energía y precios en general; enterrar la precarización laboral y la corrupción de la clase política.

De no cumplir, este combo, es lo suficientemente potente como para desatar violencia y favorecer la infiltración de extremistas en las posibles movilizaciones que deba enfrentar y que tienen la marca de expresión destructiva a un límite insostenible.

Pese a la complejidad del momento histórico, el sistema democrático sigue en pie en nuestro país y en casi todos los países latinos. Ya no se trata de derechas ni de izquierdas, los pueblos eligen el cambio con más rapidez que antes. Agotaron su paciencia y dicen a cada momento qué quieren y qué no, de una u otra forma.

Esto es válido para cualquier ideología, tanto para conservadores, liberales, nacionalistas, progresistas, populistas y socialistas. Algo pasa en nuestra América Latina. (O)

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