La recurrencia constante a las mismas fuentes periodísticas responde, en parte, al facilismo de los redactores.
César Cedeño es estudiante de Ciencias Políticas. Ahora cursa el quinto semestre y aspira a que su opinión sea tomada en cuenta por la sociedad. Para cumplir este objetivo, hace aproximadamente medio año visitó varios periódicos locales a fin de darse a conocer y poner su criterio a disposición de la prensa.
César no recibió respuesta alguna. Admite que, en parte, esto se dio porque aún no reúne suficiente perfil académico ni laboral, pero también cree que el periodismo, generalmente, usa las mismas fuentes para la confección de sus notas y se generan pocos espacios para gente nueva.
El juicio del estudiante coincide con una de las ponencias que se expusieron durante un vino filosófico, que se realizó en marzo de este año en la Universidad Casa Grande. El tema central de la actividad fue el periodismo y estudiosos como Mauro Cerbino, Héctor Chiriboga, Carlos Tutivén, Tina Zerega, entre otros, conversaron sobre aspectos como la libertad de expresión y autonomía de los medios con alumnos y maestros de la institución.
Uno de los asuntos discutidos fue la repetición mediática de las fuentes de opinión. Algunos de los ejemplos más claros de esta tendencia son León Roldós, para temas políticos; Walter Spurrier o Pablo Lucio Paredes, economía; Cecilia Ansaldo, crítica literaria; Carlos Tutivén, sociología…
Pese a que Fundamedios, entidad encargada del Observatorio de Medios del Ecuador, no posee datos concretos sobre cuáles son las fuentes más consultadas, la hipótesis se la puede sostener con un experimento en Internet.
Tanto Cerbino como Ricaurte coinciden en que estos problemas no se dan solo en Ecuador...
Al ingresar “León Roldós” en el buscador de la web de El Universo aparecen “aproximadamente” 1.210 resultados. En El Comercio 1.612. En El Telégrafo 124. “Pablo Lucio Paredes” arroja 643 resultados en El Universo; 288 en El Comercio; y 53 en El Telégrafo.
Para Mauro Cerbino, profesor e investigador de la Flacso, la tendencia a recurrir a las mismas fuentes se da desde que empezó el periodismo. Cerbino, quien admite ser uno de los más consultados cuando se trata de pandillas y sub- culturas urbanas, dice que “se establecen oleadas de especialistas que vienen requeridos constantemente y se los considera como voces autorizadas, legítimas para opinar sobre determinados temas”.
Según él, la autoridad de estos ‘opinólogos’ muchas veces es otorgada por los mismos medios. “Yo diría que también hay cierta pereza, un facilismo por parte de los reporteros”.
Para Arturo Torres, periodista y Jefe de Información de El Comercio, las fuentes son complementarias, no indispensables. “En rigor, la base de un buen periodismo es la suma de documentos, testimonios y trabajo de campo, es decir, la observación directa de un determinado hecho, cuando es posible. En general los periodistas reconstruimos algo que ya no existe, es virtual”, dice.
Cerbino considera que el frecuente uso de las mismas fuentes denota “la costumbre de no buscar otras voces” y añade que se debería diversificar las fuentes y nunca conformarse con entender solamente la superficie de los temas. Asimismo, aclara que no se puede precalificar un criterio.
Torres señala que es peligroso el uso de las mismas fuentes “porque son opiniones que ya se conocen de antemano, con posiciones definidas, lo cual nos pone frente a un escenario más complicado: el del sesgo periodístico solapado, oculto con la mascarada del opinador de siempre”.
César Ricaurte, quien preside Fundamedios, también ha notado recurrencias “automáticas” de ciertos personajes. Sin embargo, cree que esto se da sobre todo en temas no previstos. “Cuando hay más tiempo para tratar una cuestión sí se hace una búsqueda de otro tipo de expertos”.
Para el director de la entidad, que también es crítico de televisión, lo que generalmente se busca en los críticos es que tengan conocimientos y experiencia. “Generalmente también se escogen personas que se ha visto que funcionan en otros medios”.
Tanto Cerbino como Ricaurte coinciden en que estos problemas no se dan solo en Ecuador, sino que son un mal general del periodismo.
Y los efectos de este mal podrían enmarcarse en la teoría de la Espiral del silencio, donde la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann (1916), planteó que la opinión de las mayorías –influenciada por los medios masivos- tiene la capacidad de silenciar a quienes piensan distinto, pues los que se salen de la tendencia temen a la represión o el aislamiento.
Torres va más allá y sostiene que la recurrencia de ‘opinadores’ no solo que crean pocas (o quizá solo una) líneas de pensamiento, sino que “se agota la posibilidad de explorar la realidad con matices frescos, inesperados. Todo es lineal, distinto a la vida, donde el azar juega un rol, muchas veces, vital”.
(LM-OP)