Cerca de 3.000 internos se benefician del programa y otros podrían acceder a la educación superior.
El 44% de los presos del país recibió instrucción secundaria, el 41% educación primaria, el 4% es analfabeto y el 1% recibió enseñanza básica. Así lo refleja el censo realizado en el último semestre de este año por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos a más de 13.500 reos.
El bajo nivel de educación entre las personas privadas de su libertad respondería a que son producto de una estructura social que los discriminó, ya que “nacieron entre poblaciones muy pobres o donde existía mucha violencia y no pudieron tener acceso, como otros sectores, al sistema educativo”, afirmó Teodoro Barros, director nacional de Educación.
Frente a este panorama, el Ministerio de Educación incluyó en las políticas del Plan Decenal la erradicación del analfabetismo y fortalecimiento de la educación continua en personas adultas, por medio del proyecto “Voluntad”, que se desarrolla desde hace 5 años.
Con esto se busca garantizar el derecho al acceso a la educación, considerando a la alfabetización como un punto de partida en el marco de la educación inclusiva, especialmente de la población que está en las cárceles y que no tuvo la posibilidad de ir a una escuela o colegio, explicó Barros.
En este sentido, la cartera de Estado trabajó en los materiales educativos y programas básicos para jóvenes y adultos. “Es importante que no solo sepan leer y escribir, sino que terminen todo lo referente a educación básica y ojalá hasta el bachillerato”, manifestó Barros.
41% de la población carcelaria recibió educación primaria, de acuerdo a las cifras
Señaló también que el programa cuenta con las herramientas, la metodología y que se capacitó a los jóvenes para ,de esta forma, cubrir 34 centros de rehabilitación social.
Según Barros, los bachilleres del país están trabajando con la población analfabeta pura, que no está en situación de encierro. En el caso de las personas que se encuentran en dicha condición, son docentes y líderes los que impartirán la enseñanza.
Sin embargo, destacó que es importante que los jóvenes se acerquen a la realidad y se den cuenta de que hay personas que no corren con la misma suerte, “que vean que la realidad va más allá de las cuatro paredes” y tomen conciencia de los problemas sociales del medio.
Dentro de este sistema se debe cumplir un número de horas requerido por cada módulo, los mismos fueron elaborados en el país y se enfocan a derechos, abordan temas como nuestro trabajo, nuestra salud, ambiente y cultura.
Liliana Macías, líder de terapia educativa de los centros de rehabilitación social, señala que cerca de 3.000 internos se están beneficiando con este programa, y agrega que hay reos que pueden acceder a la educación superior.
“De hecho hay internos que lograron graduarse de psicólogos, abogados y licenciados en ciencias de la educación”, manifestó Macías.
Destacó que dentro del Centro de Rehabilitación Social se debe rescatar el talento humano, ya que hay varios que pueden cumplir la función de capacitadores y participar de esa forma en el programa. Otra de las características a resaltar es la creación de escuelas y colegios que existen en diferentes centros carcelarios, los mismos que son dependientes del Ministerio de Educación.
Este es el caso de “Antonio”, uno de los reos que participó como capacitador mientras duró su período de encarcelamiento.
Afirmó que fue una experiencia reconfortable poder impartir educación básica en el Centro de Rehabilitación. Social. “Los compañeros colaboraban y se esforzaban al máximo por aprender. Ninguno desertó”, sostuvo.
Asimismo, comentó que se encontraron diversas habilidades en distintos campos, como la oratoria, literatura, entre otros.
A decir de Macías, el proyecto Voluntad se basa en tres componentes: educación, cultura y deportes y recreación, ya que esos son los puntales que se necesitan en las cárceles del país.
4% de los internos que están en las cárceles es analfabeto, según el censo penitenciario
Educación, para poder tener acceso a lo formal o informal; cultura en lo referente al arte, literatura, pintura, oratoria, y para destacar talentos humanos. En el caso del deporte, como una forma de disminuir los índices de agresividad entre reos.
De igual forma, señaló que el trabajo es duro, porque ha debido acudir al sector privado para que realicen donaciones y los presos puedan contar con los implementos necesarios para estudiar. “He tocado las puertas de librerías, municipios, para poder llevar adelante la iniciativa”.
En ese sentido asegura que no existe un presupuesto específico, el trabajo se financia por autogestión, sin embargo, piden al Gobierno que asigne recursos económicos para ejecutar este y otros proyectos, para esto es necesario alrededor de un millón de dólares de forma permanente. “Las tareas educativas no solo deben ejecutarse sino también evaluarse para conocer los errores”, concluye Macías.
En Guayaquil, Carlos Ojeda Oquendo es un recluso que goza del beneficio de la prelibertad y en la Casa de Confianza, que está fuera de la Penitenciaría del Litoral, se la pasa entre libros de Derecho y códigos, al menos cuatro horas al día.
Este peruano, de 37 años, detenido desde el 19 de febrero de 2004 por tenencia de drogas y sentenciado a 8 años de reclusión, desea reinsertarse en la sociedad, por lo que dedica su tiempo al estudio.
Cursa el tercer ciclo (de 10) de Abogacía a distancia, en la Universidad Técnica Particular de Loja, y está muy cerca de convertirse en abogado.
Como él, son muchos los reclusos que tratan de superarse y se educan tras las rejas.