“Obama mintió a...”
Werner Vásquez Von Schoettler
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Esta es la sentencia del presidente Evo Morales. Y tiene sus razones. Después de más de diez meses de graves tensiones con EE.UU., Obama, en la Cumbre de Trinidad y Tobago, afirmó que no hay socios mayores o menores. Unas semanas antes, el secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio, Thomas Shannon, viajó a La Paz, Bolivia, para restablecer reuniones técnicas. El canciller boliviano, David Choquehuanca, exteriorizaba el deseo de relanzar las relaciones entre las dos naciones; y, en un comunicado, la Embajada estadounidense manifestó que el Gobierno de Obama respondía “a la solicitud del Gobierno de Bolivia para reanudar el diálogo sobre la relación bilateral entre ambos países “(Erbol). Claro acto de buena voluntad era levantar el veto a las preferencias arancelarias (Atpdea) contra Bolivia: “Esperamos que la administración de Obama pueda hacer justicia y levantar el veto”, dijo Choquehuanca. Más aún, el 2 de mayo la Secretaria de Estado de EE.UU. afirmaba que: “El Gobierno anterior (Bush) trató de aislarlos (refiriéndose a Venezuela y Bolivia), trató de convertirlos en parias internacionales. No funcionó”, y fue enfática al decir que EE.UU está compitiendo por la atención de los países latinoamericanos.
Con tanta proclama por un respeto mutuo; por la no intervención; por el respeto a la autodeterminación de cada país, resulta que esas declaraciones de los representantes de EE.UU. quedaron en el aire, o mejor dicho, se repite la historia. El 1 de junio el Gobierno de Obama comunicó su decisión de cancelar las preferencias arancelarias. El presidente Evo Morales declaró: “En EE.UU. ha cambiado la fisonomía de los gobernantes, pero no han cambiado las políticas del imperio y cuando (Barack Obama) nos decía en Trinidad y Tobago que no hay socios mayores ni menores, el presidente Obama mintió a Latinoamérica”. La decisión de Obama parece en respuesta por la decisión soberana de Bolivia de abandonar el Ciadi. Es claro que las aspiraciones latinoamericanas de que un presidente negro en EE.UU. mejoraría las relaciones están erradas; o que un presidente negro significaría una nueva era. Queda demostrado que la política estadounidense pasa por la ‘epidermis’ de los intereses de las transnacionales asentadas en el hemisferio y su búsqueda de preservar los favores y beneficios políticos que se han expresado en ingentes y exportables ganancias de los países pobres a los ricos.
Este nuevo episodio es necesario reflexionarlo a fondo en el contexto de los nuevos acontecimientos políticos de la región. El ascenso del empresario Ricardo Martinelli como presidente de Panamá que promete avanzar en los “ideales de una economía libre”; el golpe de Estado contra Zelaya en Honduras y el nombramiento del empresario Roberto Micheletti que declara tener una “profunda convicción democrática” para lo cual ha suspendido todas las garantías individuales (?) EE.UU. ha dado una respuesta tibia al golpe de Estado, calculando cómo sacar provecho para evitar el avance de nuevos gobiernos de izquierda.
Nuevamente Centroamérica como ariete de la reacción imperial en el hemisferio.