Nietos de exiliados e inmigrantes de la Madre Patria recuperarán su nacionalidad con la Ley de Memoria.
España aguardó más de tres décadas para condenar, por primera vez, la fragmentación de su territorio que se hizo no a través de los límites, sino a través de sus ciudadanos. Si por Ecuador hay diseminados apellidos como Fernández, Sánchez o Bahamonde no es porque se trate de una mera raíz nacional. En realidad, si busca en un árbol genealógico, podría estar tratando con uno de los tantos familiares de exiliados en la época de la Guerra Civil y el Franquismo o simplemente de migrantes que, al revés de lo que sucedió en la época del “feriado bancario”, vieron en el país una oportunidad para vivir.
El Gobierno de España, a través de la Ley de Memoria Histórica, se ha propuesto que los nietos de esos exiliados e inmigrantes españoles puedan obtener la nacionalidad de su abuelo y por tanto un pasaporte europeo. Pero no solo ellos. También sus hijos menores de edad. España calcula que un millón de latinoamericanos podrán acceder a este derecho. Los cálculos no oficiales hablan de más de dos millones.
Y es que antes la fragmentación de la Madre Patria era también autorizada por leyes o simplemente por las jerarquías. Si se era mujer y se casaba con un criollo, perdía la nacionalidad. Si no estaba de acuerdo con la dictadura del “Generalísimo” y huía, perdía la nacionalidad. Si aceptaba trabajo de otro Gobierno y el Jefe de Estado español no lo autorizaba, perdía la nacionalidad. Ahora las normas dan un salto hacia atrás.
Uno de los redactores de la Ley, Daniel Fernández, diputado socialista en el Congreso español al hablar a El Telégrafo sobre el tema es conciso: “Los nietos de los españoles que fueron exiliados durante la guerra civil o la dictadura podrán obtener la nacionalidad española”. Sin rodeos. Según asegura Fernández, el Gobierno “llevaba tiempo pensando redactar una norma al respecto” y la Ley de Memoria Histórica “es perfecta para ello”.
Esta Ley, aprobada en 2007, pretende “otorgar justicia” a los que salieron perjudicados durante lo que Cristina Castro, ecuatoriana y nieta de exiliados, denomina como una “batalla fratricida e innecesaria”. Ahora, para ella, la tierra de sus abuelos, Ángel Pingarrón y Martha Benito González, empieza a reconocer que si “la historia se calla o se ignora es porque se la quiere olvidar y hasta repetir. Más vale frenarla y hacer justicia”.
Daniel Fernández, diputado del congreso español: “Es cuestión de justicia con los exiliados y los inmigrantes”
Para lograr lo que Cristina pide se ha habilitado un proceso de retiradas de símbolos franquistas y apertura de fosas para identificar a los muertos allí enterrados, entre otras cosas. Una de esas otras, es la asignación de la nacionalidad a los nietos de los inmigrantes de la guerra. Y ahí entran en escena personas de Latinoamérica como Cristina y su madre Aurora Pingarrón.
“Como nunca perdimos la identidad, ahora la recuperamos del todo con un papel que finalmente nos reconoce como españoles.
Igual siempre nos sentimos uno de ellos. La paella siempre se preparó en casa y la historia la sabemos de memoria”, dice Aurora, dominicana residente en Ecuador e hija de quienes se convirtieron en peregrinos a la fuerza.
Esto porque la época que comprende el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955, no fue para ellos una etapa cualquiera.
En julio, entre los días 17 y 18 hubo una sublevación contra el gobierno de la Segunda República y así se “inauguró” el proceso de Guerra Civil española y el posterior establecimiento del franquismo. La dictadura del conocido por la historia como el “Generalísimo”, pero al que Cristina denomina “el tonto Franco”, se sustentó en las fuerzas armadas vinculadas al alzamiento de 1936, el respaldo de la iglesia católica y la fidelidad de las oligarquías financieras españolas.
Todo esto hizo que Ángel Pingarrón y Martha Benito y millares de españoles huyeran de la Madre Patria. Allí el periplo de todos empezó y con ellos, la travesía de sus descendientes no ha frenado hasta hoy.
Por ejemplo, a Ángel lo mandaron primero a un campo de concentración en Burdeos y a su esposa junto con su hija mayor, Martha, a otro campo en Normandía. Solo lograron reencontrarse tras meses después y huyeron hasta Francia donde Eloïse nació.
Allí “mis padres - cuenta Aurora-, ante la persecución constante tomaron una decisión: dejar a sus dos niñas en manos de la abuela y huir en barco”.
La embarcación los llevó hasta República Dominicana, donde nació Aurora. El reencuentro completo de la familia no se dio sino hasta ocho años después y aún la peregrinación continuaría. Después viajaron a Italia y de vuelta al continente americano fueron hasta Venezuela y finalmente los Pingarrón se extendieron, “por cosas del amor”, hasta Ecuador.
Desde acá Cristina no ha frenado de ensalzar la “fortaleza de los abuelos”. Su búsqueda de la nacionalidad española, asegura, no tienen ningún espíritu de revancha, “sino de justicia”.
Fernández coincide con ella y dice que la sociedad “demandaba esta Ley” y es necesaria por “justicia histórica”. La oposición española, el Partido Popular, no apoyó su aprobación, por hacerla en el marco de la Memoria Histórica, aunque sí estaba de acuerdo con su finalidad.
