ZAPATERO: El socialismo premium de caviar, ostras y coimas
En la vieja liturgia del socialismo del siglo XXI, los discursos siempre estuvieron llenos de pueblo, justicia social y ética revolucionaria. Pero, curiosamente, las cuentas bancarias parecían las de banqueros suizos y sus festejos tenían más aroma a ostras y champagne francés que a sopa popular. La izquierda que prometía acabar con las élites terminó convertida en una cofradía de nuevos aristócratas del cinismo.
Hoy, el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero aparece en el centro de una investigación judicial que sacude a España y a todo el ecosistema político progresista. La justicia española lo investiga por presunta organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales, según informes policiales y judiciales, alrededor de 2,6 millones de euros habrían circulado entre sociedades vinculadas a la trama, incluyendo capitales de origen chino y redes empresariales conectadas con Venezuela.
La escena se cuenta por si sola, testaferros, paraísos fiscales, joyas, coimas diplomáticas y celebraciones, mientras millones de ciudadanos europeos soportaban inflación y desempleo. El progresismo global descubrió que la revolución sabe mejor acompañada de caviar.
Zapatero dejó de ser, un simple expresidente español y se convirtió en una especie de gurú itinerante del populismo hispanoamericano. Fue el susurrador de Maduro, el legitimador del chavismo y el visitante frecuente de los laboratorios políticos donde el autoritarismo aprendió a maquillarse de democracia participativa. También orbitó alrededor del universo ideológico de Lula, Petro, Sheinbaum, Correa, Evo y del viejo aparato cubano, este último, siempre dispuesto a vender romanticismo revolucionario mientras exporta ruina.
No sorprende entonces que, mientras la justicia estrecha el cerco, parte del progresismo europeo haya respondido organizando cumbres con títulos tan teatrales como “Cómo frenar a la derecha”. Resulta irónico que, quienes deberían explicar transferencias, influencias y sociedades opacas aparecen más preocupados por frenar investigaciones que por frenar la corrupción.
El problema ya no es solamente judicial, es moral, porque el socialismo del siglo XXI construyó durante décadas una superioridad ética ficticia, se presentaron como redentores de los pobres, mientras tejían redes internacionales de negocios y blindajes políticos. Hablaron de soberanía mientras negociaban con capitales chinos, denunciaron al “neoliberalismo salvaje” mientras perfeccionaban un capitalismo clandestino de amigos, operadores y comisionistas.
La tragedia de esta historia no es únicamente española, es continental. Hispanoamérica conoce demasiado bien a estos vendedores de utopías que terminan administrando fortunas mal habidas desde despachos alfombrados, son expertos en fabricar enemigos imaginarios para ocultar a los socios reales.
Y quizá allí reside la gran paradoja de nuestro tiempo, quienes gritaban “no pasarán” parecen ahora desesperados porque la justicia pase de largo…
