Populismo contagioso

- 30 de noviembre de 2018 - 00:00

Las personas toman decisiones o emiten criterios cuando están seguras de que su idea, juicio y razonamiento son correctos. Una buena parte de la población se resiste a participar en política y reacciona negativamente, pese a que se trata de asuntos que tienen relación con el progreso del país.

El compartir ideas nocivas y fingidas se va convirtiendo en una enfermedad de transmisión verbal que puede acarrear una epidemia nacional, reflejada en situaciones políticas, económicas y sociales de mucho riesgo. Quienes hacen política por conveniencia personal piensan que la opinión de la gente no tiene importancia, si no está ligada al interés particular del “líder” y del grupo al que representan.

Los organismos del Estado, que fueron dependencias de un gobierno turbulento que practicaba la democracia populista y un mal llamado cambio de época, montado en un pensamiento de personalismos y revancha, han hecho de la transparencia un laberinto de confusiones y actitudes negativas, que llevan a cambiar de opinión cuando se tratan temas de trascendencia y responsabilidad para el país.

“Dime con quién andas, te diré quién eres y la actitud que tendrás”, parece ser la afirmación, repetición y contagio de un populismo político, que se introduce en las masas permitiendo una contaminación intensa, similar a la de los microbios, que ahora hace cambiar de criterio a las personas formadas en una década de confusión ideológica, excesivamente emocional, impulsiva y violenta.

¿Cómo entender el cambio de argumentos y actitudes de los “nuevos políticos” que sin ninguna sensatez buscan espacios de poder? ¿Se infectaron los unos a los otros o sus estilos de pensamiento resultaron tan contagiosos que llegamos a una denigración de las masas? Los seres humanos no somos islas emocionales que actuamos en solitario; siempre estaremos en riesgo de contagio.

Las emociones viajan de persona a persona, como un virus que contamina fácilmente el espacio de la ética y la moral, agrupando a los mismos de siempre en el saco de las ambiciones. (O)

Dr. Rodrigo Contero Peñafiel