Pero en realidad, la norma no solo busca ese sentido de equidad para quienes salieron de una España en tiempos de guerra y/o dictadura, La Ley se amplió y no será solo para los exiliados, sino para todos los nietos de los inmigrantes españoles, según se puede comprobar en la normativa desarrollada al respecto.
Por eso las expectativas de peticiones de nacionalidad se ampliaron y se dio un año de margen, que acabó el pasado diciembre, para que al cuerpo consular español se prepare.
Y la afluencia masiva no tardó en notarse en las embajadas españolas en Cuba, México y Argentina. Daniel Fernández dice que “se hicieron cálculos de cuántos ciudadanos podrían acogerse a la Ley durante su redacción” y asegura que “debe ser en torno a un millón”, añadiendo al respecto que “una cosa es que tengan derecho y otro que lo ejecuten”.
Ya específicamente en el orden nacional, según Sofía Ruiz, cónsul en Guayaquil, se cree que “unas 7.000 personas obtendrán este reconocimiento”. Hasta hoy, en Guayas, 50 personas ya han conseguido su nueva nacionalidad, la de su abuelo, la española. En Guayaquil, unas 400 personas podrán optar a este derecho y una vez obtenido, sus hijos menores de edad también podrán hacerlo, por lo que se estima que sean unas 1.000.
En el puerto principal los trámites no superan las 48 horas, si se cumplen los requisitos. Ruiz asegura que “el proceso está siendo ágil” y que se ha contratado más personal para que se ejecute lo más rápido posible. Las personas que tengan derecho a la nacionalidad española tienen dos años para exigir su derecho.
Pasado este tiempo, lo perderán. Ruiz insiste en que “ir lo antes posible facilitará el proceso para todos”.
Precisamente el consulado de España inició, el pasado jueves, una serie de conferencias para informar sobre quién tiene posibilidades de acogerse y “así evitar las confusión existente”.
Con esto, la visa para un sueño que canta Juan Luis Guerra, pudiera ser más fácil de conseguir. Aunque en este caso, sería para un sueño en crisis.
Igual, en épocas de desequilibrio financiero, hay quienes la quieren para viajar solo para que en su documento no diga plasmado “ecuatoriano”.
Las personas que tengan derecho a la nacionalidad española tienen dos años para exigirla.
Ese es el caso de Álvaro Cueva Casanova quien acepta, entre risas, que de español solo le queda “lo Casanova”. Y que es su madre quien le insiste en que obtenga la nacionalidad.
“Más por los hijos se hace esto, no por ir a vivir a otras tierras. Es que si ellos tienen una visa europea los tratan mejor. A los ecuatorianos nos tratan como cualquier cosa si se dan cuenta de que en el pasaporte dice nuestra verdadera nacionalidad”.
Quien también ve una motivación involucrada con su descendencia es Javier Viteri Marcet. Él es español, pero María Fernanda, Daniela y Amdrés (sus vástagos) han hecho tres intentos frustrados por heredar la nacionalidad de su padre. “Ahora -comenta- con la Ley de Memoria Histórica se les debería restituir su derecho, porque les corresponde”.
Y la correspondencia, añade no solo sería porque el padre trae la sangre española, sino porque ellos han cultivado esa identidad. No ven fútbol, a menos que juegue España. Los mariscos vienen bien, pero con la paella. A exposiciones de arte se asiste, con mayor frecuencia, si un par de castañuelas emiten su sonido y así.
Asumiendo que se ha preocupado por cultivar sus raíces hasta dice indignado: “¿cómo puede ser que a mis hijos no les den la nacionalidad y ahora allá hay un montón de indios (refiriéndose a los migrantes) que de repente se hicieron españoles y no saben nada ni de la historia”. Aunque a la par acepta que a sus hijos también les serviría para que cuando viajen “no los traten con desprecio por tener un pasaporte ecuatoriano”.
A otros el titular que les pongan en el documento no les importa mucho. Priorizan el recuerdo de los familiares perdidos.
Fátima Platón, perdió a su padre a los 10 años y con él su posibilidad de continuar cultivando su identidad española. Siempre le prometía llevarla a Valladolid, pero el sueño no se cumplió.
“De España sé todo, dolores y triunfos. Sé de Franco, de ETA y de los reyes. Para mi es la tierra de la nostalgia porque allá vivía mentalmente mi padre. Si obtengo la nacionalidad es para honrarlo y cumplir, solo con una visita, esa promesa de ilusión que teníamos juntos”, dice nostálgica Fátima.
Esa misma añoranza tienen Cristina y Aurora. Tanto la demuestran que el canal no lo cambian de TVE: Televisión Española.
Hay que volver, dicen. Pero a la par hay que quedarse en Ecuador. “No hay que sentir vergüenza de ningún país, si de todos tenemos algo”, acepta Cristina.
De allá, del territorio europeo, ella no tiene las facciones, pero afirma que sí el ansia de lucha y no dejarse doblegar “aunque se quede uno en la calle, como los abuelos”.
Y por ellos, añade, no va a negar que también tiene su dosis española. La que lleva incluso en un poema de Pedro Garfias (artista del exilio) con el que, cual herencia familiar, se identifica: “España que perdimos, no nos pierdas; guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta”.
Por Txema Santana & Mariuxi León