Vistazo urgente a lo invisible (II): la sed en Irak
Hace semanas exploramos Camerún, tristemente catalogado como la crisis humanitaria más olvidada del mundo. Ahora vamos cinco mil kilómetros al noreste para explorar ya no una crisis de hambre, sino una de sed. Bienvenidos al segundo vistazo urgente a lo invisible, Irak.
Irak es un país de Asia Occidental, 1,75 veces más grande que Ecuador, con 46 millones de habitantes enfrentando su peor crisis hídrica en casi un siglo, justo cuando el Tigris y el Éufrates ya no dan vida como antes. Para ponerlo simple, Ecuador usa el equivalente al 2% de sus recursos internos de agua dulce y, aun así, vivimos cortes incómodos. Irak, en cambio, usa el equivalente al 121%. Por eso, allá la tragedia se cuenta en sed, campos secos, enfermedades y supervivencia cotidiana.
Primero, ¿qué es una crisis hídrica? Es más que tener sed. Es desnutrición, enfermedades, migración y desigualdad. En Irak, solo el 60% de la población tiene acceso a agua, mientras 6 millones de metros cúbicos de aguas residuales sin tratar llegan cada día a ríos y canales. ¿El resultado? Crisis sanitarias. En 2022 hubo más de 3.400 casos confirmados de cólera.
Y si eso no basta, el 31% de los centros de salud no cuentan con agua y el 52% carecen de saneamiento.
¿Y qué pasó? Irak depende del Tigris y el Éufrates, ríos que nacen fuera de sus fronteras, y carga con guerras, abandono estatal, mala gestión e infraestructura deficiente. A eso se suma una agricultura que demanda alrededor del 89% del agua.
Un dato importante: Irak no depende solo de Irak. Turquía tiene una posición clave porque buena parte del Tigris y del Éufrates nacen en su territorio. Por eso existe “Petróleo por Agua”, un pacto para convertir riqueza petrolera iraquí en seguridad hídrica. Distópico, ¿verdad? El agua compitiendo con el petróleo.
¿Qué nos llevamos de lección? El petróleo no se come. Un país rico en recursos energéticos puede ser pobre en seguridad hídrica. En Ecuador apreciamos cada vez más páramos, ríos, lagos y fuentes de agua. El agua es vida y se protege con proyectos sostenibles para garantizar un uso responsable.
Una crisis hídrica no empieza cuando alguien muere de sed. Empieza antes: cuando el agua sale salada, cuando el agricultor abandona su tierra, cuando un hospital no funciona y cuando una familia no sabe si mañana tendrá agua. Esa es la advertencia que nos deja Irak.
Si les interesó esta nota, busquen el vistazo anterior a Camerún. Y si ya leyeron ambas, prepárense, hay crisis gigantescas con voces humanas que necesitan ser amplificadas.