La corrección de textos en el Ecuador

- 21 de abril de 2014 - 00:00

La columna de hoy no tiene que ver con el lenguaje, y sí. Me explico: hoy no hablaré de reglas gramaticales ni ortográficas, pero sí de un oficio fuertemente ligado al lenguaje: la corrección de textos. En algunas columnas ya he topado este asunto, pero considero necesario volver a hablar de los correctores porque, dentro de la coyuntura de Ley Orgánica de Comunicación, se vuelve urgente pensar en procesos que contribuyan a que la corrección sea considerada una profesión formal en el Ecuador.

Hasta el momento, en el país los correctores han tenido una formación autodidacta, pues no existe una carrera que enseñe a las personas a corregir y que les dé un título por eso. Hasta ahora, quienes ejercen la corrección de textos son egresados de Periodismo, Letras, Literatura o Lingüística, que, obviamente, tienen formación relacionada con ciertas competencias de un corrector de textos profesional pero han tenido que aprender las destrezas específicas de este oficio mientras lo llevan a cabo. El hecho de que no exista la corrección de textos como una profesión formal en el Ecuador hace que la tarea del corrector no sea evaluada de una manera adecuada, especialmente en lo que se refiere a salarios, y esto debe cambiar.

La mayoría de medios de comunicación del país cuentan con un departamento de corrección, que cumple la labor de revisar los textos antes de que estos sean enviados a impresión. Esta revisión no consiste solamente en ‘echar un ojo’ a las notas, sino en revisar que no se deslicen errores ortográficos ni sintácticos, y que la nota sea legible. El corrector de textos es el puente entre los periodistas y los lectores, y, por lo tanto, su labor no debe ser tomada a la ligera.

Para ser corrector de textos no es necesario tener solo una buena ortografía o ‘escribir bonito’; un corrector de textos debe tener sentido común para aplicar una regla, dominar el idioma en todos sus aspectos, conocer otros idiomas (para detectar, por ejemplo, falsos amigos),  trabajar bajo presión, dominar los programas tecnológicos que atañen a su trabajo, y conocer sobre edición y géneros periodísticos (si trabaja en un medio). Además, debe tener conocimiento sobre todos los temas, pues tendrá que corregir acerca de deportes, medicina, tecnología, leyes, cultura, etc. Asimismo, es necesario que sepa dónde consultar aquello que no sabe, y cómo transmitir esos conocimientos a los escritores y editores para que no cometan errores. Y, por último, debe ser extremadamente paciente para corregir una y otra vez los mismos errores.

En fin, la corrección de textos no puede ser equiparada, como ha sido hasta ahora, con la del periodista o la del editor, pues para ser corrector se necesitan destrezas y conocimientos especiales. Afortunadamente, la Ley de Comunicación (al exigir que quienes trabajan en medios tengan un título afín) nos abre la puerta para lograr que esta profesión sea reconocida y remunerada como tal.

 

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