Tomada de la edición impresa del 09 de febrero del 2010

FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo

Heidi Paliz.

Heidi Paliz: Galope hacia la alegría

Datos

Nació el 7 de febrero ("del siglo pasado", dice entre risas) en Munich, Alemania. Lleva 30 años de casada con Alfredo Paliz, con quien tiene una hija, Bastienne, que está colaborando en la Fundación. Llegó a Ecuador respondiendo a su vocación aventurera, cuando viajaba por todo el continente. 

En la Fundación se atiende a niños con problemas de lenguaje y comportamiento, retardo mental, esclerosis múltiple, poliomielitis, espina bífida, entre otros, mezclando la hipoterapia con otras terapias. El financiamiento de las actividades  se realiza con las clases de equitación.      

El trabajo constante y la labor de hormiga que ha desplegado Heidi ha significado la entrega, en comodato por 50 años, de un terreno de 5 hectáreas en el que una gestión con la embajada de Japón permitió conseguir el picadero. El apoyo de Bélgica, Alemania, Suiza y Holanda permitió  otras construcciones.

Naciones Unidas reconoció el trabajo de Heidi, especialmente por la técnica de terapia integral que desarrollara. "Yo inventé una metodología que une terapias convencionales y alternativas y Naciones Unidas me dio un aporte de 30 mil dólares al año para capacitar a otras personas.

Heidi no sólo ha colaborado en el desarrollo de la hipoterapia con personas naturales. Su tenacidad ha conseguido que miembros de los batallones de Cabellería del Ejército aprendan la terapia y que agentes de la Policía Nacional, afincados en Tambillo, también.

Trajo la hipoterapia al país y con esfuerzo y conciencia social ayuda a niños con discapacidades, utilizando los animales más nobles que conoce.

 
La pequeña veía a esos grandes caballos ir por las calles de su Munich natal. Esos caballos que algunos podrían definir como los que aparecen en varias postales del Oktoberfest: gigantes, con patas que solían tener dimensiones que a cualquiera le harían pensar dos veces   en acercarse. Pero la pequeña Heidi estaba encantada y no pensaba en el peligro al verlos, sino en la fascinación absoluta que la llevaba a dar sus primeros pasos y aproximarse a los animales, para abrazarse de sus grandes patas, ante el pavor de su madre. El animal la dejaba jugar sin problema, parecía percibir en ese acto de inocencia y sinceridad infantil un contacto que con el tiempo sería la base para una relación fructífera.  El animal, en el futuro y en otro punto geográfico, se le va a acercar y ella lo acariciará o le dará un beso, con un cariño que el caballo responderá con una calma que favorece al niño con problemas de visión que sonríe, sobre su lomo.

Ya no en Munich sino en Tumbaco, otra niña se acerca a una pequeña yegua. La pequeña no puede ver y va con cierto recelo, mientras la hacen tocar al animal (Pecas) y, poco a poco, se relaja.

Era 1987 cuando un accidente, que hoy es recuerdo y una marca en su espalda, se convirtió para Heidi en el arranque de una labor a favor de los que más lo necesitan. En la vía a Santo Domingo, un choque entre vehículos significó que un palo de dos centímetros de grosor atravesara  de izquierda a derecha... "Pasó rozando mi columna por unos milímetros. No me pasó nada y ese milagro me hizo pensar en que hay tanta gente que tiene discapacidades, que se lastiman la columna y no se hace nada por ellos", dice, en un español perfecto, en las instalaciones de la Fundación Amor y Energía (AMEN), que lleva adelante en 5 hectáreas en Tumbaco.

60 niños han pasado esa mañana por el picadero (el lugar donde se adiestra a los caballos) y ha sido realmente una jornada agotadora.

“Un día llegó mi esposo y vio a 50 niños. Se me acercó y me dijo que debía hacer una fundación y así empecé"

Heidi fue pionera en traer la hipoterapia al país. Ya era jinete, había aprendido a montar mientras estudiaba en Suiza y eso facilitó su trabajo con los caballos. En la hipoterapia el animal se vuelve base de la actividad rehabilitadora: sus movimientos tridimensionales se aprovechan para músculos y articulaciones, y ni hablar de las ventajas que esto provoca a nivel cognitivo en varios pacientes. Heidi descubrió el camino de la manera más sui géneris: "Un clarividente en Munich me dijo que lo que me había pasado fue por algo y que tenía que ver con niños y caballos. Tiempo después, en la canasta de rebajas de una librería, encontré un libro sobre caballos a 1 marco y ahí leí las dos únicas páginas que había sobre hipoterapia y cómo un hospital en Inglaterra la estaba estudiando y tenía todos los equipos para medir las respuestas de las terapias… las señales alfa y otras ondas". Gracias a la intervención de una amiga, pudo dar con el centro de equitación que trabajaba con el hospital inglés y viajó para aprender. Un curso inicial en Inglaterra de dos meses (y luego otros 60 días de aprendizaje en Alemania) significó la introducción a un mundo que, por ahora, se centra en la atención mensual gratuita a casi 400 niños.

Llegó a Ecuador en medio de un viaje que hacía por el continente ("desde Alaska a Tierra de Fuego", comenta) y en una de las playas del país conoció a Alfredo, quien sería su esposo.

1989 marca el inicio de la labor. Su casa fue el espacio en el que  recibía a niños, ya sea con autismo, parálisis cerebral, esclerosis múltiple, con ceguera o problemas de aprendizaje y realizaba las terapias con los dos caballos que tenía. "Un día llegó mi esposo y vio a 50 niños. Me dijo que debía hacer una fundación...", recuerda al recorrer los establos en los que reposan los caballos. ‘Piruetta’ es una de las yeguas que responde con su lengua las caricias que Heidi le prodiga. Se la ve muy adulta y, por lo general, los caballos viejos son sacrificados. ‘Piruetta’ tenía un problema en una de sus patas y lo más fácil hubiera sido eso, pero fue curada por la fundación y ahora pasa con mayor tranquilidad sus días. "Los caballos no son tratados como se merecen y eso que les debemos mucho”. Empezando, quizás, por el galope de la sanación.
Eduardo Varas
evaras@telegrafo.com.ec
Retratista

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