El voluntariado necesita un cambio de conciencia
El programa Quito Joven Voluntario busca ayudar a los sectores vulnerables de la sociedad.
Antecedentes
En el 2002 empezó a trabajar la fundación Sigvol, Servicio Ignaciano de Voluntariado.
En el 2006 nació el proyecto Quito Joven Voluntario con el apoyo de organizaciones como la ONU, el Municipio capitalino, el Conesup, y varias fundaciones y ONG’s de la ciudad.
Dar un poco de tiempo a los demás, pero no servir simplemente como un profesor ni hacer un acto de caridad, si no ser amigos de personas que en verdad lo necesitan, es lo que motivó a Álvaro Andrade, de 24 años, a participar en los grupos de voluntariado del proyecto Quito Joven Voluntario.
Al igual que él, 1.700 jóvenes entre lo 17 y lo 29 años, participan activamente en los tres proyectos que tiene el programa. El primero es el voluntariado intensivo, desarrollado en la época de vacaciones, con jóvenes de colegios y universidades, en la que se planifican actividades recreativas, dinámicas y campamentos vacacionales.
“La intención del programa es alejar a los niños de los hogares disfuncionales, donde hay maltrato, alcoholismo, drogadicción, o de barrios problemáticos, para que se desarrollen en otro ambiente, con más gente y con amigos”, dice Mariela Vizcaíno, coordinadora del departamento de Acogida y Capacitación del Servicio Ignaciano de Voluntariado (Sigvol), fundación que puso en marcha el proyecto.
Los programas continuos se desarrollan en tres lugares de la ciudad y estos son los Talleres Artísticos y promoción Socio-Cultural 24 de Mayo (trabajo con niños), terapia ocupacional ‘crear’ (adultos mayores) y acompañamiento en el hospital Carlos Andrade Marín (enfermos de cáncer). En este programa, los voluntarios pueden ir dos veces por semana, en horas de la tarde o de la mañana, o los fines de semana.
Los proyectos permanentes son programas de voluntariado a tiempo completo para jóvenes que no están estudiando ni trabajando y así encuentren en este servicio social una ocupación estable. Las actividades tienen una duración de seis meses a un año.
Para Julio César Benítez, director de la Fundación Sigvol y de Quito Joven Voluntario, la intención de este proyecto es cambiar la visión y la concepción tradicional del voluntariado en el país, comenzando por Quito.
“La visión tradicional responde más a un acto de beneficencia es un trabajo que implica mucha capacitación y profesionalismo. Queremos que los voluntarios estén capacitados, tengan un compromiso real y les sirva como experiencia de vida”, agregó Benítez.
Para esto, creen que es necesaria la creación de una ley del voluntariado. Violaine Amerigo, coordinadora del programa de Voluntarios de la Organización Naciones Unidas (ONU), explicó la importancia de crear esta ley en el país, ya que no hay ninguna figura legal que ampare y regule su existencia. “Alrededor de 500.000 personas voluntarias existen en el país y Ecuador es uno de los pocos países en Latinoamérica que no tiene una ley que fundamente su existencia, sus deberes y derechos”, comentó.
Los jóvenes voluntarios que se inscriben en el programa, conscientes de esta realidad, hacen su trabajo bien y aceptan al voluntariado como parte de su vida diaria.
“Los miércoles y los viernes, Juan nos enseña a realizar manualidades y cosas prácticas. Nos mantenemos ocupados y estamos acompañados. La soledad es muy dura”, dijo Raúl Camacho, de 78 años, quien participa desde hace un año y tres meses. El Municipio del Distrito Metropolitano de Quito patrocina este proyecto, en sus fundaciones y organizaciones como gobierno local.
El Consejo Nacional de Educación Superior (Conesup), colabora con la coordinación y promoción en las universidades e institutos superiores de la capital y el Voluntariado de las Naciones Unidas, como un organismo de Cooperación Internacional, cuya meta es fortalecer los proyectos sociales que lleven a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.Dar un poco de tiempo a los demás, pero no servir simplemente como un profesor ni hacer un acto de caridad, si no ser amigos de personas que en verdad lo necesitan, es lo que motivó a Álvaro Andrade, de 24 años, a participar en los grupos de voluntariado del proyecto Quito Joven Voluntario.
