El profesor Jirafales

- 18 de abril de 2019 - 00:00

No es muy agradable cuestionar un programa televisivo que es del agrado de los niños, inclusive de los adultos, me refiero al espacio de El Chavo del Ocho. Lamentablemente tengo que señalar que es negativo para todas las personas que lo ven, así lo han determinado investigaciones, encuestas, opiniones de académicos; por consiguiente, estoy en el deber de señalar que este programa de humor blanco causa mucho daño en la mente de los menores de edad, pues sus protagonistas son miembros de familias disfuncionales, se promueve la violencia, la injusticia, el irrespeto, la grosería y también la tontería cuando se expresan opiniones absurdas.

Para demostrar lo que afirmo, y en consideración a que estamos en el mes del educador, voy a tomar como ejemplo al “maistro Jirafales”: Para comenzar, siempre se lo ve fumando, promoviendo el vicio del cigarrillo. Enamora a la madre de un alumno, en este caso de doña Florinda, que es la mamá de Quico, quien en ciertas ocasiones llama “papá” el profesor Jirafales, como tácita aceptación al cortejo del profesor a su progenitora.

En clases, nadie le hace caso y se burlan de él, llegando al extremo de que la bulla en el curso es tal, que el profesor Jirafales, desesperadamente, intenta imponer orden gritando: “Silencio, silencio, si-len-cio”; y cuando los alumnos callan se escucha al Chavo del Ocho que le dice “maestro longaniza”, entonces el profesor explota de coraje y replica un: “ta, ta , ta, ta, tá...”. Cuando hace una pregunta a sus alumnos las respuestas son absurdas, demostrando que son estudiantes vagos que no respetan a su profesor, lo cual no es un buen ejemplo para los niños televidentes. (O)

Lic. Ricardo Ordóñez Jaramillo