Tomada de la edición impresa del 07 de noviembre del 2009

¿Persona non grata?

 
Si un sensato observador descifra cada uno de los elementos de los carteles que han provocado otra supuesta gran polémica tendría que hacer preguntas antes que respuestas para explicar este problema: ¿Por qué se toma el nombre de toda la ciudad un grupo de ciudadanos? ¿Son ellos los dueños de la urbe y, por tanto, desde ese sentido patriarcal y elitista imponen su verdad como la de todos sus vecinos (súbditos) y al resto del mundo? Y aunque así fuese, lo cual ya es un despropósito y una falta de ubicación en la época, no quedaría más que esperar para que ellos también decidan cómo vestir, qué comer, dónde divertirse, con quién salir, etc. Y claro que paguen una migaja a los pobres que utilizan para colocar los carteles, que no los afilien al seguro ni les garanticen sus derechos laborales.

“¿Son ellos los dueños de la urbe y,
 por eso, desde esa perspectiva patriarcal imponen su verdad?”


Lo más ridículo es la declaración de persona no grata. De acuerdo a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, artículo 9, un Estado puede “en cualquier momento, y sin tener que explicar su decisión” declarar a cualquier persona de un cuerpo o misión diplomática persona non grata. Así, es considerada inaceptable y enviada a su país de origen. Si no regresa, el Estado “puede rechazar reconocer a la persona en cuestión como miembro de la misión”. Si cierto sector de Guayaquil quiere convertirse en un microestado dentro del Ecuador por lo menos que asuma todas las responsabilidades de esa condición, pero si no hay intenciones de separatismo y solo se trata de una opinión de un grupo de ciudadanos, con todos sus derechos y responsabilidades, debería explicarle al resto del país y más a sus vecinos qué desean hacer con el Presidente de la República que fue elegido con la mayoría de los votos dentro de la ciudad de Guayaquil y de la provincia del Guayas. ¿No será para prepararnos en la campaña por la revocatoria del mandato que quiere liderar un ex periodista?

De hoy en adelante debemos tener cuidado quienes, dentro y fuera de Guayaquil, hacemos opinión porque podemos ser desterrados de esta ciudad, necesitar visa para entrar y hasta permiso para compartir con amigos y parientes que la habitan porque aman su historia y no precisamente a sus élites. ¿Qué dirán en adelante de quienes cuestionan los servicios públicos, la pobreza y hasta la corrupción de esta ciudad? ¿Los artistas y gestores culturales que han criticado la visión empresarial de la urbe serán desterrados y confinados? ¿Qué dirán de aquellas personas que por besarse o amarse en el Malecón han sido expulsadas de sus predios?

Lo que revelan los carteles y la actitud de la llamada Nueva Junta Cívica de Guayaquil es su condición de intolerancia e irrespeto al que piensa diferente. Eso no quita mi rechazo a su detención, pues aparte de que con ello se los convirtió en víctimas, ahora sustentan una supuesta persecución política con base a un exabrupto de un comisario. Quienes persiguen ahora usan hasta los mismos términos políticos de la izquierda para asumirse como víctimas y hasta quizá elaboren su ‘informe de la verdad’ para provocar la mayor aberración política.   

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