Tomada de la edición impresa del 05 de julio del 2009

El secuestro de la opinión pública

Rubén Montoya Vega
Magíster en Periodismo. Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas.


¿Tendrá el país dos fuentes (de medios) más archiconocidas que León Roldós y César Montúfar? Es posible que sí, pero los ejemplos tal vez ilustren lo repetitivas que son las voces consultadas en nuestra prensa y, por tanto, lo digeridos que ya están sus posiciones y discursos. Legítimos.

Los medios, en general, cuando tratan temas de esos que llaman “de actualidad” tienen una costumbre que en cierta forma los desnuda y delata: lo ¿analizan? a través de las opiniones de “expertos”.

El problema no es que los Montúfar y los Roldós sean consultados por su experiencia y conocimiento en ciertos temas (de hecho, en el caso de los nombrados, lo tienen en sus  campos): el problema es que muchos medios los han elevado a la categoría de jueces y sacerdotes, cuyos dictámenes son sentencia y ley, y cuyas opiniones son requeridas ¡a diario!, quizás porque son funcionales a las preconcebidas posturas de los medios. Allí ya no hay información: hay sesgo.

La tendencia no es nueva aunque ha llegado a su clímax en estos tiempos; tiempos en los que el presidente Rafael Correa y los medios se han declarado una lucha sin cuartel para desnudar sus respectivas falencias.

Desde el retorno a la democracia (1978) la agenda mediática ha sido previsible y los invitados que la sostenían también. El guión se ha mantenido: cuatro “analistas” políticos (solo por excepción alguno tiene un mínimo conocimiento de las reglas del análisis político, por un ejemplo) se turnan en los medios para diagnosticar el presente y el futuro del Gobierno. Del mismo modo, cuatro “analistas” económicos dictaminan el presente y el futuro de las finanzas locales y mundiales.

Desde entonces -y aún hoy-, cualquier buen relacionista público de sí mismo, con algún contacto en las alturas de los medios, se convierte de la noche a la mañana en “experto”. La experticia queda sellada si el analista ha pasado previamente por un cargo público. Así, ex ministros de la política y ex presidentes de congresos que fueron de pacotilla, se convierten en el súmmum de los análisis del área; y ex secretarios de economía, y ex cancilleres... Lo patético es que nadie les recuerda que cuando estuvieron donde estuvieron no hicieron (casi) nada de lo que recetan.

Rafael Correa ha modificado en algo las reglas: los medios por primera vez, y tibiamente, hablan de autocrítica (hablan) y han empezado en una lenta limpieza de su “base de datos”.

Pero tampoco es para tanto: la lista de “expertos” sigue siendo, en gran medida, la misma. De ese modo, ante la dictadura de la opinión sesgada de “los mismos de siempre”, cuyos argumentos ya no revelan otra cosa que no sea su oposición (o su adhesión, también) a algo, la opinión pública ha muerto. No tiene nada de pública y sí tiene mucho de privada: está en pocas manos, en las mismas voces, en escuálidas visiones. Ha sido secuestrada.

César Monge, conductor del programa estelar de noticias de CN3 -uno de los canales incautados al Grupo Isaías- sostuvo en esta semana que ya no es tan así: que el abanico de voces verdaderamente independientes se ha ido abriendo poco a poco. Quizás tenga razón, aunque sus expresiones ratifican que hace no mucho el secuestro era pan cotidiano.

Al día siguiente de su declaración, un televidente le reclamó por un tema puntual: dijo que su Foro Económico (uno de los espacios que forman parte del noticiario, en su emisión de los jueves) debía llamarse Foro de la Derecha, pues todos los panelistas invitados (Omar Maluk, Manuel Maldonado y Fidel Márquez) tienen la misma posición ideológica.

Monge, receptivo a la crítica, la expuso públicamente y al día siguiente invitó a Pablo Dávalos, un economista con posturas de izquierda que, lejos de lo previsible, aplaudió alguna medida del Gobierno, pero criticó duramente más de una.

¿Otros tiempos? Todavía no, pero gestos como el de Monge abren la posibilidad de entender que muchas voces “expertas” no lo son; que otras, siéndolo, están hiper gastadas. Y que, ante todo, la contextualización de la información no siempre pasa por la opinión de voces independientes. No, por ejemplo, cuando toda su experiencia se ha convertido en un pre-juicio que no enriquece en lo absoluto la comprensión de un tema. La opinión púbica es inmensa y rica. Reflejarla implica mostrar su diversidad. Implica aceptar que allá, afuera, hay un mundo plural, independiente, democrático; y gente que vive y estudia a fondo. Implica matar la exclusión y el prejuicio. Implica darle vida a las múltiples voces. De los otros.