Empédocles de Agrigento fue un filósofo y político griego que, cuando fue desterrado, se dedicó a la búsqueda de la sabiduría. Su personalidad está envuelta en la leyenda, que lo hace aparecer como mago, profeta, autor de milagros y revelador de verdades ocultas y misterios escondidos; también fue un filósofo de envergadura entre los egipcios. Empédocles usó una clepsidra, para demostrar la presión del aire, también descubrió la fuerza centrífuga, el sexo de las plantas, que la luz de la Luna es el reflejo de la del Sol y que la Tierra es una esfera. Escribió los poemas De la Naturaleza y Las Purificaciones, inspirados en el misticismo de Orfeo, en los que, como Parménides, estableció la necesidad y perennidad del ser; su originalidad consiste en que concilia dicha necesidad con el devenir, con el transcurrir del Todo.
Empédocles postula la teoría de las cuatro raíces originarias, que Aristóteles llamó elementos, en la que junta el agua de Tales, el fuego de Heráclito, el aire de Anaxímenes y la tierra de Jenófanes, componentes de los distintos entes que existen en el Universo.
Para Empédocles, cada uno de ellos es imperecedero, pero al mezclarse entre sí dan lugar a la diversidad de los seres. Para él, estas raíces son inmutables y están sometidas a dos fuerzas: el Amor, que tiende a unir estos cuatro elementos, y el Odio, que actúa como separación de lo semejante. Cuando predomina el Amor, el Odio comienza a deshacer la armonía existente hasta lograr en el caos la disgregación más completa; de nuevo interviene el Amor para unir lo que el odio separó, y así, en cíclicas contiendas, estas fuerzas generan las manifestaciones del Universo.
Empédocles considera al hombre un microcosmos, una síntesis del macrocosmos compuesto por estos cuatro elementos, y cree que su salud depende del equilibrio armonioso entre los mismos. Es autor de la hipótesis de la evolución orgánica y su doctrina de la transformación de todos los seres dio pie a la teoría de la metempsicosis. Por esta ley, los seres expían sus delitos a través de una serie de reencarnaciones. Escribió: yo he sido ya, anteriormente, muchacho, muchacha, arbusto, pájaro y pez. Para él, sólo los hombres que logren purificarse podrán escapar por completo del círculo de los nacimientos y volver a morar entre los dioses.
También para Platón, el cosmos se compone de fuego, tierra, aire y agua, que están constituidos a partir de triángulos básicos, partículas geométricas sólidas, invisibles e indivisibles, pero que unidas en gran cantidad toman forma. Para Aristóteles, el éter es el elemento material que forma el mundo supralunar, mientras que el mundo sublunar está compuesto de tierra, agua, aire y fuego. En el Medioevo, el término éter, por ser el quinto elemento reconocido por Aristóteles, comenzó a ser llamado quinta essentia, de donde proviene la expresión quintaesencia. El término aparece tanto en la física aristotélica como en la antigua teoría electromagnética de finales del siglo XIX, hasta que Einstein la eliminó de la ciencia al formular la Teoría Particular de la Relatividad.