Fútbol mundial

- 14 de junio de 2018 - 00:00

Fútbol, esencia humana, mucho más que un juego, mucho más que un deporte. Aflora implícitamente en todas las fibras del cerebro diversificándose desde ahí a la masa muscular. Cerebro, órgano eje que por indescifrables coincidencias se asemeja a una cancha futbolera.

Consta de la línea divisoria de los dos hemisferios donde se interrelacionan, accidentalmente chocan y transitan las fibras nerviosas, creando asociación, proyección, valoración, en las que se personalizan los conceptos, reafirmándose el aforismo “Cada persona es un mundo”. Las particularidades fundamentadas están latentes en el juego convirtiéndose en un accionar propio y de todos.

El juego consiste en introducir el balón en un arco que no tiene forma de tal, para que eso ocurra se emplean varios tipos de fuerza. La física, anímica, gravitacional, la bruta, así como variadas técnicas y sistemas complementándose con un buen adiestramiento para saber hacerlo, cómo ejecutarlo mejor, incluso antes de entrar en contacto con el esférico.

En fracciones de segundo, esa máquina (cuerpo humano) decide, coordina cada movimiento para enfrentar, eludir o hacer el pase dependiendo de la habilidad e inteligencia del jugador.

Algo similar le ocurre al espectador. Sigue la secuencia, imagina jugadas que deben o debieron realizarse para obtener el resultado favorable; si esto ocurre, llega el delirio por la victoria, de lo contrario, la pena, frustración.

Para gozar de este juego deportivo hay que despojarse de fanatismo. El fútbol sirve para purgarnos (desestresarnos) en cuerpo, alma y espíritu. No desaprovechemos las emociones de esta sublime manifestación de la especie humana, denominada fútbol. (O)

César Antonio Jijón Sánchez