La sordera de Correa
El Presidente Correa no escucha.
Esa es la principal acusación de las últimas semanas. Si dicha afirmación fuera pronunciada por políticos cuyas trayectorias son un manojo de virtudes, tal vez, la imputación provocaría alguna duda sobre la poca escucha del Presidente. Si dicha afirmación fuera formulada por periodistas que no tuvieran deudas de silencio con otros regímenes, tal vez, la recriminación provocaría alguna vacilación a la hora de evaluar la sordera del Presidente.
Pero cuando esa acusación viene de voceros gratuitos de la ideología del falso autoritarismo, ciertamente, que no vale pensar siquiera en ello. Pero hay que pensarlo porque de tanto repetir mentiras, algo queda.
De la acusación de que el Presidente no escucha se desgajan una serie de rumores que tienen, esos sí, escuchas atentos y lenguas prestas a repetir lo que perjudique a un gobierno que lucha contra toda la parafernalia expresada en las ideas sobre la política del deber ser.
Y resulta que hoy, muchos saben cómo gobernar bien y sin resentir a nadie. Y pueden administrar el Estado, las relaciones con los medios, las demandas sociales de todo tipo, las relaciones internacionales, y todo el largo trajín gubernamental sin topar el pasado porque en el pasado se halla el veneno.
Sí, el Presidente no escucha a quienes desean su silencio para olvidar el saqueo del país a través de un Estado privatizado.
El Presidente no escucha a los medios comprometidos con un ayer ‘perfecto’ que cocinó las leyes a gusto y paciencia de grupos con intereses ajenos al bien público.
El Presidente no escucha a los ‘neutros’, a los ‘independientes’, a esos que arman discursos funcionales al viejo poder y persisten en la ideología que agasaja las buenas maneras de la sociedad del olvido.