Al igual que él, 1.700 jóvenes entre lo 17 y lo 29 años, participan activamente en los tres proyectos que tiene el programa. El primero es el voluntariado intensivo, desarrollado en la época de vacaciones, con jóvenes de colegios y universidades, en la que se planifican actividades recreativas, dinámicas y campamentos vacacionales.
“La intención del programa es alejar a los niños de los hogares disfuncionales, donde hay maltrato, alcoholismo, drogadicción, o de barrios problemáticos, para que se desarrollen en otro ambiente, con más gente y con amigos”, dice Mariela Vizcaíno, coordinadora del departamento de Acogida y Capacitación del Servicio Ignaciano de Voluntariado (Sigvol), fundación que puso en marcha el proyecto.
Los programas continuos se desarrollan en tres lugares de la ciudad y estos son los Talleres Artísticos y promoción Socio-Cultural 24 de Mayo (trabajo con niños), terapia ocupacional ‘crear’ (adultos mayores) y acompañamiento en el hospital Carlos Andrade Marín (enfermos de cáncer). En este programa, los voluntarios pueden ir dos veces por semana, en horas de la tarde o de la mañana, o los fines de semana.
Los proyectos permanentes son programas de voluntariado a tiempo completo para jóvenes que no están estudiando ni trabajando y así encuentren en este servicio social una ocupación estable. Las actividades tienen una duración de seis meses a un año.
Para Julio César Benítez, director de la Fundación Sigvol y de Quito Joven Voluntario, la intención de este proyecto es cambiar la visión y la concepción tradicional del voluntariado en el país, comenzando por Quito.
“La visión tradicional responde más a un acto de beneficencia es un trabajo que implica mucha capacitación y profesionalismo. Queremos que los voluntarios estén capacitados, tengan un compromiso real y les sirva como experiencia de vida”, agregó Benítez.
Para esto, creen que es necesaria la creación de una ley del voluntariado. Violaine Amerigo, coordinadora del programa de Voluntarios de la Organización Naciones Unidas (ONU), explicó la importancia de crear esta ley en el país, ya que no hay ninguna figura legal que ampare y regule su existencia. “Alrededor de 500.000 personas voluntarias existen en el país y Ecuador es uno de los pocos países en Latinoamérica que no tiene una ley que fundamente su existencia, sus deberes y derechos”, comentó.
Los jóvenes voluntarios que se inscriben en el programa, conscientes de esta realidad, hacen su trabajo bien y aceptan al voluntariado como parte de su vida diaria.
“Los miércoles y los viernes, Juan nos enseña a realizar manualidades y cosas prácticas. Nos mantenemos ocupados y estamos acompañados. La soledad es muy dura”, dijo Raúl Camacho, de 78 años, quien participa desde hace un año y tres meses. El Municipio del Distrito Metropolitano de Quito patrocina este proyecto, en sus fundaciones y organizaciones como gobierno local.
El Consejo Nacional de Educación Superior (Conesup), colabora con la coordinación y promoción en las universidades e institutos superiores de la capital y el Voluntariado de las Naciones Unidas, como un organismo de Cooperación Internacional, cuya meta es fortalecer los proyectos sociales que lleven a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
¿Cómo participar en el programa?
Los jóvenes que deseen participar en el proyecto deben pasar por un proceso de inscripción, entrevistas, capacitación y adaptación en el centro que van a colaborar. “El contacto inicial por lo general es una llamada telefónica o un correo electrónico. Se fija una fecha para la entrevista, donde explicamos los programas y los horarios. Luego la capacitación técnica que toma más de un día de adaptación en el centro donde van a trabajar”, mencionó Norma Velasco, coordinadora de Comunicación del proyecto. Todos los jóvenes que ingresan al proyecto, a más de cumplir con su trabajo en los centros reciben un acompañamiento que permite ver cuánto sirvió en su crecimiento personal. “Cuando vives esta experiencia, los valores éticos, ciudadanos y humanos se quedan en tu forma de pensar y de actuar”, señaló Pedro Grijalva, de 25 años, quien participa en el programa desde mayo pasado. Para quienes deseen vincularse con los programas de voluntariado, pueden comunicarse al número telefónico 2501820, o escribir al correo electrónico voluntariado@sigvol.org o visitar sus oficinas ubicadas en la calle Vicente Aguirre 267 (Oe 2-25) entre Versalles y 10 de Agosto.
Camila Witt
cwitt@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito