Luis García: La gestión y retención del talento docente en las universidades debe ser con buenos salarios

Las universidades han adoptado algunas medidas que no aseguran la docencia.
14 de marzo de 2021 09:00

Este Diario conversó con Luis García Moreno, director del Instituto Cervantes, sobre la educación superior, los cambios y desafíos en este año de pandemia. Él inauguró el Foro Latinoamericano de Universidades, que se inauguró de manera virtual ayer y se desarrollará hasta el 25 marzo, organizado por la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), 

 

¿Cuáles son los principales problemas que han tenido las universidades durante el coronavirus?

 

Creo que todos somos conscientes de que los principales problemas han sido la falta de presencialidad y el difícil acceso a la tecnología de muchos alumnos que por sus circunstancias económicas no han podido seguir las clases al igual que el resto de sus compañeros. A ello se ha unido la clara necesidad de formación en tecnologías para la educación del profesorado en el nuevo ámbito virtual. Y, por supuesto, la pérdida de vínculos comunitarios. La Universidad no solo son conocimientos sino experiencias vitales y aprendizaje crítico.

 

¿Cómo se han adaptado las universidades a los cambios durante la pandemia? ¿Hay algunos casos excepcionales que pueda citar?

 

En estos momentos, solo podría hablarle como director del Instituto Cervantes. Para nosotros, desde un primer momento, pusimos por encima de todo la transformación tecnológica para seguir con el servicio a nuestro alumnado, que de un día para otro y en la casi totalidad de nuestros centros en el mundo, se vio encerrado en casa.

Trasladamos las clases presenciales a formatos en línea y he de decir que la respuesta fue positiva. Las crisis a veces nos anuncian futuros inevitables, y esta nos ha mostrado que la enseñanza virtual ha llegado para quedarse, pero sin renunciar a la presencialidad, al contacto directo y al intercambio cara a cara entre personas, sin estar mediados por una pantalla.

 

Ustedes abordaron la internacionalización y la movilidad como instrumentos clave para la apertura de las universidades al mundo globalizado. ¿Por qué cree que es importante este tema?

 

El mundo globalizado es un antídoto a las identidades cerradas, aunque también puede llegar a ser una amenaza a las particularidades propias con su uniformidad. Por eso hay que estar muy atento y reconocer que la verdadera riqueza está en el reconocimiento de la pluralidad, de la variedad de lenguas, de las creatividades cruzadas, del intercambio científico y tecnológico y de las corrientes de pensamiento que ponen al ser humano en el centro de la discusión y no en sus orillas.

 

Se debe implementar la cultura, la calidad y la excelencia en los ámbitos de la docencia, la investigación y la gestión. Pero ¿eso es difícil en medio de una crisis sanitaria mundial?

 

Es difícil, pero es una necesidad. Las crisis sanitarias tienen sus repercusiones y ponen de relieve que en esos momentos el Estado debe asumir la responsabilidad de dar seguridad, económica y sanitaria, a sus ciudadanos.

En el ámbito de la universidad también es así, y la crisis sanitaria no debe ser excusa para descuidar la cultura o la excelencia, y esa solo se puede hacer cuidando a los que crean cultura, investigan, aportan conciencia crítica o imparten magisterio. La única perspectiva democrática es hacer compatible la seguridad sanitaria y la conciencia cívica a través de la cultura y los valores compartidos.

 

Sobre la gestión y retención del talento docente e investigador, ¿cómo cree que se debe hacerlo?

 

Con buenos salarios. La inversión en educación es fundamental. Mi experiencia como profesor de universidad me hace sentirme inquieto por la facilidad con la que se han adoptado algunos contratos que no aseguran la docencia. Jóvenes talentos que están cuatro años y que después se desechan.

Entré como profesor en la Universidad de Granada en 1981, en el 86 ya había leído mi tesis doctoral y en el 87 pude sacar una plaza en propiedad por oposición. Hoy hay jóvenes muy preparados que llega a los cuarenta y tantos sin posibilidad de tener una vida universitaria asegurada.

También me preocupan los diversos mecanismos de índices de calidad de las publicaciones universitarias. Son baremos artificiosos que se utilizan para controlar ideológicamente a los jóvenes profesores que ven cómo un CV no es igualmente bueno a menos que tenga artículos en determinadas revistas científicas.

 

Las nuevas tecnologías en las sociedades provocan cambios políticos, demográficos y culturales y abren el camino hacia nuevas profesiones y otras competencias. ¿Cuáles cree que son estas? 

 

Como en cualquier transformación tecnológica, tan peligroso es caer en el miedo a los cambios, como en la fantasía de las novedades. La tecnología siempre ha abierto muchas posibilidades y nuestra juventud ya convive con los cambios tecnológicos acelerados. Lo que hay que conseguir es que las ventajas de la tecnología no sirvan para controlar la dinámica de las conciencias y acentuar los estados de soledad que nos desvinculan como seres humanos.

 

¿Estos cambios en las universidades implican aumento del costo de ellas o por el contrario una disminución de sus pensiones porque las clases no son presenciales?

 

Me preocupa mucho que en las universidades se utilice el teletrabajo como una forma de degradación laboral que empeora las condiciones de trabajo y los salarios. Las universidades que utilicen un modelo telemático para abaratar costes están traicionando la principal misión de la educación que es crear sociedades libres, iguales y críticas, donde las condiciones laborales sean dignas para todos.