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Ecuador / Domingo, 24 Mayo 2026

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El Día de la Madre

Es una fecha en la que muchos países coinciden. El segundo domingo del mes de mayo. La tendencia es mayoritariamente comercial: algunas personas buscan alguna ‘dora’ para su progenitora (lavadora, secadora, licuadora, etcétera); otras personas destinan el referido día para obsequiar un desayuno o un almuerzo a aquella mujer que les trajo al mundo, en general; aunque hay excepciones, como quienes aseveran que su madre es su abuela, su tía, e inclusive su vecina o quien dedicó tiempo para cuidar de ellas(os); y, también hay quienes programan sus actividades para que aquel domingo sea dedicado para el agasajo público (en un determinado Centro Comercial) o para la celebración privada (en el seno de su hogar). Más allá de la indicada tendencia, la cual no juzgo, quiero compartir en este año de conmemoración de las Madres una idea centrada ‘en el fondo’: la significancia de la madre.

Si no existiera la mujer, no existiría la madre. Desde el prisma cristiano católico en el que visualizo todas las cosas, la creación perfecta de Dios: la mujer, es aquel ser humano el cual, por la existencia -referencia- de su par, el hombre, puede vivir su feminidad a plenitud, y viceversa: el hombre es aquel ser humano que puede vivir su masculinidad gracias a la existencia -referencia- de la mujer. Como ilustración didáctica: no se puede saber si se está excediendo en el peso corporal (hacia el sobrepeso) si no se ha estado delgado o ligero; lo uno se opone a lo otro, y viceversa, pero no para rivalizar, sino como un complemento perfecto de existencia plena. De hecho, el buen Dios dotó a la mujer de atributos únicos, y uno de ellos, a mi juicio el que la vuelve única, es el don (un regalo, no un derecho) de la maternidad. La mujer es la única que, a partir de la venia divina, puede engendrar vida.

La madre en el mundo es trascendental: como mujer brinda armonía, y como madre es el componente de la familia, célula de la sociedad. La madre tiene vigencia perpetua para una hija o para un hijo: es quien le acompaña desde el momento de la concepción (cuando el espermatozoide entra en contacto con el óvulo), le brinda guía desde que empieza a respirar a partir del nacimiento, le proporciona amor, muestras de cariño y afecto, le enseña a caminar, a defenderse y le manifiesta protección; está pendiente permanentemente del proceso de aprendizaje en la etapa de formación escolar, colegial e incluso universitaria… y hasta el último día de su vida en la tierra la Madre busca hacerse notar. Ciertamente esta regla es rota por (quiero pensar) un minúsculo número de mujeres, las cuales, lamentablemente, pese a haber sido favorecidas con el privilegio celestial de ser Madres, toman esa responsabilidad como un juego, o de forma negligente y hasta irresponsable.

En lo que a mí respecta, mi madre, a quien aún cuento con el favor de Dios de tenerla con vida, es el motivo por el cual mi corazón está lleno de amor y mi cerebro se estimula para día a día buscar ser útil y esforzarme para avanzar hacia la mejora como persona; mejora que es una construcción constante y acumulativa. Lo he aseverado antes y me ratifico: sin ella no sería lo que soy ahora. Ni amistades, ni familiares han estado en los momentos difíciles, sí lo ha estado ella. Es más, pese a las situaciones donde le he generado dolores de cabeza, y hasta lágrimas por mi inmadurez, o por mis debilidades, como por ejemplo las batallas perdidas para lograr el autodominio, el equilibrio en el carácter (y no dejarme poseer por la ira), y la constancia y perseverancia en el cumplimiento del deber; ella ha estado y sigue estando. En fin, con altas y bajas, con virtudes y defectos… con más ‘contras’ que ‘pros’, mi madre me abraza y me invita, como sin duda lo hacen la mayoría de Madres en el mundo, a amar.

A modo de inevitable referencia, a propósito de la relevancia justa y necesaria a la mujer en su rol de madre; recientemente se conoció de una nueva violencia perpetrada contra una mujer, por parte de su ahora ex pareja sentimental. Ciertamente la víctima no es madre (del escaso conocimiento que he tenido al respecto). No obstante, es mujer. Y al igual que ella, ninguna mujer merece que algún compañero hombre la irrespete verbal o psicológicamente, menos aún la agreda físicamente. Como lo hizo en su momento el (+) Papa Francisco, aunque en otro contexto, igual de doloroso, de paso: a Scarlett Córdova y a aquellas mujeres que han sido violentadas, en nombre de los agresores, les pido perdón.

A todas las madres que leen este prestigioso diario digital, a mi apreciada madre, a aquellas madres que en algún momento de mi vida tuve contacto, y además, a aquellas madres que están lejos de sus hijos, a aquellas madres que están en Casas de Salud, o Centros de Rehabilitación Social: que Dios las bendiga.

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