El ecuatoriano rompió con la dinastía colombiana en el banquillo nacional. Agarró al equipo con cero puntos y ahora lo tiene en zona de clasificación al Mundial.
De paso rápido, como queriendo hacer un amague, pero no con el fin de llegar al área chica, sino de pasar inadvertido, Sixto Vizuete, técnico de la selección nacional del fútbol, aquel hombre cuyas raíces permanecen a la distancia aún enterradas en su natal Guaytacama, provincia del Cotopaxi, recorre por la mañana las calles de Quito, ciudad donde reside desde hace 30 años.
Camina por las afueras de la Universidad Central, entidad en la que luego de cuatro años de estudio adquirió el título de profesor de Cultura Física, en 1986. Desea confundirse entre la gente, mas el hecho de haberse posicionado en el banquillo tricolor hace dos años y conseguir que el combinado nacional acumule 20 unidades, luego de haberlo recibido en 0, impide que los transeúntes de la intersección Ulloa y Selva Alegre no se percaten pronto de su presencia.
Hijo de Alonso Vizuete, quien fuera Teniente Político de Guaytacama, y del que dijo haber heredado su don de mando, y de Manuela Toapanta, negociante de granos, de quien “absorbió” la gracia de la “humildad”, era el primero en llevar el balón para jugar en el recreo en la escuela donde estudió, la Santa Marianita de Jesús, en la que se destacó como volante de corte o de avanzada, pegado a cualquier raya, pues es ambidiestro de los pies.
Su pasión lo siguió al normal Indigenista San José y luego al colegio Vicente León, en los que alternó sus estudios con las prácticas en la selección de Cotopaxi, en la que alcanzara la primera medalla de fútbol para la provincia. Su equipo fue tercero -superado por Pichincha y Guayas-, en los V Juegos Nacionales desarrollados en Cuenca, en 1979.
Aquel menudo jugador ahora es una especie de “nuevo famoso”, al que paran en cada esquina tras el típico “una fotito ‘profe’, una firmita...”. Entonces en su intento por “camuflarse” irrumpe en el “Salón Pachito”, un restaurante tradicional del norte-centro de Quito, donde se realiza esta conversación.
Ante un vaso de jugo de tomatillo, un café bien cargado y un pan relleno de queso de desayuno, comienza a “soltar” cómo fueron sus inicios en la carrera de técnico y la forma en que vivió el cambio de trabajar 23 años en el colegio Alfonso Lazo Bermeo, a dedicarse a buscar la alineación ideal para que la selección mayor pueda clasificarse a su tercer Mundial consecutivo.
Acepta que antes de ganar el primer título para el país en un torneo profesional de balompié -la medalla de oro en los Juegos Panamericanos- era casi un desconocido para la prensa, mas no para el mundo futbolístico. Fue jugador del Deportivo Cotopaxi, equipo en el que luego de militar 6 años en segunda categoría consiguió ascender a primera.
También reconoce que vivió una encrucijada porque dejó el fútbol por el fútbol. ¿Cómo?, pues tuvo que hacer a un lado el sueño de debutar en la serie de privilegio, para dedicarse de lleno a sus estudios, ya que cursaba el tercer año de Cultura Física en la Universidad Central de Quito y ya no le daba el tiempo para viajar a Latacunga por las tardes, donde entrenaba con su club.
El ecuatoriano, que se atrevió a decir que Marcelo Bielsa no había logrado nada con su sistema 3-5-2, antes de derrotar 1-0 a los ‘araucanos’ y que también venció 2-0 a la selección del mismísimo Maradona, comparte cómo ha evolucionado su vida desde que llegó a dirigir al combinado de mayores.
Hace dos años pocos lo conocían y ahora hasta se le complica salir a caminar por las calles...
