Revistas científicas depredadoras

- 25 de noviembre de 2017 - 00:00

Con buen criterio, la categorización y acreditación de instituciones de educación superior exigen que se debe destinar el 6% del presupuesto, para investigación, investigadores con títulos de cuarto nivel y en especial publicaciones. Esto incrementó la producción científica, pero trajo una problemática excepcional: ciencia offshore y publicación de artículos en revistas depredadoras.

El fenómeno de las revistas depredadoras apareció hace unos cinco años, como estrategia frente a las publicaciones de investigadores e instituciones, y sobre todo por negocio de ciertas editoras. Lo convencional es que una editora cuente con comité editorial de expertos, árbitros científicos de los artículos a publicarse, correctores, impresores, hasta la publicación, la cual debe pagarse, en la mayoría de casos, para acceder a ella. Este proceso no siguen las revistas depredadoras o lo hacen de manera laxa, o fraudulenta.

Debido al monopolio de las empresas editoras, un movimiento de científicos abogó para que las investigaciones financiadas con dinero público sean de libre acceso. Sin embargo, las editoras se arreglaron para mantener millonarias ganancias y empezaron a cobrar a los autores. Aparecieron revistas que cobran para publicar artículos de dudosa calidad y transfieren la responsabilidad de lo publicado exclusivamente a los autores, sin el debido filtro de rigurosidad científica.

Identificarlas es complejo. Se debe desconfiar si las revistas no constan en las  bases de calidad científica como Scopus, SJR, o DOAJ (Directorio de Revistas de Acceso Abierto). Las revistas depredadoras tienen hojas web muy similares a las reales, contactan con los posibles autores de manera directa, se comprometen a publicar en tiempos muy cortos o cobran a los autores; asimismo, falsifican índices de impacto, árbitros y más. Pueden ser localizadas en la Lista Beall (https://beallslist.weebly.com), que apareció en 2016.

El tema es complejo, dado que existe presión para investigadores y sus instituciones a que publiquen. A veces importa más el número que la calidad. ¡A tener cuidado! (O)

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