El festejo en las zonas rurales tiene siempre un carácter ritual

La experiencia de asistir a una confirmación como madrina, en la parroquia Jadán

- 04 de enero de 2015 - 00:00
Vecinos y parientes participaron de la fiesta de confirmación en la parroquia Jadán donde las tradiciones aún se conservan en estas comunidades. Foto: Cortesía.

El festejo en las zonas rurales tiene siempre un carácter ritual

La sociedad no se estanca, con rarísimas excepciones tiene un desarrollo mucho más lento que aquellas tomadas como modelo; este es el caso de las ‘sociedades no contactadas’ por ejemplo, de las que mucho desconocemos. Por otro lado, sí deberíamos conocer, archivar, valorar, lo que aún existe y ese es un trabajo de todos, que, por supuesto, necesita de antropólogos e investigadores en el área.

Si hablamos de nuevas tecnologías, en Azuay, una provincia de migrantes, son una necesidad y un alivio. Atrás quedaron las cartas que se extraviaban y las costosas y escasas llamadas de larga distancia.

Por suerte, uno se encuentra con trabajos como este: El proyecto Videocartas Abiertas crea el Archivo de la Memoria Audiovisual de la Migración Ecuatoriana (Amame), un fondo videográfico que recoge cientos de horas de video-cartas, documentos audiovisuales que las familias ecuatorianas separadas por la distancia vienen creando e intercambiando desde hace más de 30 años. Esta iniciativa es recogida por el colectivo cuencano Ñukanchik People (Nuestra gente —en kichwa e inglés—), que compiló los videos en formato VHS/Beta que circulaban entre Azuay y el mundo ‘gringo’, con una carga emocional que el Skype pierde en su cotidianidad y que son, por supuesto, un conmovedor retrato de toda una época y contexto.

Tal como muestran esos videos, la ciudad de Cuenca todavía mantiene estrechas relaciones con el campo. Hoy les contaremos una experiencia que retrata lo que significa participar de una fiesta en Jadán, caserío Granda; no omitiremos que ir por la noche, a una hora de casa, por un camino pedregoso y mirar delante del auto correr a un pequeño venado libre, se vuelve toda una experiencia.

Confirmación de Gabriela y Tania Paulina en Jadán

Gabriela Jadán, de 19 años, me había pedido ser su madrina de confirmación en junio de 2014. Pasados los largos ensayos en la iglesia —con una formalidad vertical que ya nos es extraña—, se celebró la misa para confirmar a más de 100 creyentes de varias zonas del Azuay. El festejo en las zonas rurales tiene siempre un carácter ritual que a los citadinos nos cuesta entender, con eso de la libertad como un estado bastante solitario y desapegado.

Los parlantes estaban dispuestos de manera que toda la comunidad se diera por enterada de que ahí se celebra a lo grande. El DJ, micrófono en mano, anunciaba la llegada de los invitados; la casa de adobe tradicional tenía dispuesta una sala (recién hecha por el padre de mi ahijada, Manuel Cruz Jadán, albañil de profesión) bien decorada con globos, serpentinas y torta. En la sala: algunas invitadas con sus polleras, sombreros de paja toquilla y ponchos, y niños de blue jean o vestido de vuelos, parecían descansar con la mirada en el suelo, o los ojos cerrados y la cabeza baja hasta que se prendiera la fiesta. Gabriela y su hermana nos recibían con un vaso de chicha de jora. El inicio del programa locutado por el DJ (quien seguía un guion con los puntos como en cualquier otro acto formal) consistía en la entrada de las confirmadas con sus madrinas y sus padres, la gente se ponía de pie. Luego, vinieron las palabras de agradecimiento de la madre, Delia Margarita Jadán, y sin saber que me correspondía debí dar algunas palabras también.

El siguiente punto fue la entrega de regalos. En orden, las personas se acercaban a felicitar a las confirmadas y entregarles un presente. Luego se anunció por el altoparlante que era la hora de las fotos; todos los que deseaban se acercaban a posar con las 2 hermosas jóvenes vestidas de blanco gala. El baile se prendió después y todos, niños, jóvenes y personas de edad mayor, se pusieron de pie porque danzar no es un privilegio de nadie y ahí estábamos todos con la música popular y alguna que otra infiltrada. El fiestón seguiría de largo. Entre tanto, conversaba con los padres de Gabriela, preparaban el plato de la madrina en un fogón dentro de casa y mientras asaban los cuyes afuera (tarea que sabemos toma mucho tiempo). De entrada, un caldo de pollo para el frío con una gran presa, más chicha, seguido de un “mediano” (que de mediano no tiene sino el nombre) colosal, con cuy entero, mucho chancho a la barbosa, mote, arroz, llapingachos. Uno agradece que ellos hayan inventado el término huanllar que significa pedir para llevar y comer luego lo que no se avanza de tanto manjar.

La hospitalidad de estas personas, su manera de disfrutar un día especial, la preparación que conlleva (mes y pico de anticipación) y la misma celebración es una experiencia a la que todavía podemos acceder —y ojalá de la cual podamos aprender algo, como reenamorarse de la vida, mientras agradecemos tener una cultura maravillosa—.

Quedan por tratar otras formas de ver el mundo: carnaval, fiesta del santo patrono, huayro, el cinco, los artesanos, la curiquinga, escaramuzas, bautizos, leyendas, el chachi, las pendoneras, priostes, la mama huaca, la chicha, la importancia de los compadres, no vaya a ser que el silencio de la banda de pueblo o la ausencia de la chirimía nos dejé ignorantes y vacíos.

Jadán es una parroquia del cantón Gualaceo a 17 kilómetros de Cuenca. La mayoría de la población se dedica a la agricultura, aunque hay muchos que trabajan como albañiles en la capital de la provincia y los alrededores. Los índices de emigración son altos; esto ha provocado profundos cambios culturales y económicos en la zona; sin embargo, se mantienen aún muchas prácticas tradicionales incluyendo la devoción a San Pedro, al Señor de los Milagros y a San Andrés.

Como sucede en otras zonas rurales de la provincia, las labores artesanales han ido poco a poco desapareciendo, aunque aún se mantiene el recuerdo de los tejidos en telar de cintura y del trabajo en madera para elaborar arados, shilingos (monturas tradicionales), bateas y cucharas de palo.

LOS ANDES, DONDE SE ENCUENTRA TODA NUESTRA RIQUEZA

Empecemos el año con una mirada a nuestro campo, a las zonas rurales, cierto es que ha cambiado y que ya no se oye mucho esa palabra, que nos ponía los pelos de punta, la ‘aculturación’ (un monstruo que se comía nuestras tradiciones y nos dejaba siendo otros), porque de alguna manera, sin darnos cuenta, los cambios fueron violentos, a veces inevitables, pero también porque nuestra conciencia de los tesoros intangibles se volvió cómoda, perezosa e incluso nula. Los pocos estudios que se hicieron no tuvieron la difusión que hoy las Ciencias Sociales reclaman, cuando se los tacha de innecesarios con un discurso silencioso y letal. Cuando gran parte de la riqueza de nuestro país, de quiénes somos, se encuentra por ahí, en nuestros Andes, no podemos permitirnos el olvido.

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