El origen liberador del black metal: sangre, fuego y música

- 06 de abril de 2018 - 00:00
Esta obra es un análisis sin sesgo amarillista e incluye referencias de revistas, fanzines y entrevistas a miembros de algunas bandas del género
Foto: blogs.elpais.com

La imagen de una iglesia en llamas fue la que puso en el mapa musical al movimiento del black metal noruego.

Varios medios impresos de Europa, Estados Unidos y Canadá publicaron esta noticia con una perspectiva sensacionalista. Los sospechosos eran un grupo de jóvenes conocidos como Inner Circle (círculo interno), una organización anticristiana fundada a principios de 1990. Øystein Aarseth (Oslo, 22 de marzo de 1968), fundador de la banda Mayhem, fue su líder. Varg Vikernes (Bergen, 11 de febrero de 1973) fundó la banda Burzum, referente ineludible de la música y su actitud más radical.

Vikernes era conocido como “Count Grishnackh” (El Conde Grishnackh) en los círculos underground de Noruega, tenía una rivalidad con Aarseth (“Euronymous”) por puntos de vista contradictorios en relación con temas políticos, sociales, religiosos, musicales y monetarios. Lo que en un principio fue una amistad muy creativa e influyente en la escena local, terminó siendo una relación tóxica y extremadamente peligrosa, hasta el día en que Vikernes asesinó a puñaladas a Øystein Aarseth para demostrar quién era el verdadero líder de la escena black.

Lo narrado junto al encarcelamiento de Vikernes originó el mito del black metal noruego. Pero tras esto también hay una trama de sentido: el Inner Circle se desarrolló bajo dos premisas: la mirada hacia sus orígenes politeístas y el enaltecimiento del guerrero vikingo como hombre ideal.

El libro Lords of chaos: tha bloody rise of the satanic metal underground, de Michael Moynihan y Didrik Soderlind, profundiza en esto, su impacto social y refleja la lucha de un grupo de jóvenes para elevarse por encima de las tradiciones católicas europeas, aunque fuera desde la postura más extrema. Los Señores del Caos nos heredaron una visión trascendental para que podamos ejercer la libertad de culto, de elegir en quién o quiénes creer; aunque nos decidamos por un erial en el que habita el olvido. (O) 

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