La vorágine noticiosa no debe empujar al remolino del error al periodista

- 05 de mayo de 2019 - 00:00

La velocidad con que se generan las noticias empujan a los integrantes de una redacción a trabajar en una especie de remolino de gran intensidad y presión: deben tomarse en cuenta los horarios de cierre de edición para que no se genere una cadena de atrasos en las distintas fases de producción de un diario.

Esa rapidez empuja, a veces, a cometer errores, lo cual no es pretexto para hacer las cosas rápido y mal, pues para ello hay varios pares de ojos involucrados en el control de calidad: periodistas, editores, correctores...

Esa vorágine se afronta haciendo un buen trabajo individual y también en equipo: cada uno debe cumplir su responsabilidad para lograr un producto de excelencia.

Esa velocidad tampoco es pretexto para no titular o redactar adecuadamente, cuidando, por ejemplo, el correcto empleo de los tiempos verbales.

POLÍTICA

Fecha: 29 de abril

Página 04

Título: “Autoridades locales se preparan para posesión”.

En la nota de 12 párrafos se utilizan palabras en pasado y presente, y hasta se repiten como el caso de “califica”, que se la emplea en tres ocasiones, como si el idioma fuera limitado.

Otras palabras que se usan en presente son: “señala” y “sostiene”, pero en el noveno párrafo se utiliza igual palabra pero en pasado: “sostuvo”.

PORTADA

Fecha: 30 de abril

Este día EL TELÉGRAFO ofreció 32 páginas, sin embargo, en portada se anunció que eran 24: se falló por 6 páginas.

Estos aparentes detalles deben ser detectados a tiempo por los filtros de calidad, para evitar la falta de exactitud.

PORTADA

Fecha: 30 de abril

Título: “Gobierno crea un Comité de protección para los periodistas”, “María Emilia disfruta en Quito de sus logros en el Interclub de Mérida” y “Vacunación llega a menos del 50% en los adultos”, se tituló en presente, pero en pasado se puso: “La Cyclophonica interpretó a Ravel en la vía pública” y en futuro: “Cada peaje de Guayaquil a la Península costará $ 1”.

Resulta cansino insistir en que los tiempos verbales deben ser unificados, de preferencia ponerlos en presente. (O) 

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