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Ecuador / Sábado, 23 Mayo 2026

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Hasta que a la meta…

Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles, comenta la abuela de la casa. Y es que esa sentencia popular es oportuna frente al concurso para fiscal general del Estado, que desde un inicio ha tenido tropiezos, amén del tiempo que se está tomando el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social; recadero del poder político de turno.

La percepción ciudadana sobre el concurso aparece hoy dividida y marcada por la desconfianza institucional. No existe una única percepción nacional homogénea, pero sí pueden identificarse tres tendencias claras en el debate público. La percepción de politización del proceso, puesto que laopinión pública considera que el concurso tiene una fuerte carga política, ya que la Fiscalía en los últimos años se ha convertido en la “joya de la corona” apetecida políticamente por la importancia estratégica dado que conoce los casos de corrupción, crimen organizado y es el ente encargado de la persecución penal. Y es que, en la casa del jabonero, el que no cae, resbala, sonríe la abuela de la casa.

En segundo lugar, la desconfianza hacia el CPCCS, el escepticismo generado al concurso como tal y al modelo institucional mismo, ya que desde hace años existe un debate sobre si el CPCCS realmente garantiza la meritocracia o si terminó convirtiéndose en un espacio de disputa partidista y cuotas de poder; de ahí, que todo concurso viene acompañado de acusaciones de captura institucional, negociación política, operadores partidistas, influencia del Ejecutivo o de grupos económicos y políticos; de tal manera que está pendiente una consulta popular con respecto a las designaciones que pasarán del CPCCS a la Asamblea Nacional, confirmándose asílo que el ciudadano de a pie piensa, pues cierto es aquello de que piensa mal y acertarás.

Y claro, existe una percepción técnica proveniente del sector académico y jurídico, que sostiene que, pese a las tensiones políticas, el concurso sí tiene mecanismos de control como son los méritos, oposición, escrutinio público, impugnaciónciudadana y veedurías; percepción que no resulta ser tan fuerte como las anteriores, de tal suerte que ahora mismo con la notificación de la calificación de méritos, ya asoma un descontento que aduce trampa y manoseo en la calificación de papeles y cartones.

Ecuador soporta una crisis de confianza respecto de la justicia, los órganos de control, los concursos públicos, y, la independencia institucional, lo que en buen romance quiere decir, que muchos ciudadanos interpretan el concurso no solo como una selección técnica, sino como una disputa por el control de un órgano clave del Estado. Ergo, hasta que a la metano llegues, no te pongas los laureles.

 

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