Deer Hollow: sangre nueva (y virtuosa) para el metal extremo

- 26 de julio de 2018 - 00:00
El cuarteto junto a la casa en la que Igor Icaza da clases de batería, en el norte de Quito. Justo después de realizar esta entrevista, viajaron rumbo a Salcedo para el encuentro “Huairapungo”.
Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

Antes de que sus integrantes se asentaran en distintas ciudades de Estados Unidos, esta banda de black progresivo realizó dos shows en el país junto a uno de sus referentes nacionales, Ente.

El último concierto de Deer Hollow en Ecuador se realizó en un lugar tétrico. Para llegar al auditorio de la Mansión La Industria hay que subir las gradas de una casona antigua y bajar a un rellano oscuro.

Más gradas de vieja madera, sin pasamanos, conducen a un escenario apostado junto a una ventana que deja ver y escuchar las aguas del río Machángara.

El recorrido que parece llevar hacia un abismo fue un entorno adecuado para la música oscura y técnica de esta banda de veinteañeros.

Un día antes estuvieron junto a Ente en el Encuentro de música libre Huairapungo, en Salcedo, y en mayo estos dos grupos habían compartido el escenario de los neoyorquinos Souther Monster Fest y el Blackthorn 51 (Queens).

Entonces, el baterista Igor Icaza, integrante de Ente, planificó tenerlos en escena.

El Café Democrático, Cima Real y La Industria fueron los lugares donde se presentaron  Deer Hollow, banda de death y black metal técnico que componen Zak Icaza Molina (batería), Aidan Nelson (guitarra y voz), Andrés Vera (bajo) y Diego Delgado (guitarra).

En su primer año y medio Deer... fue un trío y, para sus últimos tres meses, integraron a Delgado. La cosecha son un disco que lleva por título el nombre de la banda y el EP To Die Alone. El dúo de guitarras se desprendió de una necesidad compositiva: la influencia del black metal en las canciones hizo que añadieran armonías y que las melodías tuvieran tonos más altos, caóticos, oscuros.

Vera explica y recuerda que, antes de viajar a Estados Unidos —donde se formó Deer Hollow—, fue parte de Empedernido y Seeds of Disease, exponentes del death metal. Su encuentro con Zak y Aidan se dio en Boston, mientras estudiaban en el Berklee College of Music.

“Nunca nos enfocamos en hacer un género específico del metal, simplemente plasmamos las influencias de cada uno, lo que tenemos en común”, cuenta el bajista mientras alista las maletas para el festival que en Cotopaxi los puso junto a Blythe, Ciudad León, Harawi, Danza las Plantas, Verde Gris y Kien mata Kien.

Las letras de su EP, en comparación con las de su disco debut, tienen “un sentido más profundo, personal y emocional”, suelta Aidan mientras exhala el humo de su cigarro.

“La miseria a la que se puede llegar al perder a alguien, lo que es muy probable en un mundo de guerras”, conforma el imaginario de la banda, cuyo principio es interpretar su música en directo de forma fiel a lo que hacen en estudio, como lo demostraron el pasado sábado 14 de julio, en la Mansión La Industria, junto a referentes extremos como Death’s Cold Wind, Chancro Duro y Eskhaton.

Estos últimos retomaban la escena luego de varios años de ausencia.

El abismo de los inocentes
Deer Hollow es el nombre de una calle en que vivían los abuelos de Aidan Nelson, en San Francisco. Un entorno demencial, que envolvía al padre de este músico, fue el origen de su concepto, que a la vez expresa de forma existencialista la sensación de vacío, la soledad de un ciervo.

“Nos dejamos influenciar por el invierno, uno que vivimos los tres y fue el peor en 40 años en Boston”, recuerda Zak. “En esa época me empecé a meter en el black metal, que acompañaba ese frío y oscuridad”, sonríe.

En esa ciudad, la escena metalera la combinaron con sus estudios. Su puesta en escena es una muestra de ese recorrido, suena compacta, rápida, en la que quizá fue una despedida temporal. “Zak, Aidan y yo escuchamos de todo”, repite Vera, “desde jazz o música clásica hasta lo más pesado, groove, techno incluso, lo electrónico o avant-garde. Tratamos de que esas influencias estén en nuestra música”.

Sobre las tablas
El ambiente se densifica con la noche y el frío de una orilla que en Quito parece imposible. Death’s Cold Wind ha dado muestra de una pesadez acompasada, muy deathmetalera y Eskhaton ha sorprendido con sus guturales de antaño, serpenteantes, como los de Ente y sus varias composiciones nuevas como las de su reciente sencillo, “Ábside”.

Estos músicos tienen años en la escena, pero Deer Hollow tiene la versatilidad de los prodigios: unos riffs ligeros, como de power core, mutan en acordes jazz, ocultos en su black metal técnico, sostenido por dedos, vitelas, variaciones que hablaban de su experimentación en estudio. “No tenemos miedo a las limitaciones de un estilo”, dice Andrés y ese material que han moldeado deriva en complicidad con un público extremo, sea aquí, en el centro del país o en EE.UU.

“No queremos preocuparnos mucho de los ensayos o afinación, eso se da en un trabajo previo, el rato del show queremos que llegue la energía a la gente”, concluyen. Zak, Andrés, Aidan y Diego viajaron con rumbos distintos, la banda queda en pausa. Su material se difunde en plataformas digitales como testimonio de sus inicios, comparables con Meshuggah, Gojira, Deafheaven o The Dillinger Escape Plan. (I) 

Un LP y un EP

Deer Hollow

El disco debut fue elogiado por la revista digital Sputnik Music. El trío que lo compuso creó una atmósfera envolvente y boscosa, caracterizada por las técnicas mathy riffing (en sus guitarras), blastbeats (batería) y una voz gutural que retumba. Se trata de una progresión iniciada con su single “Sunn God” (grind/doom).

To die alone (EP)

Contiene los temas “Lost In Water”, “Liturgy”, “Awake” y “To Die Alone” (single) y se publicó el 6 de junio pasado. Producido por el sello No Sin Records, fue destacado por el sitio web francés Thrashocore. Aunque su estructura compositiva es compleja, en directo suena de forma potente y condensada. 

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