"Tras el 5-1 en Paraguay me nombran DT. En el avión no sabía dónde meterme cuando lo vi a Suárez"
Cuando estoy en su centro comercial por ejemplo, la gente quiere darme la mano, saludarme, me pide autógrafos, me quita el tiempo ¿no?. Eso no le gusta a mi esposa, por eso no salgo mucho. Hoy la vida ha derivado en eso, y uno tiene que adaptarse, pero la manera de ser, la forma de pensar de Sixto Vizuete no ha cambiado. Muchos confunden el término humildad con el dejarse mandar, pero yo tengo muy presente la diferencia, la humildad es un don, que muchos no tienen, se trata de la tranquilidad, de no marearse por cualquier éxito, el seguir siendo el mismo, eso es lo que tengo yo.
¿Cómo se dio su primer contacto con la dirección técnica?
Luego de graduarme de profesor de cultura física estudié en el Instituto para Entrenadores de Fútbol (en Quito). Ahí conocí al profesor Juan Carlos Iglesias, quien me llevó como su asistente técnico a la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE).
Lo subimos al profesionalismo, pero luego él tuvo que irse y yo me quedé como entrenador, así es que mi primer equipo como técnico fue la UTE, al que dirigí dos años en segunda categoría, luego pasé a las inferiores de la Espoli, de donde salieron Walter Calderón, Richard Reascos, Wilmer Zumba y Cristian Mora, once años estuve ahí, hasta que llegué a Concentración Deportiva de Pichincha (CDP) para elaborar un proyecto que hiciera campeón a esa provincia en los recientes Juegos del Oriente.
¿Cómo llega a convertirse en entrenador para los Juegos Panamericanos de 2007?
El doctor Amílcar Mantilla, quien me había llevado a CDP era miembro del directorio de la FEF y como no habían encontrado entrenador a tres meses de que se iniciaran los Panamericanos, pues me encargaron a mí a esa selección. Fui a ver a los chicos y a un mes de que se realizaran los Juegos me dieron el cargo.
El vencer a Brasil fue la clave para ganar esos Juegos, en un partido denominado por la prensa como un ‘mini-Maracanazo’. ¿Qué sintió al conseguirlo?
Nos sentíamos con seguridad porque se le venció a uno de los mejores equipos y allá. Si ya derrotamos a Brasil no nos gana nadie, les dije. Más que todo los chicos se animaron porque el público nos apoyaba, la gente nos aplaudía en ese estadio que es para 90.000 personas y donde habían unos 60.000 espectadores. ¿Cuándo los muchachos iban a jugar con tanto público? El hacerlo representó un envión anímico para que estuvieran convencidos de que iban a imponerse en los partidos posteriores.
¿Qué sintió al ganar el primer título profesional del balompié ecuatoriano?
Una emoción indescriptible. El oír cantar el Himno Nacional recibiendo la medalla de oro, sabiendo que era la primera, fue algo increíble. El doctor Mantilla que nos acompañó allá me decía: “¡Sixto no sabe lo que ha ganado, es el primer título internacional que logra el país!”. Desde el trabajo del utilero fue importante, el de todos, todos, todos. Fue una emoción tremenda, a nadie se le veía serio, todos llorábamos de alegría.
¿Qué significó ese título para usted?
Fue muy importante porque me catapultó a la selección mayor.
Luego de las emociones vividas en los Panamericanos quizá deseó darse un descanso. ¿Qué hace en su tiempo libre?
La verdad es que no, mi vida es el fútbol, si tengo un tiempito libre se lo dedico también. Voy a ver partidos, doy charlas (en institutos), o acudo a la inauguración (de escenarios deportivos). Pero, asimismo, también le hago un espacio al Señor, por eso asisto a misa todos los domingos al igual que al estadio.
¿De dónde nace el espíritu patriótico que profesa en sus discursos? ¿Lee algún tipo de libros en especial?
No, la verdad es que solo me gusta leer sobre las metodologías de técnicos como el portugués José Mourinho y los holandeses Guus Hiddink y Louis van Gaal, porque tienen una idea muy clara de lo que es este juego; son hombres que estudian el fútbol actual al igual que lo hago yo.
Mi sentido de patriotismo es algo innato. Para mí lo más importante es promulgar mi identidad, el ser ecuatoriano y principalmente de Guaytacama. Yo me siento orgulloso de haber nacido allá y si pudiera escoger volvería a nacer allí. Eso no me lo quita nadie, yo le quiero a mi tierra y eso es lo que le transmito a los jugadores y a la gente.
