Sobre un glaciar del volcán está lo que científicos han llamado “un verdadero axis mundi”.
La semana pasada, una expedición de 20 personas, encabezada por Arturo Montero, arqueoastrónomo mexicano, alcanzó el punto más alto del mundo por el que pasa la línea equinoccial, ubicado sobre un glaciar del volcán Cayambe, a 4.740 metros sobre el nivel del mar.
La expedición, denominada “0°F / 0°C” (latitud cero grados Fahrenheit/cero grados Celsius) es el resultado de un proyecto concebido hace más de dos años por el ecuatoriano Cristóbal Cobo.
Durante las investigaciones emprendidas a través de su proyecto multidisciplinario denominado Quitsato, Cobo se dio cuenta de que la línea imaginaria en la que se unen los hemisferios norte y sur (el ecuador terrestre), atraviesa la cara sur del volcán, pasando por encima de algunas zonas nevadas, siendo el único lugar del mundo en el que ocurre tal fenómeno.
“El 23 de septiembre de 2007, junto a Pablo Boada, hicimos las primeras aproximaciones a este punto”, recuerda Cobo. Pero en aquella ocasión no lograron llegar más que hasta una cota del nevado, a 4.564 metros de altura, debido a las condiciones climáticas que obstaculizaban el camino hacia el este.
Casi dos años después, en mayo de 2009, Arturo Montero llegó al Ecuador como parte de una comisión de la Universidad Autónoma de México (UNAM), encargada de trabajar sobre el cerro Catequilla para entregar un informe al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.
“Cuando supe que había nieve sobre la línea equinoccial se me ocurrió pedirle a Cristóbal que subiéramos juntos”, explica Montero, quien desde ese momento se dedicó a estudiar al Cayambe, su historia y su medio ambiente, para luego preparar una expedición que coincidiera con la celebración del Primer Encuentro Internacional de Arqueoastronomía, que se llevaría a cabo en Quito, en septiembre.
Si se sigue la línea ecuatorial desde el Cayambe hacia el este, se llega hasta el Amazonas; se atraviesa toda la selva, para luego entrar al océano Atlántico.
4.740
metros sobre el nivel del mar es la altura máxima por la que pasa la línea ecuatorial
En África, la montaña más alta por la que pasa la línea mide apenas dos mil metros. Desde allí, baja de nuevo hacia el océano Índico, pasa por algunas islas menores, entra al Pacífico para llegar a Galápagos, otra vez, a dos mil metros, vuelve a caer a nivel del mar y empieza a subir en Ecuador, hasta que llega otra vez al Cayambe. “Es el lugar más alto en el mundo”, ratifica el científico mexicano.
Pero llegar hasta arriba no fue una tarea fácil. El ascenso debía seguir una cara no muy conocida del volcán, por la que casi nadie había transitado antes. Por esta razón, Montero reunió a un equipo de “los mejores montañistas de México”, coordinados por Jesús Montesa. Junto con ellos, llegaron al país, el 14 de septiembre: Lizette Roland, experta en navegación terrestre y cartografía; un fisiólogo, un técnico en urgencias médicas, un miembro de la Brigada de Rescate del Socorro Alpino de México y una estudiante de etnología.
El equipo se vio completado, en Quito, por Cristóbal Cobo y los guías Álvaro Tapia y Pablo Boada. Luego de una jornada de compra de insumos, se instalaron en la hacienda Guachalá.
El 18 de septiembre, la expedición llegó hasta el refugio Ruales, destino turístico ubicado en el volcán a 4.600 metros sobre el nivel del mar.
Al día siguiente comenzó la travesía. “La primera vez subimos todos a la primera lengua glaciar”, cuenta Lizette Roland, “marcamos la latitud 0, pero por desgracia las condiciones meteorológicas no nos permitieron tener buena visibilidad, ni seguir avanzando. La geología de la montaña nos hacía intuir que en la parte este había otro glaciar más alto y regresamos al día siguiente”.
El equipo que volvió era más pequeño. Subieron por el punto que habían marcado el día anterior, al que denominaron Arista Bicentenario, siguieron hasta un glaciar de 60 grados de inclinación, dieron la vuelta hacia el glaciar más grande del volcán, que lo rodea por toda la ladera sur, al que denominaron Ecuador, y marcaron allí el punto 0°F a 4.684 metros. Pero, debido a la poca visibilidad, se perdieron de un pico rocoso que estaba hacia el oeste.
