Tomada de la edición impresa del 09 de febrero del 2010

De medios y medias verdades

 
Apropósito de la situación de El Telégrafo, un periódico quiteño habla de los medios públicos y gubernamentales. Sin disimulo, manipula la información al afirmar que “Ecuador TV inició sus transmisiones en abril de 2008. Luego cubrió la Asamblea Constituyente y ahora retransmite los discursos presidenciales” [“Gobierno alista otro tabloide”, http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/ gobierno-prepara-nuevo-diario-de-corte- popular-388553.html]. No dice más sobre el canal Ecuador TV. Obviamente, quien redactó la nota no ha visto una hora, no se diga un día completo, de programación de un canal de televisión en el que, a más de los discursos presidenciales, se presenta una oferta de producción nacional e internacional que ha hecho que muchas personas, incluso no afines al actual Gobierno (y esto me consta), aprueben y alaben al canal Ecuador TV.

Pero eso no nos debería sorprender. Es la estrategia mediática para desprestigiar al régimen de todas las formas posibles, habidas y por haber, incluso más allá de cualquier criterio de integridad o racionalidad.

Sin embargo, la noticia habla también de la intención gubernamental de crear un medio impreso con “un contenido que interese a la población” (Id., Ibid.) y luego se detalla ese contenido: “se trata de un diario de 24 páginas a todo color, que contendrá, específicamente, noticias sobre deporte, farándula televisiva, cultura”. Entonces me viene un recuerdo más cercano: en la última semana, en mi lugar de trabajo, han estado desapareciendo las secciones de periódico en donde, precisamente, se abordan estos temas que interesan a la población: deporte, farándula televisiva, cultura… aunque no ha de ser precisamente por cultura…

Nacen varias preguntas. Mis colegas de página editorial, más enterados que yo desde el punto de vista teórico, de lo que es un medio público y lo que es un medio gubernamental, han dicho ya, de una u otra forma, cuáles son, o serían, las diferencias en esta clasificación.

“Es la estrategia mediática para desprestigiar al
actual régimen de todas las formas posibles…”

Lo que yo me pregunto es cuál será la intención o mejor dicho el objetivo que subyace en este proyecto. ¿Qué se trata de conseguir? ¿Consolidar un régimen que, más allá del natural desgaste, también ha cometido errores suficientes como para preocuparse y buscar maneras de sostenerse a partir de una comunicación que se exprese en “un contenido que le interese a la población”? ¿Y cómo sabemos qué le interesa a la población? ¿Encuestas? ¿Estudios de mercado? ¿Puro sentido común?

Nadie puede discutir que el entretenimiento es parte fundamental de la vida de las personas. Sin embargo, más allá de la distracción y el disfrute, aunque sin excluirlos, los medios, sobre todo los públicos, están llamados a favorecer en sus receptores procesos de conocimiento y reflexión, espacios de debate, posibilidades de ejercer una real libertad de expresión que rebase los intereses del mercado… 

Pero esta discusión viene desde antiguo, ya en el siglo XVIII el fabulista español Tomás de Iriarte decía, como colofón de uno de sus poemas: “Sepa quien para el público trabaja,/ que tal vez a la plebe culpa en vano;/ pues si en dándole paja, come paja, /siempre que la dan grano, come grano”.

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