Observatorios, una labor sin acogida
En Ecuador, se trata de iniciativas poco difundidas y consideradas por los medios.
La mayoría de medios de comunicación ecuatorianos y los observatorios de medios no desarrollaron una relación provechosa para ambas partes, según los análisis de comunicadores involucrados en diversas modalidades de observatorios. Aunque las experiencias de veedurías y vigilancia respecto de las empresas periodísticas, especialmente en lo relacionado con la calidad de sus mensajes, tienen más 15 años en este país, no existe aún un proceso de observación que se haya sostenido en el tiempo.
Las iniciativas emprendidas en el Ecuador son más bien casos aislados, provenientes en su mayoría de sectores sociales y universitarios, que orientaron la observación hacia coyunturas informativas, más que a una tarea de seguimiento cotidiana. Aunque los resultados de las mediciones y análisis fueron difundidos, no se concretó un trabajo conjunto entre los observatorios y los medios, que permita que las empresas informativas consideren los resultados de esta vigilancia y los apliquen.
Haciendo un poco de historia, encontramos que estos mecanismos de medición nacieron en los Estados Unidos y Gran Bretaña, en la década de los 50. Marco Villarroel, investigador de la comunicación y catedrático de la Universidad Central del Ecuador, señala que los observatorios surgieron como una respuesta desde la sociedad para contrarrestar la labor de los gabinetes de investigación de las agencias publicitarias, que se habían centrado en análisis comerciales y políticos.
En América Latina el auge de la observación mediática comenzó en los años 90 y puso énfasis en aspectos como propiedad de los medios, contenido de los mensajes, desarrollo de la industria publicitaria, relación medios-Iglesia, medios-Estado, la economía política de la comunicación y otros.
La diversidad de ámbitos a los que puede dedicarse un observatorio, también se evidencia en su origen. Estos organismos surgen desde el Estado, la ciudadanía, la empresa privada y los propios medios. Entre quienes estuvieron a cargo de este tipo de iniciativas en Ecuador prima el criterio de que los observatorios más eficientes provienen de organizaciones ciudadanas o académicas.
César Ricaurte, director de Fundamedios, entidad que monitorea medios audiovisuales principalmente, cree que los nacen desde la ciudadanía, “pueden ser una forma adecuada para vigilar a los medios, pero desde una perspectiva de involucramiento”. Paúl Mena, periodista y ex director del Observatorio y Centro de Monitoreo de Medios de Participación Ciudadana, concuerda con este criterio y manifiesta que estas entidades son capaces de establecer una conexión entre la sociedad y las empresas informativas, lo que lograría que los medios cumplan su rol de forma eficiente.
Sin embargo, quienes estuvieron al frente de estos mecanismos en el país consideran que por parte de los medios no existe un interés por conocer, difundir y aplicar las recomendaciones realizadas por los observatorios. Villarroel afirma que “a los medios no les interesa difundir los resultados de los monitoreos. La mayoría del tiempo ni siquiera consideran los informes que presentamos”, dice.
Para ilustrar sus palabras menciona la experiencia del observatorio de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador (Facso), que vigiló y analizó el manejo informativo de la conformación del gabinete del ex presidente Lucio Gutiérrez. Según él, quien estuvo al frente de esta tarea, se evidenció que existía un tratamiento racista, por parte de dos medios impresos, sobre el nombramiento de la ministra de Relaciones Exteriores, Nina Pacari. “Remitimos el informe a los periódicos, pero nunca nos dijeron nada ni se interesaron en conocer cómo llegamos a esas conclusiones”.
Ricaurte reflexiona sobre esta falta de interés de los medios por la observación. Para el comunicador, una parte de la responsabilidad recae en los propios observatorios, ya que considera que estos órganos no fueron capaces de generar un producto o un mecanismo de difusión de los resultados, que no solo llegue a los medios, sino a la sociedad.
La falta de una tradición de observación a los medios y de entidades que cumplan con esa labor de manera rigurosa es otra de las problemáticas que enfrenta la vigilancia mediática en el país. Para Mena, aunque existieron buenas iniciativas, aún no se logra consolidar un proyecto que funcione de manera sostenida, metodológica y que aglutine a los actores involucrados.
Menciona que algunas de estas propuestas gastaron energía en discusiones teóricas e ideológicas, sin llegar a definir metodologías concretas. “Otras han sido efectuadas sin un mayor conocimiento de cómo funcionan los medios de comunicación y el periodismo en el día a día”, señala. Ricaurte, en cambio, califica a la falta de financiamiento como uno de los inconvenientes que atentan contra su permanencia.
Uno de los aspectos que provocó la distancia entre medios y veedores tiene que ver con el enfoque que los propios observatorios imprimen a su trabajo. Los entrevistados coinciden en que, aunque los centros de medición deben desarrollar metodologías de trabajo rigurosas, que sustenten técnicamente sus resultados, no pueden convertirse en entes meramente fiscalizadores.
Al respecto, Mena cree que algunas iniciativas “han caído en ese error, en lugar de entender que deben trabajar de la mano con los medios y ciudadanos para lograr resultados que beneficien al cumplimiento de sus roles”.
En ese punto, Fernando Checa, director del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) y responsable del observatorio de medios de la Universidad de las Américas, expresa que una solución sería un análisis científico de la oferta mediática, que evidencie los aciertos y los errores de los mensajes que difunden los medios.
Diana Proaño
dproano@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito