En el medio varios programas incursionan en esta modalidad. No todos logran la sutileza e ironía inherentes a esta.
No es casual que dos de las obras más reconocidas de la literatura universal sean, en su trasfondo, sátiras políticas disfrazadas de cuentos infantiles. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, es una historia llena de alusiones satíricas a la ultraconservadora educación inglesa y a los problemas políticos de la época.
Lo mismo hizo Jonathan Swift con Gulliver y sus viajes, una crítica corrosiva a la moral decadente de su tiempo. ¡Mucho antes de que apareciera la televisión! Y si bien podría decirse que esos fueron moldes demasiado elevados para un medio tan inmediatista y (muchas veces) poco elaborado como la televisión, lo cierto es que el humor ácido de la sátira, las parodias, la ridiculización del discurso del poder, siempre tan solemne, es una de las cosas que más se agradecen en la programación televisiva.
En Argentina hizo época un ingenioso programa dirigido por Mario Pergolini llamado Caiga quien caiga (CQC, que sigue al aire, pero sin Pergolini y sin su humor corrosivo) donde no quedaba títere, perdón, político, con cabeza. Usando un equipo de investigadores periodísticos y con unos panelistas muy bien informados Pergolini y los suyos satirizaban al poder. Y los políticos les temían.
Era un humor elaborado, sutil e implacable con lo que hacían los políticos. Lo mismo llamaban a la Casa Rosada para preguntar por la inflación, que le ponían nariz de Pinocho (con efectos) al político que mentía en las entrevistas.
En la televisión nacional hay pocos programas como aquel de Pergolini. Pero hay algunos que tratan de afinar la sátira como plato fuerte en sus segmentos. Uno de ellos es Buenos Muchachos, sobre todo en esta “temporada de Revolución” (y de cambio de canal, al Uno, por censura a sus contenidos en Gamavisión, según denunciaron) que en las últimas ediciones ha cargado el peso en esta modalidad.
Incluso en las últimas ediciones han apostado a la sátira de coyuntura, con los candidatos presentes en el estudio, también a la coletilla política, o a una sección como El ‘proeshor’ donde se satirizaba, a ritmo de hip hop, la actualidad nacional, todo valiéndose de la chispa y el talento para improvisar de Francisco Pinoargoty, el presentador.
Otro programa que se agarra de la sátira, tratando de jugar con el doble sentido, es el segmento En corto, de Teleamazonas, un espacio nacido en la época de Lucio Gutiérrez (¿estábamos mejor, de verdad?) que busca la cara jocosa del absurdo político.
“No todas las propuestas tienen contenido. Son bien elaboradas en la forma. Pero de allí no pasan”
“Esta era una época de grandes escándalos políticos que comenzamos a registrar en las coberturas noticiosas”, recuerda Patty Oquendo, una de las reporteras más visibles de En corto y actual productora.
“Muchas veces se encontraban situaciones jocosas o personajes fuera de lo común que no cabían en el formato serio del noticiero. Fue ahí cuando se decidió reciclar ese material y crear el espacio de caricatura política llamada En corto”.
Cuenta Patty Oquendo que la documentación periodística es la herramienta primordial para la realización de ese segmento. “Tenemos que además de dominar la información cotidiana ir un poco más allá, tener elementos extra para, en el momento de la entrevista, no enfocarnos solamente en la coyuntura sino sacar esos detalles detrás del personaje que la gente no conoce”.
Según Miguel Guerra, director del programa No-ticias, creado hace 7 años y que se transmite por Ecuavisa, “mi interés es que mediante la caricatura hecha televisión el pueblo logre ver todas las costuras de los más poderosos del país”.
En No-ticias se montan voces sobre la imagen de políticos en ejercicio y mezclan la ironía la caricatura y la política. “No sé cómo se podría llamar a eso pero el resultado es el primer desinformativo del país”, dice Guerra.
Estos ejemplos son “los” ejemplos. ¿Por qué hay tan pocos espacios de sátira política bien logrados en la televisión ecuatoriana? Oquendo cree que no son pocos. Para ella son ejemplos No-ticias, Vivos, No te aburras, Ni Estiben ni Wuasho. “Pero la diferencia es que En corto es un espacio diario dentro de un noticiero”.
A pesar de su afirmación, algunos de los que menciona -como Vivos o Ni Estiben...- no podrían considerarse programas de sátira propiamente, pues se han quedado en la parodia, el sketch vernáculo y el chiste poco elaborado. Además, repiten hasta la saciedad esquemas conocidos.
Para Guerra, en cambio,“a partir de la gran audiencia que estos programas tienen, salen más propuestas, pero no todas tienen contenido, sino que son productos bien elaborados en la forma. Pero de allí no pasan”.
Tal vez tenga razón.
En Alicia en el país de las maravillas el juez da una sentencia antes del veredicto. “¡Pero qué idiotez es esta!”, reclama, airada, la cándida Alicia. Eso es sátira de la buena, humor ácido mezclado con un poco de absurdo y una crítica de trasfondo. No disfrazarse del candidato Álvaro Noboa y hablar con la voz aflautada como él. Mejor que él.