Los miembros de la FEUE dictan talleres
Más de dos mil personas se benefician de los 26 talleres gratuitos dictados por la federación.
Enero 26 de 2009. La Federación de Estudiantes Universitarios de Guayaquil inició una protesta para presionar al Gobierno a fin de que, según ellos, se cumpla el mandato de la gratuidad de la educación superior. Los chicos -armados con banderas y pitos- marcharon para exigir 13 millones de dólares al Estado, para cancelar los sueldos del personal administrativo y docente.
Junio 15 del mismo año. Los chicos de la FEUE otra vez armados, pero con lápices y papeles, ya no marchan ni protestan. En un edificio de dos pisos y cuatro aulas comienzan a dictar cursos gratuitos de computación, idiomas, primeros auxilios y oratoria. En total son 26 asignaturas.
“Queremos cambiar la mentalidad de que el estudiante de la FEUE es solo aquel que tira piedras.
Dar un servicio a la comunidad”, asegura Juan Fernández, presidente del organismo estudiantil en la Universidad de Guayaquil.
Con esa intención, la FEUE amplió la cobertura de los cursos, que ya ofrecía desde hace tres años a los alumnos de la Universidad, para recibir a jóvenes y adultos de diversas edades.
Desde hace tres semanas, que iniciaron los cursos, se inscribieron 2 mil personas por aula. De ellos, el 30% corresponde a personas no vinculadas a la entidad.
El taller de computación básica, uno de los más solicitados, tiene 35 alumnos por clase. Existen tres horarios distintos, de lunes a domingo.
Daniel Llorente, graduado de la Facultad de Filosofía, con mención en Informática, es profesor de uno de los cursos matutinos. Al igual que los 26 maestros, que participan en los talleres, fue alumno de la Universidad y no cobra.
El 50% de los estudiantes en las clases de computación es adulto, entre 30 y 50 años de edad. Patricia Barragán, de 32 años, llegó a la FEUE por referencia de un familiar, “los cursos son bien prácticos y aquí sí se aprende de verdad porque el instructor sabe lo que es trabajar y estudiar a la vez”.
La estudiante cuenta que deseaba estudiar computación desde hace varios años, pero por falta de tiempo y dinero no lo pudo hacer. “Los horarios son cómodos y gratis. Así quién no se anima a estudiar”.
El trabajo comunitario de la federación también se trasladó a barrios populares. En la Nueva Prosperina, el estudiante de último año de Medicina, Gabriel Carriel, imparte cursos de primeros auxilios a moradores de la zona, tres veces por semana. Inés Palacios, de 23 años y alumna de tercero de enfermería, lo acompaña.
Viajan casi dos horas en bus desde la sede de la FEUE hasta la escuela particular Tyron Coronel, ubicada en un rincón de la Nueva Prosperina donde ni el transporte público se atreve a ingresar debido al mal estado de la calle.
Aquí, alrededor de 25 mujeres del barrio ponen atención a los estudiantes universitarios y aseguran que es la primera vez que un curso de enfermería se realiza en la zona.
La iniciativa fue lograda a través de Ana Pincay, alumna de la Facultad de Filosofía y habitante del barrio.
Ella propuso a Fernández, presidente del movimiento universitario, la creación de un taller donde mujeres de escasos recursos, como Kerly o Nuria, aprendan a poner inyecciones, tomar la presión, administrar sueros y hasta colocar yesos.
“Antes tenía miedo de las agujas, pero ahora los cursos me dieron ánimos para seguir estudiando”, dice Kerly, de 26 años. Mientras que Mariana cuenta que se inscribió en el taller debido a sus hijos, “la necesidad me hizo aprender, por cualquier emergencia. El otro día uno de mis niños se enfermó y no había quién le ponga una inyección”.
El viernes pasado, las estudiantes de Carriel se graduaron del primer módulo de enfermería. Para festejar realizaron una brigada médica en el plantel, donde les permitían tomar las clases.
Los pacientes fueron moradores de la zona, que gustosos aceptaron a que les evalúen los signos vitales o les apliquen inyecciones con vitaminas y hierro. Palacios cuenta que la intención es que un segundo módulo se inicie en las próximas semanas.
Karla Pesantes
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