Un accidente, mientras jugaba en un río, inmovilizó su cuerpo, pero no su mente ni su espíritu. No descansa un día en su cruzada personal por generar respeto y solidaridad.
Heriberto se agacha sobre la taza de café cercana al monitor, la agarra e inclina despacio con su boca, y sorbe la reconfortante bebida. Sus manos no tienen la suficiente fuerza para sostenerla porque es cuadrapléjico y tiene un 94% de discapacidad. Pero su mente está al cien por cien y lo demuestra trazando el futuro con una línea digital bien definida: “Por ahora tenemos para implementar unos cuatro ‘cybers’ con Internet, atendidos por personas especiales”.
El compromiso es que las familias apoyen. No pagan local porque es en la casa de ellos mismos. “Si generan unos cien dólares mensuales, con esos fondos pondremos unos veinte o treinta en la ciudad”. Ya tiene el primero en Bastión Popular, un joven ciego de veinte años lo atenderá. Lo llaman por teléfono convencional y manipula el mando con destreza, en su silla de ruedas motorizada. Luego de concertar una cita de negocios habla con doña Margarita, su madre, atiende a otra madre de familia y después da instrucciones a uno de sus colaboradores; gira las ruedas en dirección a su preocupación mayúscula: “Hay varios niveles de discapacidad, por ejemplo, lesionados medulares. Eso es muy severo, personas que están imposibilitadas para salir de su casa. Les es difícil relacionarse hasta con sus vecinos y al acceder a Internet se ponen en contacto con el mundo”. Hacen amigos, conversan de sus dolencias... Hay parejas que se han conocido a través de este medio y han viajado para juntarse. Para ellos es una experiencia vital, pero también necesitan ayuda del Gobierno para subsidiar Internet, el servicio telefónico, la energía eléctrica... Para algunos es una necesidad el aire acondicionado”. “En fin -sentencia con una esperanzada sonrisa- hemos avanzado en nuestros derechos, pero aún falta”.
“Hay parejas (especiales) que se han conocido a través de Internet. Para ellos es una experiencia vital”
Heriberto no siempre estuvo en una silla de ruedas, recuerda el Bucay de su niñez cuando ir a la escuela “era como un safari”: tenía que cruzar el puente sobre el río Chimbo, después de asegurarse de que no viniera el tren, una quebrada y un cerro, porque su padre creía que la educación era mejor en aquella escuela del otro lado del área provinciana... Cómo olvidar los viajes en tren; la primera pelota de básquet que le regaló su padre y que lo introdujo en el deporte, pero sin descuidar su atención al estudio. Así, en la época de oro deportiva del Vicente Rocafuerte, estuvo en la selección de básquet hasta ese terrible 8 de abril de 1982.
Fue en el sitio Agua Blanca, cerca de Bucay, aproximadamente a las cuatro y media de la tarde. Se lanzó al río y una piedra cambió radicalmente su vida.
Consciente la mayor parte del tiempo, recién recibió asistencia hospitalaria a medianoche. Como si se tratara de una anécdota casual, alaba la atención que recibió en el hospital del IESS: “Excelente, pero ya no es lo mismo. Había mucho profesionalismo, pero también amor a los pacientes, muy importante”. Estuvo en EE.UU. y Cuba en rehabilitación y a su regreso, en el 2000, creó la fundación. El cuadro en su oficina nos ilustra mejor su misión y visión.
“Este centro de capacitación, POETA (Programa de oportunidades para el empleo a través de la tecnología en las Américas), fue posible gracias a los proyectos de desarrollo e inversión social financiados por: Microsoft -Potencial Ilimitado BID- Fondo Multilateral de inversiones, con el apoyo de Trust for the America y la Fundación Margarita Enderton”.
Después del accidente conoció la discriminación hacia las personas como él; muchas veces tuvo que abrirse paso con su madre a través de la intolerancia de guardianes, porteros; en el banco, en el comisariato, la carencia de rampas, la incomprensión...
Pero su actitud es clara, positiva, sonríe al ver a los usuarios de su cyber en la ciudadela Ferroviaria. Sus preocupaciones son tan, tan amplias, que van hasta el tema ecológico. Da, por ejemplo, servicio de reciclaje de material electrónico a las empresas. No para nunca. Siempre está trabajando... Lo llaman desde la puerta de su casa y acelera su silla, rauda, como sus sueños.