Siempre digo que a mi patria la defenderé como a mi madre.
Bueno, una cosa es ser técnico en unos Panamericanos, ¿pero cómo se da realmente su ingreso a la selección mayor?
En el momento en el que llegué de los Juegos Panamericanos me nombraron como técnico de la Sub 20 y director de las inferiores. Además, de premio ofrecieron llevarme a todos los partidos de eliminatorias que jugara la selección absoluta.
¿Cómo vivió el último 5-1 ante Paraguay que luego devino en la salida de Suárez?
En ese mismo momento, cuando se acabó el partido, él renunció ante los jugadores. Nos sacaron a todos del camerino, pues yo había sido invitado a estar en la banca de suplentes, solo quedaron el asistente, el preparador físico, él y los jugadores, entonces dijo que no iba más con la selección, luego fue la conferencia de prensa y también renunció ante los medios, pero antes nunca habló con la comisión de fútbol y eso lo vieron mal. Los dirigentes decían que primero tenía que haber hablado con ellos.
¿En qué momento le dicen que usted se quedaría a cargo de la selección?
“Cómo va a hacer eso, cuando faltan tres días para el partido ante Perú”, decían los dirigentes. Ventajosamente a ese partido fueron todos los de la comisión de fútbol de la Federación, se reunieron tres minutos, mientras yo a lo lejos escuchaba que decían “qué hacemos”. Entonces me regresaban a ver todos (risas); en ese momento yo ya sabía que me iban a escoger. A quién más. No le van a traer a un técnico extranjero o a uno nacional, fue ahí cuando me respondí a mí mismo: “me lo van a dar a mí”. Lo presentí .
¿Cómo lo experimentó?
(Suspira) Cuando el ingeniero Chiriboga me dice: “venga Sixto, venga. Ahora no me va a responder que no, no va a echar el pie para atrás. Usted es un hombre de retos y va a ser el técnico de la selección” me quedé sin habla porque yo me preguntaba: “qué hago, si yo pierdo contra Perú iba a ser el…”
Chivo expiatorio...
Claro, pero entonces yo dije cómo voy a decir que no, si yo tengo que ayudarlos, por eso acepté sin consultarle a nadie. Esa misma noche en el hotel me presentaron, les hablé a los jugadores y les pedí que me apoyaran, porque soy ecuatoriano.
“La gente que dice que Édison Méndez e Iván Hurtado
hacen las alineaciones
obra de mala fe”
Al regreso, en el avión, ¿se sintió incómodo quizá por cómo iba a ser la reacción del cuerpo técnico colombiano saliente con usted?
En ese avión, pucha que yo me sentía mal con ellos. No sé qué piensen, porque yo no he conversado desde ahí más con el profesor Suárez, a lo mejor creyó que yo ya iba con segunda intención. Antes del partido siempre andábamos los tres colombianos y yo juntos, pero después yo estaba solito. Me cogía un dirigente, me cogía el otro y me decían ven acá Sixto, puta..., y así. Como él ya había dejado de ser el técnico, el ingeniero me llamó y me dijo: “siéntate aquí adelante, porque tú ahora eres el técnico de la selección”.
En eso iban pasando los colombianos, pero como el puesto de ellos ya estaba ocupado por nosotros, se fueron para atrás, entonces yo me sentí mal, no sabía dónde meterme, o sea yo sentía tantas cosas…. por eso me acurruqué en la ventana y pensaba, pensaba, pensaba, qué es lo que voy a hacer y en el transcurso del vuelo planifiqué todo, llegué acá, escribí, ejecuté y me fue bien.
¿Cómo sintió su debut en el Atahualpa ante Perú, se imaginó ganar el partido de esa forma?
Sentí la mayor alegría del mundo porque yo desde niño asistía al Olímpico a ver jugar a la selección. Observaba a Maturana, que era muy calculador, después al ‘Bolillo’, que era extrovertido, salía a bailar y todo y a Suárez, que ni festejaba los goles, entonces yo pensaba, este es mi primer partido, en el mayor estadio del Ecuador, entonces yo como que…, chuta, decía: por fin este sueño se hizo realidad, tantos hubieran querido estar acá…, cómo salgo.
