Impuestos: el dolor de cabeza

- 05 de septiembre de 2016 - 00:00

Los estudios económicos de la Cepal tienen una línea de reflexión que da continuidad al pensamiento de Raúl Prébisch (1901-1986) y de sus colaboradores en la institución (desde 1950 Prébisch fue Secretario Ejecutivo), para quienes estuvo muy claro que la teoría económica, tal como llega a nuestra América Latina, presume de universalidad y se impone desde los países capitalistas centrales; y que, por tanto, esa “teoría” debe someterse al filtro de la realidad regional, al mismo tiempo que América Latina tiene que desarrollar su propia teoría económica.

En esa línea se ubica el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2016 que acaba de publicar la Cepal, en el que se evalúa el desempeño de la región, reflexiona sobre los desafíos macroeconómicos bajo un contexto externo debilitado, analiza las capacidades del financiamiento para el desarrollo, examina la desaceleración y las restricciones fiscales, y presenta referencias por países.

A través del estudio cabe observar los límites que encuentran ciertos cambios estructurales en la región. Y este es el caso de los impuestos.

Las reformas tributarias en América Latina solo tienen logros “moderados” en cuanto a la recaudación de impuestos, y la evasión llega a $ 340.000 millones, que representan el 6,7% del PIB regional. La carga tributaria sigue siendo “baja”, y los sistemas tributarios mantienen un “sesgo regresivo”, porque los impuestos directos están por detrás de los indirectos, no generan ingresos suficientes para cumplir con el objetivo de redistribución de la riqueza y mantienen todavía tasas efectivas muy bajas, sobre todo en el decil de población económicamente más rica.

El impuesto a la renta de empresas y personas naturales es el más evadido y en algunos países llega a más del 60%. Pero este fenómeno, que ocurre en el ámbito interno, también es visible en el externo, pues mientras mayor es la incorporación de América Latina al mercado internacional, también es mayor la posible erosión de la base tributaria por intermedio de prácticas ilícitas que representan el 1,8% del PIB regional.

Hay que añadir la fuga al pago de impuestos por los capitales colocados en paraísos fiscales, pero también las políticas permisivas de los gobiernos que adoptan exoneraciones tributarias muy favorables a las empresas y perjudiciales al fisco.

Pero estos temas analizados por la Cepal no son motivos del debate económico usual ecuatoriano. Y peor en el ámbito político, donde lucen candidatos que ahora ofrecen, como tesis maravillosa, la supresión o rebaja de impuestos, al mismo tiempo que el alto empresariado clama contra el anticipo del impuesto a la renta. El NO a los impuestos es una posición que viene desde la Revolución Juliana (1925) de la mano de las elites económicas más reaccionarias al progreso social.

No se admite que Ecuador tiene promedios tributarios menores a los latinoamericanos. E incluso con gobierno de nueva izquierda, aún no se ha logrado afirmar un sistema de impuestos directos que realmente afecte a los ricos y posibilite una radical redistribución de la riqueza. (O)

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