El espejismo de la dolarización
Hugo Jácome
Catedrático de FLACSO
La noche del domingo 9 de enero de 2000 se impuso la dolarización en el Ecuador. Pretendió ser la estocada final de los acuciosos neoliberales, encabezados por el presidente democristiano Jamil Mahuad y su vicepresidente Gustavo Noboa. Para enraizar el neoliberalismo estuvieron dispuestos incluso a perder uno de los elementos fundamentales de soberanía económica: la política monetaria y cambiaria.
A finales de los 90, el país vivía un contexto de crisis económica, financiera, política y social generalizada, como resultado de las reformas neoliberales, entre ellas la liberalización del sistema financiero promovida por Alberto Dahik y Sixto Durán. Por su parte, Mahuad y Noboa salvaron a los banqueros y hundieron a los ecuatorianos con el congelamiento de los depósitos bancarios, con la eliminación del pago del impuesto a la renta (propuesta por Jaime Nebot) y con la emisión irresponsable y antitécnica de sucres.
“En medio de la conmoción nacional,
los neoliberales criollos
optaron por la dolarización”
En medio de la conmoción nacional, los neoliberales optaron por la dolarización de la economía. Para su aplicación se esgrimió un argumento absurdo, que se aproximaba un proceso de hiperinflación inminente; imposible en un contexto recesivo. Para completar este cuadro de redoblada irresponsabilidad, se fijó arbitrariamente en 25.000 sucres la cotización del dólar, cuando sólo un año antes la cotización era de 7.000 sucres por dólar. La dolarización exacerbó la crisis y aceleró la fuga incontenible de miles de compatriotas.
Después de diez años de adoptada esta medida, los problemas estructurales de la economía no se han resuelto, como prometían los abanderados de la dolarización. La pérdida de uno de los brazos de la política económica como la política monetaria y cambiaria pesa. La dolarización se sostuvo por factores exógenos y no por méritos propios. Recordemos el aporte de las remesas, de los crecientes precios del petróleo, de la bonanza para muchas exportaciones, del acceso a créditos externos baratos por parte de los agentes económicos privados. Además, la competitividad de la economía se protegió por la depreciación del dólar. En este contexto, dolarización y boboaperturismo crearon las condiciones para que crezcan vertiginosamente las importaciones provocando un creciente déficit de balanza comercial no petrolera. El crecimiento económico no fue satisfactorio. Fue notoria la incapacidad de la economía para generar puestos de trabajo. La inflación se tomó más de tres años para alcanzar el ansiado dígito y nunca se equiparó con la de los EE.UU. La dolarización tampoco provocó la anunciada caída de las tasas de interés. Finalmente, los altos niveles de pobreza y desigualdad se mantienen como una tarea pendiente tras diez años de dolarización.
Lo que si ha habido es un espejismo entorno a la dolarización. Los dolarizadores, aupados por la gran prensa, se encargaron de vincular el proceso de recuperación con la imposición de este sistema monetario, tanto como de vincular el caos vivido durante el periodo de crisis con la moneda nacional, el sucre. Es decir, en el imaginario colectivo se generó el espejismo de que la dolarización ha traído “estabilidad” económica.