Perspectiva

Pequeñas anécdotas literarias sobre la Navidad

- 26 de diciembre de 2016 - 00:00

Sabemos que el 25 de diciembre no es la fecha real del nacimiento de Jesús, y lo seguimos celebrando, aunque otras culturas recuerdan el mismo día el natalicio de figuras centrales de otras religiones, como Horus, Krishna o Mithra, el dios de los persas, y la lista es larga. ¿Por qué esta fecha era tan popular? De día, la respuesta brilla sobre nuestras cabezas.

En tiempos de Constantino, en el siglo IV, empezó a celebrarse el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, día consagrado por la tradición pagana al Deus Sol Invictus, el invencible dios Sol. Se celebraba el solsticio de diciembre, porque a partir de entonces, los días en el hemisferio norte empezaban a alargarse. Era como si el sol volviera a nacer, tal como Jesús, según la tradición cristiana, que resucitó tres días después de morir. Las fiestas de Sol Invictus estaban tan arraigadas entre los ciudadanos y los soldados, que la Iglesia necesitaba desplazarla por una festividad cristiana. Veinte años después de la muerte de Constantino, en el año 353, el papa Julio I decretó definitivamente al 25 de diciembre como el día del nacimiento de Cristo.

Como este asunto del momento en el que celebramos Navidad es todo ficción, aquí proponemos un recorrido sobre algunas anécdotas literarias que le han dado forma a la tradición navideña que celebramos hoy.

Un verso parió a Papá Noel

Con el tiempo, el viejo pascuero —como le llaman en algunos países del cono sur—, ha ido absorbiendo a la figura de San Nicolás. Está muy aceptada la idea de que Papá Noel fue creado por Coca-Cola, pero en realidad, la más antigua descripción del personaje como lo conocemos hoy, salió de un poema de 1823 que se le atribuye (aún hay una discusión por la autoría) a un catedrático estadounidense: Clement Clarke Moore.

‘Una visita de San Nicolás’ es el nombre del poema, y en los países anglosajones se lo conoce sobre todo por su primera línea: «Twas the night before Christmas» (Fue la noche anterior a Navidad). Estos versos popularizaron la imagen de San Nicolás como un hombre gordo y alegre, de barba blanca y vestido con un abrigo rojo de piel (ni siquiera el color lo puso Coca-Cola). Aquí también se menciona el trineo como medio de transporte y se nombra a todos los renos que acompañan a Papá Noel, a excepción de Rodolfo, el de la brillante nariz «roja como la grana», que apareció recién en la década de 1930. El poema se publicó de forma anónima en un periódico neoyorquino llamado Sentinel, el 23 de diciembre de 1823.

En 1837, Moore se atribuyó la autoría del poema, y no fue demasiado rebatido, salvo por un grupo de escritores que sostenían que el crédito era de otro poeta estadounidense, Henry Livingston Jr.

Una obra sobre el nacimiento de Cristo salvó a Sartre

Reconocido por ser uno de los mayores exponentes de la corriente filosófica del existencialismo, Jean Paul Sartre puso en escena varias obras de teatro en las que difundía sus ideas. Una de esas es A puerta cerrada, en la que aparece una de las frases más famosas de este autor francés: «El infierno son los otros».

Pero la primera obra teatral que Sartre dirigió tenía un tema navideño. Era diciembre de 1940, y la pieza fue interpretada por los prisioneros del campo de concentración Stalag XII, ubicado en Trier (Alemania), donde Sartre también estuvo recluido durante la Segunda Guerra Mundial. La obra se llamaba Bariona, o el hijo del trueno, y representaba el nacimiento de Jesús en un pesebre.

En 1939, el filósofo servía como meteorólogo al ejército francés. Al año siguiente fue capturado por los alemanes. En total, estuvo nueve meses en prisión.

Dado el tema de la obra, Sartre aclaró alguna vez que su postura acerca de la cristiandad nunca cambió durante su cautiverio. Sin embargo, usó la historia cristiana de la natividad para trabajar la obra junto con un grupo de sacerdotes que también estaban en condición de prisioneros, con la idea de alcanzar «la mayor unión posible entre cristianos y no creyentes».

En esta obra, Jesucristo es retratado como miembro de una especie de resistencia judía que desafiaba la ocupación del Imperio romano en Judea. Obviamente, Sartre estaba representando lo que ocurría en Francia, ocupada por los ejércitos de la Alemania nazi. Bariona, el personaje que da título a la obra, se niega a creer que el Mesías ha nacido, y se propone matar al niño que está siendo aclamado como el Mesías en Belén porque piensa que de esa forma le ahorrará al pueblo judío una falsa esperanza y que lo salvará de sufrir una gran decepción. Sin embargo, una conversación con un sabio en el pesebre hace que Bariona cambie de opinión.

Al parecer, la obra salió tan bien, que hay quienes aseguran que gracias a ella, los alemanes liberaron a Sartre.

Nace el señor, muere un ruiseñor

En diciembre de 1956, dos amigos de Harper Lee le ofrecieron un regalo muy útil por Navidad. El escritor Michael Brown y su esposa Joy Williams le enviaron una pequeña nota, sin firmar, que decía lo siguiente: «Tienes un año para escribir lo que quieras. Feliz Navidad». En el mismo sobre en el que llegó el mensaje, había dinero. Era el salario de todo un año, pero había una condición: solo podía tomarlo si abandonaba su trabajo y se dedicaba a escribir.

