Vistazo urgente a lo invisible (I): el hambre en Camerún
Amigos, distinguidos lectores, gente bonita en general y, obvio, también: ¡Panas! Les presento el piloto de una nueva serie en la que echaremos un vistazo a problemáticas distantes y poco mediáticas… pero que podrían estar cerca si tomamos malas decisiones. Arrancaremos con Camerún, sí, Camerún, un país centroafricano que es 1,7 veces más grande que Ecuador, tiene 12 millones más de habitantes y una tasa de homicidios 7 veces menor. En Ecuador, la tragedia suele medirse en violencia homicida; en Camerún, se expresa en hambre, desplazamiento y asistencia humanitaria insuficiente.
Y bueno, sinceramente, ¿cuántas noticias han leído sobre Camerún este año? Les apuesto un viaje al Mundial a que pocas… o ninguna. Y, sin embargo, no cientos ni miles, sino millones de personas viven atrapadas entre conflictos armados, desplazamientos, hambre, violencia y abandono internacional.
Primero, ¿qué es la inseguridad alimentaria? Es más que tener hambre. Es la incertidumbre e incapacidad de acceder a alimentos que nos permitan vivir una vida activa y saludable. A su vez, esta problemática se traduce en desnutrición, enfermedades crónicas y problemas de salud mental.
¿Qué pasó? Conflictos armados desde 2016, pandemia en 2020, inundaciones en 2024 y violencia que bloquea rutas logísticas. Esto se tradujo en inflación de alimentos y fertilizantes y, ante todo, en escasez e inseguridad alimentaria.
Según el Programa Mundial de Alimentos, Camerún tiene 2,9 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria, y UNICEF añade que 1,5 millones son niños.
¿Cuál es un dato importante? Esta crisis que azota a Camerún se agravó desde 2020, cuando por el shock pandémico se pasó de 3,9 a 6,2 millones de personas en necesidad.
¿Qué nos llevamos de lección? La lección no es creer que Ecuador es Camerún, porque no lo es. La lección es entender que el hambre rara vez llega sola: llega cuando se combinan conflicto, abandono rural, inflación, carreteras bloqueadas, desastres naturales y un Estado que responde tarde.
Dejemos de ser reactivos. No esperemos a que el hambre tenga sabor a conflicto. Construyamos fondos de contingencia transparentes, acumulables y protegidos para que, si no se usan hoy, estén disponibles cuando más se los necesite mañana.
¿Les pareció interesante? Si fue así, no los decepcionaré, porque todavía hay historias sin explorar que necesitan que su voz se amplifique. La próxima ocasión daremos un vistazo a “la sed en Irak”. ¡Nos vemos!
