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El Metro de Quito: camino a un desastre histórico

Aún estamos a tiempo de revertir una decisión equivocada
10 de marzo de 2021 00:00

Hace pocos días el directorio de la empresa Metro de Quito decidió el modelo de operación para la puesta en marcha el próximo año con el formato de “operación directa mediante la contratación de Asistencia Técnica Internacional”: así dice el comunicado del Municipio. 

Se trata de crear una empresa municipal con el “acompañamiento” de expertos internacionales. Nadie sabe quiénes son esos “expertos”. 

Es una muy mala noticia para Quito. Crear otra empresa municipal, esta vez sin ningún expertise en la operación de un sistema que supone un know how, un paquete de decisiones técnicas, financieras, legales y políticas que requieren solvencia, experiencia y transparencia, cualidades que no aparecen en ninguna de las áreas de gestión del alcalde Jorge Yunda. 

Se toma la decisión en contra de la recomendación hecha por los multilaterales en carta de octubre pasado, en la que se recomendaba contratar una empresa internacional con experiencia en operación precisamente para evitar los riesgos de la politización y el desconocimiento técnico para gerenciar la operación.

Hay varias alternativas: Metro Madrid, Panamá, Santiago de Chile, entre otras. 

La contratación de una empresa internacional calificada permite evitar la politización que es el mayor riesgo que se toma con está opción.  Basta ver la situación de las empresas municipales: EMT con más de dos mil funcionarios y trabajadores;  ineficiente, poco transparente, prácticamente quebrada. EMASEO lo propio. Hasta la EPMAAPS, antes modelo nacional e internacional, ahora con problemas gravísimos de corrupción.

 ¿Quién y cómo va a definir los perfiles de los expertos internacionales para el acompañamiento? 

¿Cómo van a escoger un gerente si no hay profesionales con experiencia mínima en operación de Metro para asumir el reto más complejo de la historia de la ciudad? 

Cómo van a definir los parámetros para contratar en sistema de recaudo/pago electrónico que vienen posponiendo porque afecta intereses de las mafias del transporte? 

¿El sistema de alimentadores?

¿La redistribución de rutas del sistema integrado?

¿La distribución de la caja común?

¿Cuanto cuesta está aventura y de dónde salen los recursos?

¿Cuanta gente van a contratar?

 

Estas y muchas  otras preguntas no tienen respuesta.

Al contratar una empresa internacional se puede pagar una tasa fija por la operación y es esa empresa la que corre los riesgos, la que asume la responsabilidad. Además,  durante los tres o cuatro años de contrato, se compromete a un proceso de transferencia tecnológica para que luego podamos pasar a una concesión de largo plazo con profesionales y trabajadores ecuatorianos.

 El acompañamiento o la llamada asistencia internacional no garantiza nada, porque son asesores que harán recomendaciones, pero las decisiones las tomará el equipo del alcalde, entre ellos, la gerente de la empresa Metro de Quito, que fue asesora jurídica del prófugo Darío Tapia, exsecretario de Movilidad, con un historial de lamentables consecuencias para Quito.

 Todo el riesgo lo asume la ciudad. Es pilotear un avión sin ser piloto.

 A esto sumemos la corrupción que rodea a la gestión del alcalde Yunda. Hay mucha opacidad en el municipio, sus empresas y entidades.

 El mayor riesgo:  la politización. Repartición de cargos y contratos con mecanismos obscuros;  sindicatos que generan  costos más altos y menor eficiencia, poco control de costos y gastos, más burocracia, consecuencias que se van a dar en la nueva empresa, como se dan en el laberinto municipal de más de veinte mil funcionarios y trabajadores del Municipio y que ponen en riesgo al Metro y al futuro de la ciudad, porque se trata del cambio más importante en la historia. 

Si se hace mal, tendremos un elefante blanco: ineficiente, politizado, corrupto. Quedaremos endeudados pagando algo que solo nos dará dolores de cabeza por décadas.

Detrás de esta apurada decisión hay un plan político: inaugurar el Metro antes de las próximas elecciones de alcalde, para fortalecer la imagen de Yunda de cara a una posible reelección. Mantener el control territorial en Quito es un objetivo estratégico central. De paso, unos cuantos cargos a amigos y allegados no vienen mal.

 No podemos permitir que esta decisión la tome un directorio en contra de las recomendaciones técnicas, políticas y del sentido común. Debemos exigir al alcalde rendición de cuentas, apertura.

 Esta decisión debe tomarse con la participación más amplia de instituciones y personas, con un mecanismo de veeduría y control del proceso para garantizar la mejor alternativa para el futuro de la ciudad.

 

Quizás ahora podamos ver si esta ciudad aún tiene ciudadanos.

Veamos si somos capaces de superar la anomia, esa resignación frente al desastre que vivimos, sin duda la peor situación de Quito en muchas décadas.

  Ojalá seamos capaces de recordar que significa la palabra civismo.

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