Hugo Salazar Tamariz: 90 años, 15 años

09 de diciembre de 2013 - 00:00

Hugo Salazar Tamariz hubiera cumplido el 2 de septiembre 90 años. Este 31 de enero de 2014 serán 15 años de su muerte.

Teniendo presente que dentro de poco en Ecuador se realizará el 18º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes 2013, es preciso recordar que su libro Poemas desnudos, en el que se incluyen poemas como ‘El hombre’ y ‘El elogiado’, es un testimonio de su experiencia como parte de la delegación ecuatoriana que participó en 1955 en el V Festival celebrado en Varsovia, Polonia, y cuyo lema fue: “¡Por la paz y la amistad!”.

A decir del poeta Carlos Eduardo Jaramillo son “de lo mejor que se ha escrito en lengua universal contra la paz armada, en nombre de la paz esencial y solidaria”.

Este libro fue publicado en la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1958, hace 55 años, y los poemas que se incluyen son: ‘Declaración’, ‘Epístola a Neruda’, ‘Recado al compañero plural’, ‘La muerte en la paz’, ‘Oración para la niña desoída’, ‘Nosotros’, ‘El camino, Conciencia’, ‘El elogiado’, ‘El hombre’, ‘Poema por los muertos de Oswiecim’, ‘Elogio de la calle Marszalkowska’, ‘Varsovia imponderable’, ‘Carta en alta voz’, ‘Llamamiento’.

 

‘EL HOMBRE’ (Fragmento)

Hay que pegarle al hombre / darle duro / con algo duro/ ímprobo/ tremendo / para que diga: /sí /acepto / estoy conforme./ Es preciso correr hasta las llamas / y traerlas intactas / para quemarlo como a la paja / como a los colchones pestosos / como a la maleza. // Es necesario / imprescindible / acudir al acero / y sobornarlo / hasta que tenga forma de cadena / hasta que apriete / hasta que duela mucho. // Hay que conseguir piedras / muchas piedras / de variados tamaños / todas llenas de aristas/ de puntas / de heridas / para moler al hombre / cuantas veces pretenda negarse / decir: / no, / ¡quiero justicia! /....

 

Para el autor, un hecho relacionado con este poema representó quizá el más grande homenaje que pudo haber recibido, al enterarse en 1975, en el Encuentro Latinoamericano de Escritores, celebrado en Guayaquil, por medio de un escritor mexicano que el texto circuló masivamente en las manifestaciones realizadas en México en 1968. Al respecto manifestó:

“Una de las satisfacciones más intensas de mi vida me la proporcionó un amigo mexicano al informarme hace poco tiempo, que para la época trágica de la matanza de Tlatelolco por parte del gobierno de Díaz Ordáz en 1968, los estudiantes y el pueblo habían distribuido con mucho entusiasmo cerca de 15 mil ejemplares de un poema titulado ‘El hombre’, que no tenía pie de imprenta ni nombre de autor, pero que luego pude constatar que se trataba de mi trabajo publicado en el libro ‘Poemas desnudos’. Jamás pensé que mi pensamiento pudiera tener tanta proyección”.

Del poema, Hernán Rodríguez Castelo ha dicho que es “grito grave, altivo, insobornable, frente a una América Latina donde la tortura ha llegado a ser instrumento ordinario de gobierno en ciertas latitudes y los sectores oligárquicos acuden a todo para perpetuar sus privilegios”. Mientras que Rodrigo Pesantez Rodas ha opinado que es “una obra frenética y madura, acariciante por humana y desgarradora por veraz, de verso entrecortado y escalonado”.

Poemas desnudos y el libro El habitante amenazado son considerados sus dos principales obras dentro de la poesía, género en el que se dice que alcanzó sus más altos logros y le dieron la posibilidad de ubicarse como “una de la más altas cifras de la poesía nacional”, en la que “pone de relieve un virtuosismo y profundidad en la creación con una obra comprometida y orientada hacia la libertad, la justicia y la dignidad humana”.

Esperemos que el mensaje de su obra y el testimonio de su vida estén presentes en el festival que se está realizando en Ecuador; que el compromiso con las causas de libertad, justicia y paz sea para los jóvenes participantes los valores por resaltarse, así como lo fueron para Hugo Salazar Tamariz.

A criterio de otro gran poeta, Efraín Jara Idrovo, Salazar Tamariz “fue hombre de convicciones políticas radicales, se mantuvo leal con ellas y a lo largo de su vida luchó por un país donde reine la justicia y la solidaridad humana, premisas y aspiraciones que constituyen, fundamentalmente, la temática de toda su obra”.

Hugo Salazar Tamariz participó en el V Festival cuando tenía 32 años, en toda su obra y a lo largo de su vida mostró coherencia humana y política, fue hasta sus instantes finales alguien que se mantuvo al tanto de lo que sucedía en Guayaquil, en Ecuador y el mundo.

Para finalizar, quiero compartir  este texto que, si bien no aparece en el libro Poemas desnudos, también da testimonio de su participación en aquel festival celebrado en 1955, en el que hay pasajes que aún hoy son de enorme actualidad.

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Un reportaje sobre el V Festival

Hugo Salazar Tamariz

  Varsovia, 1955. Si, Varsovia, la capital de Polonia. Allí, junto al Vístula de suave corriente tersa y apenas rumorosa. Una Varsovia que invita a ser amada entrañablemente. En la cual los restos de la barbarie nazi están todavía a la vista, diez años después de la liberación por el Ejército Rojo, pese a que se ha realizado un trabajo de reconstrucción que sólo dentro del sistema socialista es dable y real. Porque la ciudad destrozada por la crueldad hitleriana, va limpiando las abrumadoras ruinas y convirtiendo la gran urbe de Chopin en una hermosa ciudad de amplias calles y avenidas, de parques inolvidables, vastísimos, que son como el campesino en mitad del tráfico gigantesco de una capital moderna.

