Las raíces se expanden por toda la región
Los hijos de Fidel Castro, si quisieran, podrían obtener la nacionalidad española, dado que su abuelo era gallego
En La Habana, Cuba ya hay un nuevo “nombre de pila” que surgió desde que se aprobó la denominada Ley de Nietos: “La fábrica de españoles”. Y es que allí las raíces de la Madre Patria llegan hasta las altas esferas.
Los hijos de Fidel Castro, por ejemplo, si quisieran, podrían obtener la nacionalidad española, dado que su abuelo, el padre de Castro, era español, gallego para más señas. En la isla caribeña diplomáticos españoles calculan que pueden solicitar la nacionalidad 400.000 personas, más del 3% de los 11,3 millones de habitantes del territorio.
Aun así Pablo Barrios, el cónsul General de España en Cuba, descarta que con ese número de aplicantes, la normativa abra una posibilidad de un “éxodo” masivo en la isla. Para él la concesión de nacionalidad solo “permitirá facilidades” a los cubanos.
A pesar de sus comentarios, el primer cubano que recibió pasaporte español en La Habana, el cardiólogo Norberto Díaz, parte hoy a España donde tiene una “propuesta de trabajo” y “muchas amistades buenas”. Hasta aspira a casarse allí, de donde su abuelo paterno salió en 1916 y nunca pudo regresar.
Su solicitud fue la primera en llegar al Consulado de España en La Habana el 29 de diciembre y su pasaporte fue también el primero en llegar a manos del nuevo español el jueves. Según el cardiólogo, en su familia van a ser aún varios más los que se acojan a la ley. “Mis hermanos tienen los papeles hechos”, dice.
Otro país en el que se espera mucha actividad es Argentina que alberga a la comunidad española más numerosa fuera de las fronteras: 320.000 personas. La capital, Buenos Aires, es una de las ciudades con más descendientes de españoles en América Latina. El Consulado español ha recibido unas 50 mil solicitudes de entrevistas desde el 27 de diciembre, cuando abrieron inscripciones.
“El objetivo de la ley es reivindicar a aquellos proscritos de la Guerra Civil, darles un reconocimiento histórico por haberse jugado la vida por la democracia”, indica a El Telégrafo Carlos Fernández, responsable de Comunicaciones del PSOE en Buenos Aires.
Y aunque se teme que la ley también promueva una emigración masiva de jóvenes, Fernández se niega a considerarlo así. “Nadie toma una decisión de emigración por tener pasaporte europeo. No será un disparador”, afirma.
Pero Rubén Touceda, de 62 años y tercera generación de inmigrantes, sí cree que la búsqueda de la nacionalidad está motivada por una suma de factores, por un “mix de intereses”, como le llama. Su consejo para los que aún dudan sobre si deben iniciar o no el trámite es clave. “Hay que saber de dónde viene uno para saber adónde va”.
Él sabe. Su abuelo, José Ramón Touceda, llegó a Argentina a principios de siglo XX, desde de Los Vilares, una aldea de San Miguel de Valga, en Pontevedra, al sur de Galicia. Por eso explica que lo suyo “es una búsqueda afectiva, de reconocimiento”, pues él decidió no emigrar durante la feroz crisis de 2001.
Entonces, miríadas de sus compatriotas hicieron los bolsos y desembarcaron en España, en un camino inverso al de sus abuelos, casi un siglo después.
Los vecinos de los argentinos, es decir, los uruguayos, también provocarán el movimiento de los consulados. Según las previsiones, unas 100.000 personas se podrán aprovechar allí de este derecho. Y en México, donde aún no se ha cuantificado qué cantidad de españoles pudieron llegar a tierras mexicanas, se prevé que al menos haya más de 300.000.
Juan Cocco y agencias