Currículo de Educación Básica se renueva
En el próximo periodo escolar, tanto en la Costa como en la Sierra, se instruirá sobre el modelo.
Para septiembre de este año en los planteles de la Sierra, y desde el 2011 en los de la Costa, se aplicará la actualización del currículo de Educación Básica o “mesocurrículo”, como lo denominó la viceministra de Educación Gloria Vidal.
Esto, según explicó Vidal, no constituye un nuevo modelo curricular ni implica que hubo un incremento o eliminación de materias, sino que se trataría del fortalecimiento del currículo actual.
Susana Araujo, directora Nacional de Currículo, indicó que a través de este fortalecimiento se busca que el maestro no base la educación solamente en el manejo de los contenidos, sino en el desarrollo de destrezas de los estudiantes.
La necesidad de una actualización nació luego de revisar las reformas elaboradas en 1996. Se lo hizo a través de una evaluación aplicada a una muestra de 183.116 maestros, directivos y supervisores de primero a décimo año de Educación General Básica.
Esta dejó como resultados falta de herramientas necesarias a los docentes para que la reforma sea aplicada en el aula y falta de claridad en la definición de destrezas: “esto llevó a los docentes a calificar solo los contenidos”, explicó Araujo.
El documento presentado por la Dirección Nacional de Currículo en junio de 2008, reflejó, además, una deficiente capacitación al personal docente y falta de material de apoyo en el currículo.
Además, influencia del mercado editorial, que hizo que los docentes confiaran más en los textos y no en sus criterios pedagógicos.
Según Soledad Mena, coordinadora Pedagógica del programa de Escuelas Lectoras de la Universidad Andina Simón Bolívar, uno de los problemas de la educación es la pérdida de autoestima en los docentes. “Es una cultura que tiene una inmensa fe en lo escrito, por eso el docente piensa que un texto sabe más que él y eso lo hace dudar de su capacidad”.
La actualización del currículo se relaciona con la implementación de objetivos educativos por área y por nivel, destrezas con criterios de desempeño para cada año de educación básica y bloque curricular, precisiones para la enseñanza y el aprendizaje así como indicadores de evaluación para cada área y año, indicó Araujo.
A decir de Mena, las reflexiones y los cambios en educación son válidos; pero, el reto está en cómo va a llegar la propuesta al aula, ya que es un proceso que toma tiempo: “un cambio curricular es una modificación de cultura mental pedagógica y de concepción del mundo que tiene el maestro”, enfatizó.
Milton Luna, coordinador Nacional del Contrato Social por la Educación, señaló que cualquier cambio debe ser socializado: “así tendríamos un documento más depurado y consensuado, de lo contrario se podrían crear resistencias en los actores”.
En ese sentido, la dirección de currículo, iniciará en abril un proceso de capacitación con el cual se llegará a más de 300 mil maestros que deberán cumplir un promedio de 90 horas por cada uno.
“Este proceso servirá para que los maestros puedan aplicar la actualización curricular de manera adecuada”, dijo Araujo.
Al respecto, Edwin Lucero, presidente de la Unión Nacional de Educadores de Carchi, opinó que existen inconformidades con el trabajo del ministerio: “no se ha realizado un consenso con los maestros que son quienes dictan las clases”, subrayó.
Asimismo, sostuvo, que el currículo que se aplicará, al igual que la Ley Orgánica de Educación, no responde a las necesidades del país. “Es una copia de lo que se intentó en Colombia y allá no funcionó, lo sabemos porque estamos en la frontera, entonces no se cómo se piensa hacer funcionar en el país”, advirtió.
En cuanto a los sistemas de evaluación, Lucero reconoce que los docentes carecen de una pedagogía adecuada para hacerlo, pero, opina, que esto se da porque las capacitaciones que reciben de la entidad rectora no están orientadas a ese fin.
Además, los textos elaborados por el Ministerio se basan más en contenido que en desarrollo de destrezas, añadió.
Según Mena, las fallas vienen de las dos partes: “el Ministerio evalúa al maestro sin tomar en cuenta su formación inicial”, porque no hay incidencia en los institutos pedagógicos.
Lo mismo ocurre con los docentes: “el maestro no sabe qué evalúa y tampoco sabe qué quiere enseñar”, opinó.
A decir de Luna, para que esto funcione, es necesario que se involucre a los maestros, quienes deben recibir una capacitación adecuada: “en la reforma del 96 no hubo un involucramiento de los profesores, si eso pasara nuevamente, la propuesta está destinada a no ser viable”, advirtió.
María Augusta Sandoval
msandoval@telegrafo.com.ec
Reportera Sociedad