Y no, no me imaginé el 5-1, yo apostaba por un 1-0, a lo sumo un 2-1.
Y al final salió con una bandera...
Yo les había manifestado a los jugadores que debíamos salir adelante por nuestro país, que con orgullo teníamos que vestir la camiseta tricolor, despojándonos de intereses económicos, de todo y si yo pregonaba eso, también tenía que creérmelo, por eso en el transcurso de Parcayacu hasta el estadio le dije al utilero que me comprara una bandera para infundir ese patriotismo. Así salí por el túnel, y al escuchar el aplauso de la gente, mi sueño se cumplió.
Usted era interino, tras la victoria, ¿le incomodó que no lo hubieran ratificado como técnico y hayan ido a buscar al ‘Bolillo’?
No, era lógico que me faltaba más experiencia, pero conocimientos nunca, yo hice un masterado en Alemania en el Hertha de Berlín y en la selección germana vi jugar a Podolski, a Ballack... me he preparado y los resultados lo han demostrado. Yo ya había hablado antes con los dirigentes, ellos me habían dicho que iban a traer al ‘Bolillo’ y que yo me convertiría en su asistente, pero al final no vino y después de jugar en Querétaro ante México me nombraron técnico.
No fue fácil asumir el cargo, pues algunos como Méndez se retiraron de la selección alegando que a usted le faltaba experiencia
Sí, pero luego reflexionó y dio el primer paso. Yo leí en los diarios que él quería regresar a la selección y conversamos. Cómo no lo iba a recibir si es un gran jugador. Me ofreció disculpas y las acepté, porque él quizá emitió ese criterio sin pensarlo dos veces.
Ante el regreso de Méndez cierto sector de la prensa comenzó a decir que tanto Édison como Iván Hurtado le manejaban la selección y que hasta hacían las alineaciones...
Yo les diría que vayan y que vivan en el campo de juego, donde se entrena, donde se convive ¿no?, para que vean que la cosas no son así. Lógicamente que nosotros vivimos en un mundo democrático, donde todos pueden opinar, pero que lo hagan con mala intención, con mala fe, eso me duele mucho.
¿Usted siente que obran así?
Sí, porque las cosas que a veces sacan no son verdad, conjeturan. Yo de veras he logrado ser amigo de los 26 jugadores de la selección y ¿cómo lo he hecho?, dialogando. Si en la cancha se acerca Iván o cualquiera de los jugadores y me dice: “‘profe’ nos están llegando, haga algo”, yo respondo: “claro que nos están llegando, tengo que hacer un cambio de un volante de marca o poner otro”, pero por qué, porque hay esa comunicación, pero si no hubiera eso y los jugadores no dijeran nada, yo tuviera que resolverlo todo. Eso es lo que ven algunos periodistas, que se conversa, y piensan que Iván y Édison están haciendo las alineaciones, pero esta ‘maña’ no sé de dónde les sale. Si yo hiciera eso, sería un irrespeto para los otros 24, que no volverían a colaborarme más.
Vizuete abandona el restaurante, sin pagar, pues al intentar hacerlo el dueño del lugar se lo impide “cómo cree profesor, esto va por cuenta de la casa”. El cotopaxense agradece el gesto y se dirige al Instituto Tecnológico Superior de Fútbol, pues de vez en cuando sorprende a los alumnos con su presencia.
En esta ocasión se cuela en la materia de Inglés dictada por Nelson Lombeida. Al verlo, los aplausos de los alumnos invaden el lugar. Tras un breve discurso y de tomarse fotos con ‘todo el mundo’ se retira. “Parece que se tratara de la visita de Miss Universo”, dice una de las secretarias al ver el alboroto.
¿Se considera un estandarte para los entrenadores ecuatorianos?
La verdad es que sí, algunos medios han dicho que represento el renacer y la revalorización del técnico nacional y eso es un orgullo.