Una antigua profecía andina reza que, un día, el águila del norte y el cóndor del sur volarán juntos. “El día en que se unan las lágrimas que broten de los corazones del águila y el cóndor, sanarán los espiritus, los cuerpos y las mentes de los primeros pueblos...”, dice la tradición.
El 22 de septiembre, la expedición mexico- ecuatoriana encontró el corazón del mundo; el punto al que llegaron juntos los hijos del país del águila real y los de la tierra del cóndor andino.
La Arista del Águila y el Cóndor, uno de los puntos más significativos registrados por la expedición 0°F / 0°C, se ubica a 4.670 metros y divide en dos lenguas a la masa de hielo proveniente de la cima. “Esta arista es excepcional porque es un parteaguas natural que divide el drenaje de la montaña”, explica Montero, “...es un verdadero axis mundi, pues una persona parada en este punto podrá decir que a su espalda tiene al hemisferio norte (la cumbre del Cayambe), a su frente el hemisferio sur, a su derecha los drenajes que fluyen al Pacífico (río Guachalá), y a su izquierda (río Napo) los que corresponden al Atlántico por el Amazonas”.
El domingo 27 de septiembre se realizó el último ascenso, ya que las observaciones realizadas entre los días 22 y 23 hacían pensar que había todavía un punto ecuatorial más alto que la Arista del Águila y el Cóndor. Jesús Montesa, Lizette Roland, Miguel López, Cristóbal Cobo, Pablo Boada y Marcelo Carrillo salieron a las cuatro de la mañana de la hacienda Guachalá y retomaron el camino del Cayambe. Llegaron hasta el Lago del Venado y la Gaviota, y desviaron la trayectoria hacia el oeste.
La expedición encontró el corazón del mundo; al que llegaron juntos los hijos del águila real y el cóndor andino
Entonces, a las diez y media, alcanzaron un glaciar ubicado a 4.740 metros sobre el nivel del mar; el lugar más alto del mundo por el que pasa la línea ecuatorial.
La arista aún es anónima, pues el equipo de Arturo Montero, en un gesto de buena voluntad hacia el Ecuador, quiere que sean sus habitantes quienes la bauticen.
Una vez alcanzado el objetivo, la misión mexicana ha tomado muestras de varios tipos, para realizar estudios de suelo, hídricos, meteorológicos y de geomagnetismo. Algunas de ellas ya se encuentran en laboratorios de la UNAM. Otras llegarán hasta la NASA.
Fuera de ello, la intención secreta de Montero es homenajear al Ecuador, que está celebrando su bicentenario, explica: “Si el país lleva ese nombre, encontrar el punto más alto en el mundo y demostrar que es el Ecuador, creo que dignifica mucho la identidad. Yo voy primero por el discurso simbólico, porque esta expedición, a pesar de ser mexicana, sin la presencia de ecuatorianos no se hubiera dado. Nos da mucho gusto, porque todos hemos oído del mito del encuentro del águila y el cóndor. En estos momentos tan complejos, el que la gente vea que aún hay sitios por descubrir, en donde en realidad se une el hemisferio norte con el hemisferio sur, es el mejor regalo que se puede hacer al país”.
Por eso quiere, para fin de año, proyectar sobre el paralelo 0° una larga línea de luces láser que dibujen la bandera del Ecuador.
Serían tres colores para decorar el cielo, en aquella noche invernal del próximo diciembre. Cuando los neoyorquinos concentrados en Times Square vuelvan a observar el rutinario descenso de su bola de cristal; unas cuantas horas después de que un grupo de circunspectos londinenses hayan escuchado impávidos las doce campanadas del Big Ben; en el minuto preciso en el que habrán de esfumarse para siempre los últimos despojos del año nefasto que auspició la muerte de Michael Jackson, los habitantes del Ecuador podrían olvidar las hogueras crematorias de sus muñecos de ilusiones perdidas y podrían alzar la vista al cielo, para ver el espectáculo de la línea tricolor proyectada sobre el paralelo cero, desde las nevadas alturas del volcán Cayambe.