Tomada de la edición impresa del 04 de julio del 2009

Apocalipsis

Tina Zerega
Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Casa Grande. Asesora educativa, investigadora social y docente universitaria.
kassiel01@yahoo.com


En el principio creó Dios la idea del formulario. Dijo que la institución estaba desordenada y las tinieblas estaban sobre la faz de la organización. Y el Espíritu de la burocracia se movía sobre la faz de las aguas.

En el principio usted pensó que era bueno. Era una manera de organizar, definir, sistematizar lo que usted hacía. ¿Qué tan complicado podía ser?

Y dijo Dios: Sea el formulario. Y el formulario llegó. Por mail, por fax, a través del conserje. Y usted pensó que era más largo de lo que imaginaba. Que podría haberse hecho en Word y no en Excel. Qué problema esto de llenar celdas. Y había partes ambiguas, incomprensibles, extrañas.

Pero Dios convoca a reunión y refuerza: el formulario era bueno. Y llamó a los tiempos después del formulario Día y a los tiempos anteriores Noche. ¿Cómo había sido posible educar, organizar, crear sin el formulario? ¿Cómo había sido posible educar, organizar, crear bien sin el formulario? Y muchos pensaron que el formulario era bueno. Usted prefirió entonces burlarse de él en voz baja, montarle alguna imagen de demonio en Photoshop.

Luego dijo Dios: Haya expansión del formulario y empezaron a llegar por hordas. De un organismo, de otro, de otro. Y llamó Dios a la expansión de los formularios mares. Y resultó que llenar formularios se convirtió en un trabajo paralelo. Y usted pensó que el formulario no era tan bueno.  Y seguía igual de ambiguo, incomprensible, extraño.

Y dijo Dios: Organicemos capacitaciones para llenar los formularios. Haya lumbreras que ayuden en su expansión y sirvan para iluminarnos en estos registros. Y se convocó a capacitadores, expertos, dioses de los formularios. Y además del tiempo dedicado a los formularios, usted dedicó tiempo a las capacitaciones sobre cómo llenar los formularios. Y fue así. Y Dios los bendijo, diciendo: fructificad y multiplicaos, y llenad con sistemas, y multiplíquense los registros  en la Tierra. Y usted decidió que eran tantos, que en realidad ya no importaba qué pusiera en ellos. Notó que casi nadie – gracias al cielo – tenía tiempo de leerlos. Usted inventó un poco. Salpicó palabras: “modelo”, “eficiencia”, “mercado laboral”, “educación integral”, “valores”. Y –también gracias al cielo – los dioses de los formularios los dejaban tranquilos, ya que sólo revisaban si las celdas estaban llenas. Incluso, sólo por estar completas, Dios los ubicaba en un buen lugar del ranking.  

Entonces dijo Dios: Hagamos al formulario a nuestra imagen y señoree en los hombres inteligentes, en las bestias, en los organismos, las instituciones,  en toda la Tierra. Y los bendijo Dios, y les dijo: llenad la Tierra, y sojuzgadla, y señoread a toda bestia del cielo, de la tierra. Y toda vida, neurona, idea buena les será para comer.

Y el Espíritu de la tecnocracia se movía sobre la faz de las aguas.  Y así fue.