Por supuesto, Harper Lee dedicó el año de 1957 a escribir. El resultado fue Ve y pon un centinela, la novela que luego se convertiría en Matar a un ruiseñor. La escritora contó esta historia en diciembre de 1961 en la revista McCalls. Sin embargo, los Brown no revelaron sus nombres por un tiempo. Fueron años de especulación al interior de los círculos literarios, hasta que fueron mencionados en Mockingbird: A Portrait of Harper Lee (Ruiseñor: Retrato de Harper Lee), la biografía no autorizada de la autora, escrita por Charles J. Shields. Años después, los mismos Brown confirmaron que habían sido ellos, en una entrevista concedida a la cineasta Mary Murphy para el documental Harper Lee: Hey, Boo, estrenado en 2010.

Tolkien falsificó la firma de Papá Noel

El escritor sudafricano John Ronald Reuel Tolkien es conocido en todo el mundo por ser el autor de El hobbit y la trilogía de El señor de los anillos. Estas historias, que gozaron de gran popularidad en las universidades inglesas en las décadas de los sesenta y setenta, fueron adaptadas al cine en la década anterior, y pasaron a ser parte de las películas más taquilleras de la historia.

Pero antes de publicar cualquiera de estas obras que le dieron renombre como escritor, Tolkien incursionó en otro ejercicio literario al interior de su propia casa. Durante dos décadas, entre los veinte y los cuarenta, el autor escribió una serie de cartas a sus hijos, que venían firmadas por Father Christmas (Papá Noel). Cuando empezó, su hijo mayor tenía 3 años, y la última vez, su última hija tenía 14. Estas cartas, publicadas de forma póstuma en 1976, han sido relacionadas con sus obras mayores. Hay autores que incluso han considerado que uno de sus personajes principales, el mago Gandalf, está parcialmente inspirado en la figura de Papá Noel.

Aunque no es tan raro que un niño reciba mensajes de padres que se hacen pasar por Papá Noel, el hecho de que lo haga un maestro de la literatura de fantasía lo vuelve más interesante. Sobre todo porque ahí Papá Noel contaba las aventuras que vivía en el Polo Norte. Hablaba de sus ayudantes (entre ellos un oso polar) y pedía perdón por su caligrafía temblorosa, pues un anciano de 1925 años en el Polo Norte sufría por el frío y la edad. Incluso ensayaba otras letras cuando era alguno de los elfos o el oso quien escribía. Y también enviaba algunos dibujos que presentaba como «fotografías».

Aquí, una de esas cartas:

Casa del acantilado
La cima del mundo
Cerca del Polo Norte
Navidad de 1925

Mis queridos niños:

Estoy terriblemente ocupado este año —mi mano está más débil que nunca— y no muy rico. De hecho, han ocurrido cosas horribles, y algunos de los regalos se han estropeado y no he conseguido que el Oso Polar del Norte me ayude y me he tenido que cambiar de casa justo antes de Navidad, así que pueden imaginar cómo está todo, y verán por qué tengo una nueva dirección, y por qué solo he podido escribir una carta para los dos. Todo fue así: un día muy ventoso de este noviembre mi gorro voló, se fue y se atascó en la cima del Polo Norte. Yo le dije que no lo haga, pero el Oso Polar del Norte subió a la delgada cima para traerlo de vuelta, y lo hizo. El polo se rompió por la mitad y cayó sobre el techo de mi casa, y el Oso Polar del Norte cayó por el agujero que hizo y apareció en el comedor con el gorro sobre su nariz, y toda la nieve se cayó del tejado a la casa y se fundió apagando todos los fuegos y bajando al sótano, donde yo tenía guardados los regalos de este año, y la pierna del Oso Polar del Norte se rompió. Él está bien ahora, pero yo estaba tan enfadado con él que dice que no quiere ayudarme más. Creo que herí sus sentimientos, pero estarán bien para la próxima Navidad. Envío una foto del accidente, y de mi nueva casa en los acantilados sobre el Polo Norte (con hermosas bodegas). Si John no puede leer mi vieja escritura temblorosa (tengo 1925 años), que se lo pida a su padre. ¿Cuándo aprenderá Michael a leer y escribir sus propias cartas? Mucho amor para los dos y para Christopher, cuyo nombre se parece al mío.

Eso es todo. Adiós.

Papá Noel

La primera vez de Father Christmas

Dos siglos antes de que circulara el poema que dio origen a Papá Noel, en una obra de teatro en Inglaterra apareció un personaje semejante. De hecho, con el tiempo, los dos terminarían siendo confundidos con uno solo. Se trata de Father Christmas (el nombre explica la confusión, pues ambos significan exactamente lo mismo).

Teatro, Inglaterra, siglo XVII... Sí, era la época de Shakespeare, pero el ‘Bardo de Avon’ no tuvo nada que ver. El autor de la mascarada Christmas, His Masque, (La mascarada de Christmas) era otro dramaturgo inglés, Ben Jonson (1572-1637)

La mascarada es una obra que mezcla teatro con danza y en la que los actores llevan máscaras. El «Christmas» del título es Father Christmas, un hombre que tiene diez hijos, y al que no le alcanzan los regalos para todos. Uno de esos hijos se llama Carol, que significa villancico en inglés (Una canción de Navidad, de Charles Dickens, se llama A Christmas Carol), y, aunque nos cueste creerlo, era un chico.

Christmas tenía una larga barba blanca y otros detalles comparables con Papá Noel. Talvez si se hubiese vestido de rojo, Ben Johnson le habría ‘ganado’ a Clement Clarke Moore la autoría del personaje.