Soy partidario de la línea de TV Sur que postula una suerte de contrapoder frente al dominio mediático del capital multinacional, cuyo control del 98% de la oferta noticiosa mundial, le sirve para mal.contra.des.informar. Por ello, he expresado mi desacuerdo frente a la información sobre la invasión israelí a Gaza o el golpe de Estado de Honduras, en que, en nombre del “contraste de fuentes”, se ponía en pie de igualdad a los golpistas y Zelaya, a masacradores y masacrados.
Más allá de eventuales diferencias, considero que El Telégrafo es un periódico independiente y crítico. En gran medida ha ocupado el espacio que tuvo Hoy en las épocas de Febres Cordero y Bucaram y que, sin ser el de mayor tiraje, tenía gran peso político porque influía en quienes construyen la llamada “opinión pública”.
“La creatividad de lo público.social
quizá sea una de las vías al socialismo del siglo XXI…”
Al igual que en el
Hoy de antaño, la sección editorial juega un papel cardinal. En ella confluyen la crítica de la comunicación, de la degradación ambiental del capital, en particular del extractivismo, de la política imperial, de la civilización moderna (consumismo, automóviles...), del poder heterosexual, de las teorías de la modernidad y de la posmodernidad. La diversidad es también notable: amén del análisis de la coyuntura política, se elabora información científica en debate, cine y poesía, deliciosos imaginarios “trans” e incluso narrativa erótica.
En ocasiones, sus editoriales son textos artísticos, una suerte de “ensayo breve”. En la época de
Hoy, fui uno de los primeros en introducir imágenes literarias como modo de hacer crítica política. Esa línea se ha desarrollado. Más aún, si los hombres nos sentimos obligados a hablar en nombre de la verdad, la justicia, la teoría.... cualquiera de las categorías, o fetiches, de la objetividad; las editorialistas mujeres consiguen hablar desde la subjetividad sin perder rigor, transformar el pensamiento en vivencia, experiencia, drama, tragedia, alegría, cuerpo, eros.
Más allá de sus virtudes y muchos defectos, la posición política es su característica cardinal. Ni la agresiva oposición de la derecha ni el discurso acrítico del régimen. Por diversas razones, en un período en que el Gobierno se llevó a la mayoría del sector progresista (investigadores sociales, ONG, Izquierda Cristiana, socialismo),
El Telégrafo logró atraer a su sector crítico capaz de enjuiciar la política oficial desde sus propios postulados. No desde el ambientalismo o el marxismo (los habemos en esas trincheras) sino en el interior del “discurso ciudadano”.
La defensa de lo público es la garantía de esa posición. En la teoría socialista ha sido la concepción de los herederos de Rosa Luxemburgo y del Trosky de la derrota y del exilio, de los comunistas de
Il Manifesto, de los anarquistas, de todos los que postulamos el autogobierno de los trabajadores, la resurrección de la Comuna, los soviets, las milicias... Desde el pensamiento “ciudadano” es la promoción de la participación independiente de la sociedad, frente al Estado y los negocios privados, en la construcción de una auténtica democracia.
Hoy, la creatividad de lo público.social quizá sea una de las vías al socialismo del siglo XXI.