  Pues, sí: Varsovia en 1955. Y nosotros, hombres jóvenes de un lejano y joven país, el Ecuador, en ella. Respirando su aire fresco de verano, sintiéndonos como deslumbrados en esta vieja Europa sacrificada en las guerras de rapiña y conquista que durante milenios fraguaron y desataron los explotadores del hombre, las minorías rapaces, lúbricas y ociosas.

  Al comienzo,  en los primeros días, eran difíciles de hacerse a la idea de estar en Varsovia. De haber atravesado el anchuroso Atlántico y gran parte del continente viejo. De haber estado en países cuya economía  no lograba aún reestructurarse simplemente porque todavía los regímenes capitalistas dominaban en ellos. En cambio, desde la entrada en Checoslovaquia, todo cambiaba, el ritmo era diferente, el ambiente otro. Pese, como recalcamos, a los innúmeros problemas que la reconstrucción habían cargado sobre los hombros de pueblos que durante años de años hubieron de presentar una resistencia heroica a los invasores de su patria.

  Más, a poco ya nos íbamos ambientando. Los continuos encuentros con numerosos grupos de jóvenes que llegaban desde los puertos imaginables del planeta, vistiendo muchos el traje regional, se nos iba metiendo en el corazón y en la cabeza, con un sentido nuevo y vigoroso, amplio y de incontrastable sentido y trascendencia humanos. Fraternidad que nacía desde lo más intimo del pensamiento, supuesto que en todos los pechos latía la justicia, la cultura, el bienestar para todos cuantos habitan la rugosa y ardua corteza terrestre, además, en todas las miradas una decisión inquebrantable de entregar la vida y todos los esfuerzos de muchos años a la liberación de capas cada día más y más amplias del pueblo que, en países sometidos a métodos de explotación imperialista, colonialista, capitalista, se debaten en condiciones que repugnan los más elementales principios humanos y de convivencia civilizada.

  Y luego, desde el 31 de julio, el despliegue de espectáculos programados por el Comité Preparatorio Mundial. Espectáculos que incluyen todas las manifestaciones de la cultura y del deporte. Algo que no se puede concebir junto sino en poquísimas y contadas ocasiones. Privilegio que lograba esa juventud de 30.000 personas sólo por el hecho de que en ella había que concitar el amor supremo a la paz, a la coexistencia pacifica de los pueblos, a la visión serena de la realidad que viven los pueblos de régimen socialista que, diariamente, son víctimas de una propaganda interesada y emanada de los servicios de prensa que son apéndices de las grandes compañías financieras, bancarias y políticas de un mundo condenado a morir por el desplazamiento lógico y científico de la historia de los pueblos y la humanidad. 

  En un clima propicio a la fraternidad, a la amistad sincera, al apretón de manos que se da sin reservas, se veía, materialmente, abrirse la rosa de la paz. En las calles el espontáneo carro que entona las canciones que son patrimonio de arte de pueblos en cuyas existencia soñamos como una leyenda imposible de materializar. Esos rostros plenos de serena resolución y de filial al hombre de toda la tierra, dándose en sonrisa amplia, invitadora, fresca.

  Conciertos, exposiciones, danza, ballet, teatro, cine, los deportes y las competencias juveniles. Los encuentros entre juventudes de Asia, África, América Latina, de Europa y Norteamérica, realizados en lugares abiertos, acondicionados con un gusto exquisito y pleno de sugerencias. La esplendidez de los varsovianos y de los polacos, procurando que los jóvenes visitantes estuviesen siempre rodeados de comprensión, de afecto, de fraternidad. Siempre alguien  listo para guiar nuestros pasos por lugares donde la historia se había detenido en sus momentos “estelares”, a conducirnos a los sitios de más tierna y enorgullecedora memoria para propios y extraños.

  La ciudad abriéndose en un brazo inolvidable.

  Y, a la vez, las invitaciones para ir a los lugares donde la guerra dejó sus fantasmas aterradores, sus huellas profundas, esa sombra de vergüenza interminable, de exterminio, de ludibrio. A esas zonas donde está de pie el ejemplo para todas las generaciones de hoy y de mañana. Allí donde el hombre no puede llorar sino, apretando las manos mordiéndose los labios, sintiendo apretársele el corazón, jura que hará individual y colectivamente todo lo que esté a su alcance por no admitir el paso agresivo de los ejércitos, el estallido de las monstruosas armas nucleares, la devastación de la casa de los hombres, el asesinato de millones destinados al trabajo, a la ternura, al amor, a la vida en fin.

  Quince días del Festival de los estudiantes y la Juventud, por la Paz y la Amistad Mundiales. Quince días que periódicamente se repiten cada dos años, llamados con un toque de fraternidad insuperable a todos los jóvenes, hombres y mujeres, del mundo, a conocerse, comprenderse y respetarse. Gloriosos acontecimientos  llenos de júbilo, de encanto, de sorpresas agradables e inolvidables. Festivales que representan efectivos pasos para la consolidación de la paz en este planeta donde todavía existen fuerzas guerreristas, revanchistas y criminales, atentando contra el futuro de los hombres. Pero la paz vencerá y colmara de felicidad, de progreso, de justicia y cultura a los que vienen después, por los cuales debemos luchar encarnizadamente contra los feroces enemigos.  

 

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